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Comunión con Dios

En el umbral de la unidad espiritual

Neale Donald Walsch

 

Prólogo

Dios ha hablado contigo de diferentes maneras a lo largo de muchos años, pero en raras ocasiones de forma tan directa como ahora.

En esta ocasión Te habla con Tu propia voz, yeso sólo ha ocurrido en contadas ocasiones en el curso de tu historia.

Pocas personas han tenido el valor de escucharme de esta manera, como si se escucharan ellas mismas. Y menos aún les han comunicado a otras lo que han escuchado. Los pocos que han escuchado y comunica­do lo que escucharon, han cambiado el mundo.

Esopo, Confucio, Lao-tsé, Buda, Mahoma, Moisés y Jesús han sido algunos.

También Chuang Tsé, Aristóteles, Huan-po, Sahara, Mahavira y Krishnamurti.

Asimismo, Paramahansa Y ogananda, Ramana Maharshi; Kabir, Ralph Waldo Emerson, Thich Nhat Hanh, el Dalai Lama y Elizabeth Clinton.

    Así como, Sri Aurobindo, la Madre Teresa, Meher Baba, Mahatma Gandhi, Kahlil Gibran, Baha' Allah, Ernest Holmes y Sai Baba.

Además, Juana de Arco, Francisco de Asís, Joseph Smith y muchos otros no mencionados aquí. La lista podría continuar. Sin embargo, en comparación con el total de las personas que han habitado en tu plane­ta, su número es muy reducido.

Estos pocos han sido mis mensajeros: todos ofrecieron la Verdad que había en su corazón lo mejor que pudieron, con tanta pureza como les fue posible. Y aunque todos lo hicieron a través de filtros imperfectos, es indudable que llevaron a tu conciencia una sabiduría extraordinaria que ha beneficiado a toda la especie humana.

Lo asombroso es lo parecido de sus percepciones. Planteadas en mo­mentos y lugares muy diferentes, separadas por innumerables siglos, es como si hablaran al mismo tiempo: así de pequeñas son sus diferencias y así de enormes sus elementos comunes.

Ahora es el momento de ampliar esta lista para incluir a mis más re­cientes mensajeros: los que viven actualmente.

Hablaremos con una sola voz o callaremos.

Tú tomarás esa decisión, como siempre, pues en cada Momento del Ahora has tomado tu decisión y la has expresado con la acción.

En el comienzo, tus pensamientos son míos y los míos son tuyos.

Pues en el comienzo no puede ser de otra manera. Sólo existe una Fuen­te de Lo que Es y la Fuente es Lo que Es.

Todas las cosas emanan de esa Fuente, luego penetran a la totalidad del Ser y se revelan como una individualidad del Todo.

Las interpretaciones individuales del único mensaje que existe pro­ducen el milagro de la Unidad en muchas formas.

Esta Unidad con muchas formas es lo que tú llamas Vida.

La Vida es una interpretación de Dios. En otras palabras, es Dios tra­ducido a muchas formas.

El primer nivel de traducción es de lo no físico unificado a lo no físico individualizado.

El segundo nivel de traducción es de lo no físico individualizado a lo físico individualizado.

El tercer nivel de traducción es de lo físico individualizado a lo físico     unificado.

El cuarto nivel de traducción es de lo físico unificado a lo no físico unificado.

Así se completa el ciclo de la Vida.

El proceso continuo de la traducción de Dios produce una variedad interminable dentro de la unidad de Dios. Esta diversidad dentro de la unidad es lo que he llamado "individualización". Es la expresión indivi­dual de lo que no está separado pero que puede expresarse individual­mente.

El propósito de la expresión individual es que yo me experimente como un todo, a través de la experiencia de mis partes. Y, aunque el todo es mayor que la suma de las partes, sólo puedo experimentado cuando co­nozco la suma.

Yeso es lo que eres. Eres la Suma de Dios.

 Ya te lo he repetido muchas veces, y muchos lo han escuchado como la expresión hijo de Dios. También es correcto. Ustedes son los hijos y las hijas de Dios. No importa qué etiquetas o nombres uses, todo con­duce a lo mismo: eres la Suma de Dios.

También lo es todo lo que te rodea. Todo lo que ves y lo que no ves. Todo lo que Es, Todo lo que Fue y Todo lo que Será, soy Yo. Y todo lo que soy, lo soy en este momento.

Soy lo que Soy, como te he dicho muchas veces.

 No hay nada que yo haya sido, que haya dejado de ser. Y no hay nada que yo llegue a ser que no sea ahora. No puedo llegar a ser algo que no sea en este momento, ni puedo dejar de ser aquello que alguna vez fui.

Así fue en el principio, así es ahora y siempre lo será, un mundo infi­nito. Amén.

Ahora me acerco a ti, en este día y a esta hora, en el comienzo de otro milenio, para que puedas comenzar otros mil años de una forma nueva: conociéndome al fin, eligiéndome primero y siendo Yo siempre, de to­das las maneras.

El momento que he elegido no es equivocado. Comencé estas nuevas revelaciones a principios de la década pasada, continué mis conversacio­nes contigo durante los últimos años del siglo, y en los últimos momentos del pasado milenio te recordé cómo entablar una amistad conmigo.

Ahora, en el primer año del nuevo milenio, te hablo con una sola voz, para que así podamos experimentar la comunión.

De elegir esta experiencia de comunión con Dios, finalmente cono­cerás la paz, la alegría sin límites, la plena expresión del amor y la liber­tad total.

De elegir la verdad, cambiarás tu mundo.

De elegir esta realidad, la crearás y finalmente experimentarás Quién Eres Realmente.

Será lo más difícil que hayas hecho jamás y lo más fácil que llegarás a hacer.

Será lo más difícil que hayas hecho nunca porque tendrás que negar quién crees que eres y dejar de negarme a Mí. Será lo más fácil que ha­yas hecho jamás, porque no tendrás que hacer nada.

Tu única función es ser y todo lo que debes ser soy Yo.

Incluso esto no será un acto de voluntad, sino un simple reconoci­miento. No requerirá de una acción, sino de una aceptación.

He estado buscando esta aceptación desde siempre. Cuando Me aceptas, Me permites entrar en tu vida. Aceptas que tú y Yo somos U no. Éste es tu boleto para el Cielo. Dice: Entrada para uno.

 Cuando yo logre la entrada a tu corazón, tú-lograrás la entrada al Cielo, y tu Cielo puede estar en la Tierra. Todo puede ser, en realidad, "en la Tierra como en el Cielo" cuando acabe el tiempo de separación y llegue el momento de la unificación.

La unificación conmigo, con tus semejantes y con todo ser vivo.

Esto es lo que he venido a decirte una vez más a través de los mensa­jeros de la actualidad. Los identificarás como mis mensajeros porque to­dos traen el mismo mensaje:

Todos Somos Uno.

Éste es el único mensaje que importa. Es el único mensaje que exis­te. Todo lo demás en la Vida es un reflejo de este mensaje. Todo lo de­más lo transmite.

El hecho de que hasta ahora no lo hayas podido recibir (lo has escu­chado con frecuencia, pero no lo has podido recibir) es lo que ha origina­do cada desgracia, cada pena, cada conflicto, cada corazón roto en tu experiencia. Ha originado cada asesinato, cada guerra, cada violación y robo, cada agresión y ataque mental, verbal o físico. Ha originado cada enfermedad y malestar, y cada encuentro con lo que llamas "muerte".

La idea-de que no somos Uno es una ilusión.

La mayoría de la gente cree en Dios, pero no en un Dios que crea en ella. Dios sí cree en la gente y la ama más de lo que la mayoría sabe. La idea de que Dios se quedó callado como una tumba y de que hace mucho le dejó de hablar a la especie humana es falsa.

La idea de que Dios está enfadado con la especie humana y la echó del Paraíso es falsa.

La idea de que Dios se ha nombrado juez y jurado y que decidirá si los miembros de la especie humana van al Cielo o al Infierno es falsa.

Dios ama a todos los individuos que alguna vez vivieron, que viven ahora o que llegarán a vivir.

Dios desea que todas las almas regresen a Él, y el cumplimiento de este deseo es algo inevitable.

Dios no está separado de nada y nada está separado de Dios.

Dios no necesita nada, pues Dios es todo lo que existe.

Esto es lo bueno. Todo lo demás es ilusión.

La especie humana ha estado viviendo con ilusiones durante mucho tiempo. Esto no se debe a que sea tonta, sino a que es muy inteligente. Los seres humanos han intuido que las ilusiones tienen un propósito muy importante, pero la mayoría simplemente lo ha olvidado.

Y ha olvidado que su olvido mismo es parte de aquello que ha olvidado, y por tanto parte de la ilusión.

Ahora es el momento de que los humanos recuerden.

Tú eres uno de los que encabezan la vanguardia de este proceso. No es sorprendente, considerando lo que ha estado ocurriendo en tu vida.

Has tomado este libro para recordar las ilusiones del ser humano. Así no volverás a estar atrapado en ellas, sino que nuevamente lograrás la comunión con Dios en el transcurso de tu vida mediante la conciencia de la Realidad Máxima.


Es perfecto que ¡Que hayas hecho así! Y, obviamente, no ha sido por ca­sualidad.

Has venido aquí para saber, por experiencia propia, que Dios reside dentro de ti, y que puedes tener, cada vez que lo desees, una reunión con el Creador.

Puedes experimentar y encontrar al Creador dentro de ti y en todo lo que te rodea. Pero debes ver más allá de las ilusiones del hombre. No de­bes hacerles caso.

Éstas son las diez ilusiones. Familiarízate bien con ellas para que las reconozcas cuando las veas.

 1. Existe la necesidad

2. Existe el fracaso

3. Existe la separación

4. Existe la insuficiencia

5. Existe el requisito

6. Existe el juicio

7. Existe la condenación

8. Existe la condicionalidad

9. Existe la superioridad

10. Existe la ignorancia

 Las cinco primeras son ilusiones físicas, y están relacionadas con la vida de tu cuerpo físico. Las cinco últimas son las ilusiones metafísicas, y están relacionadas con las realidades no físicas.

A lo largo de este mensaje, se estudiarán con detenimiento. Verás có­mo fueron creadas y cómo han afectado a tu vida. Y antes de que conclu­ya este mensaje, también verás cómo puedes deshacer sus efectos.

Ahora bien: el primer paso en el proceso de cualquier comunicación verdadera es que estés dispuesto a suspender tu incredulidad sobre lo que estás escuchando. Eso es lo que aquí se te pide. Temporalmente, abandona por favor cualquier idea que puedas tener de Dios y de la Vi­da. Podrás recuperar tus ideas en cualquier momento. No se trata de abandonarlas para siempre, sino tan sólo de hacerlas a un lado por el momento para dar margen a la posibilidad de que quizás existe algo que no sabes, y cuyo conocimiento podría cambiarlo todo.

Examina, por ejemplo, tu reacción ante la idea de que Dios se comu­nica contigo en este momento.

En el pasado, encontraste todo tipo de razones para no aceptar que puedes sostener una verdadera conversación con Dios. Te voy a pedir que hagas esos pensamientos a un lado y supongas que estás recibiendo este mensaje directamente de Mí.

Para facilitarte las cosas, hablaré de Mí en tercera persona durante gran parte de esta comunicación. Reconozco que tal vez te desconcierte un poco escucharme hablar en primera persona del singular. Así pues, aunque lo haré de vez en cuando (sólo para que recuerdes quién te está dando esta información), la mayor parte del tiempo me referiré a Mí sencillamente como Dios.

Si bien inicialmente recibir un mensaje directo de una Divinidad te puede parecer improbable, debes comprender que estás tomando parte en este comunicado para recordar, por fin, Quién Eres Realmente y las ilusiones que has creado. Pronto comprenderás perfectamente que, de hecho, has causado que este libro llegara a tus manos. Por el momento, simplemente escúchame cuando te digo que en la mayor parte de los momentos de tu vida, estás viviendo una ilusión.

Las diez ilusiones del hombre son ilusiones muy grandes, muy convincentes, que has creado al comenzar tu experiencia sobre la Tie­rra, y todos los días creas cientos de ilusiones más pequeñas. Puesto que crees en ellas, has inventado una historia cultural que te permite vivir estas ilusiones y convertirlas en realidad.

 Por supuesto, no son auténticamente reales. Sin embargo, has creado un mundo como el de Alicia en el país de las maravillas en el que, en efec­to, parecen muy reales. Igual que el Sombrerero Loco, negarás que lo falso sea falso y que lo verdadero es verdadero.

De hecho, lo has estado haciendo durante mucho tiempo.

Una historia cultural es una historia que se ha trasmitido de generación en generación a lo largo de siglos y milenios. Es la historia que te narras acerca de ti mismo.

Como tu historia cultural se basa en ilusiones, genera mitos en lugar de la comprensión de la realidad.

 


 

   

    La historia cultural del ser humano sostiene que...

 1. Dios tiene un plan (Existe la necesidad)

2. El resultado de la vida es dudoso (Existe el fracaso)

3. Estás separado de Dios (Existe la separación)

4. Hay carencias (Existe la insuficiencia)

5. Hay algo que debes hacer (Existe el requisito)

6. Si no lo haces, serás castigado (Existe el juicio)

7. El castigo es la condenación eterna (Existe la condenación)

8. Por lo tanto, el amor es condicional (Existe la condicionalidad)

9. Conocer y cumplir con las condiciones te hace superior (Existe la superioridad)

10. No sabes que éstas son ilusiones (Existe la ignorancia)

Tienes tan arraigada esta historia cultural, que ahora la vives plena y totalmente. "Sencillamente, así son las cosas", se dicen unos a otros.

Esto se lo han repetido mutuamente durante siglos, milenio tras mi­lenio. Durante tanto tiempo, que han surgido mitos basados en esas ilu­siones e historias. Algunos de los mitos más célebres se han reducido a conceptos, como...

. Señor, hágase Tu voluntad

. Supervivencia del más apto

. El vencedor se queda con el botín.

. Naciste con el pecado original.

. El pecado se paga con la muerte.

. La venganza es mía, dijo el Señor.

. Lo que no sabes no te hace daño.

. Sólo Dios sabe.

... ya muchos otros igualmente destructivos e inútiles. Basándose en estas ilusiones, historias y mitos, ninguno de los cuales tiene relación con la Realidad Máxima, muchos humanos se han formado el siguiente concepto de la Vida:

Nacemos en un mundo hostil, dirigido por un Dios que desea que hagamos ciertas cosas y que no hagamos otras, y que nos cas­tiga con la tortura eterna si no sabemos distinguidas.

Nuestra primera experiencia en la Vida es la separación de nuestra madre, Fuente de nuestra Vida. Esto crea el contexto de toda nuestra realidad, la cual experimentamos como una separa­ción de la Fuente de Toda la Vida.

No sólo estamos separados de toda la Vida sino de las demás partes de la Vida. Todo lo demás que existe, existe separado de nosotros. Y estamos separados de todo lo que existe. No queremos que las cosas sean así, pero así son. Nos gustaría que fueran de otra manera y luchamos por cambiadas.

Buscamos experimentar una vez más la Unidad con todas las cosas y, en especial, con los demás. Quizá no sepamos exactamen­te cómo, aunque sea casi instintivo. Nos parece que es lo natural. El único problema es que no parece haber suficiente de lo demás para satisfacemos. Sea lo que sea que deseemos, nunca recibimos lo suficiente. No tenemos suficiente amor, ni suficiente tiempo, ni suficiente dinero. No tenemos suficiente de lo que creemos nece­sitar para sentimos felices y satisfechos. En el momento en que pensamos que tenemos suficiente, decidimos que queremos más.

Puesto que no hay suficiente de lo que creemos necesitar para ser felices, debemos luchar por obtener lo más que podamos. Se nos exige algo a cambio de todo, desde el amor de Dios hasta las riquezas naturales de la Vida. No basta con estar vivo. Por tanto, nosotros, igual que el resto de la Vida, no somos suficiente.

Como simplemente ser no es suficiente, comienza la competen­cia. Si lo que hay no es suficiente, hay que competir por lo que hay.

Debemos competir por todo, incluyendo a Dios.

 

Esta competencia es difícil. Es por nuestra supervivencia mis­ma. En esta competencia sólo los más aptos sobreviven. Y el ven­cedor se queda con el botín. Si perdemos, vivimos un infierno sobre la Tierra. Y después de morir, si perdemos en la competen­cia por Dios, experimentaremos el infierno nuevamente, pero esta vez, para siempre.

En realidad, la muerte fue creada por Dios porque nuestros antepasados tomaron las decisiones equivocadas. Adán y Eva te­nían vida eterna en el Jardín del Edén. Pero, entonces, Eva se co­mió la fruta del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal, y ella y Adán fueron expulsados del jardín por un Dios enfurecido. Este Dios los sentenció a ellos ya todos sus descendientes para siempre, a la muerte como primer castigo. A partir de entonces, la vida del cuerpo estaría limitada y ya no sería eterna, ni tampoco la materia ­de la Vida.

Sin embargo, Dios nos devolverá la vida eterna si no volvemos a transgredir sus reglas. El amor de Dios es incondicional, pero sus retribuciones no. Dios nos ama aunque nos sentencie a la conde­nación eterna. A Él le hiere más que a nosotros, porque realmente desea que regresemos a casa, pero no puede hacer nada si nos por­tamos mal. Nosotros decidimos.

Por tanto, la clave radica en no portarnos mal. Debemos ser buenos. Debemos luchar por serIo. Para hacerlo, hemos de saber qué desea y qué no desea Dios. No podemos complacer a Dios y tampoco podemos evitar ofenderlo si no sabemos distinguir entre el bien y el mal. De modo que debemos saber cuál es la verdad.

Es fácil comprender e identificar la verdad. Todo lo que debe­mos hacer es escuchar a los profetas, maestros y sabios, ya la fuen­te y al fundador de nuestra religión. Si existe más de una religión y, por tanto, más de una fuente y un fundador, entonces debemos aseguramos de elegir la religión correcta. Elegir la equivocada puede convertimos en perdedores.

Cuando elegimos la correcta somos superiores, somos mejores que nuestros semejantes, pues tenemos la verdad de nuestro lado. Esta condición de ser "mejores" nos permite obtener mayor canti­dad de premios en la competencia, sin competir realmente por ellos. Nos declaramos ganadores antes de que comience la com­petencia. Debido a este razonamiento nos concedemos todas las ventajas y escribimos nuestras "Reglas de la Vida" de tal manera que a algunos les resulta casi imposible ganar los premios real­mente importantes.

No hacemos esto por maldad, sino para aseguramos el triunfo, como corresponde, puesto que los de nuestra religión, nacionali­dad, raza, género y tendencia política son los que conocen la ver­dad y, por tanto, merecen ser los triunfadores.

Como merecemos triunfar, tenemos derecho a amedrentar a otros, a pelear con ellos, incluso a matarlos de ser necesario, a fin de obtener este resultado.

Tal vez exista otra manera de vivir, quizá Dios tiene otra cosa en mente, otra verdad más grande, pero si la hay, no la conoce­mos. De hecho, ni siquiera es evidente que debamos conocerla. Es posible que ni siquiera debamos intentar saberla, y mucho menos conocer y comprender a Dios de verdad. Intentarlo sería un atrevi­miento, y afirmar que ciertamente lo has logrado sería una enorme blasfemia.

Dios es el Conocedor Desconocido, el Conmovedor Inmuta­ble, el Gran Invisible. Por tanto, no podemos saber la verdad que debemos conocer para poder cumplir con las condiciones que de­bemos cumplir para recibir el amor que debemos recibir para así, evitar la condenación que intentamos evitar para gozar de la vida eterna que teníamos antes de que todo comenzara.

Nuestra ignorancia es desafortunada, pero no debe ser proble­mática. Todo lo que debemos hacer es aceptar de buena feaque­1lo que creemos saber con certeza (nuestra historia cultural) y actuar como corresponde. Esto ya lo hemos intentado, cada uno según sus creencias, y así hemos producido la vida que ahora vivi­mos y la realidad sobre la Tierra que estamos creando.

Ésta es la interpretación de la mayor parte de la humanidad, con lige­ras variaciones según los individuos. Pero es así, en esencia, como viven sus vidas, justifican sus decisiones y explican los resultados.

Algunos de ustedes no aceptan todo esto, pero en parte todos lo hacen. Y aceptan estas afirmaciones como el funcionamiento de la reali­dad, no porque reflejen su sabiduría más profunda, sino porque alguien les dijo que son verdad.

En algún nivel, han tenido que forzarse a creer en ellas. A esto se le llama fingir.

Sin embargo, ahora es el momento de dejar de fingir y enfocar la rea­lidad. Esto no será fácil, porque la Realidad Máxima será muy diferente de lo que muchas personas de tu mundo aceptan hoy como real. Literal­mente, tendrás que "estar en este mundo, sin pertenecer a él".

Y, ¿cuál sería el propósito si tu vida está bien? Ninguno. No tendría ningún propósito. Si estás satisfecho con tu vida y con el mundo tal co­mo es, no hay razón para que modifiques tu realidad y dejes de fingir.

Este mensaje es para los que no están satisfechos con su mundo.

Ahora examinaremos las diez ilusiones una por una. Verás cómo cada una de ella te ha llevado a crear la vida en tu planeta tal como la vives en la actualidad.

Podrás apreciar que cada ilusión se basa en la anterior. Muchas son muy parecidas. Se debe a que todas son meras variaciones de la prime­ra. Son distorsiones más grandes de la distorsión original.

También notarás que cada nueva ilusión fue creada para corregir un defecto de la anterior. Finalmente, hartos de corregir defectos, decidie­ron que no comprendían nada, y así surgió la ilusión final: Existe la Ignorancia.

Esto les permitió encogerse de hombros y dejar de intentar resolver el misterio.

Pero la mente en evolución no les permitió quedarse pasivos durante mucho tiempo. En unos cuantos milenios, de hecho un lapso muy corto en la historia del Universo, han llegado a la etapa en la que la ignorancia ya no es una bendición.

Estás a punto de dejar esa cultura primitiva. Estás a punto de dar un gran salto en el área de tus razonamientos. Estás a punto de ver a través de... LAS DIEZ ILUSIONES.

 

 
 
 

 

     
         
         
       
       
       

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