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Comunión con Dios

En el umbral de la unidad espiritual

Segunda  Parte: como dominar las ilusiones

 Recrea tu realidad
Neale Donald Walsch

 

Re-crea tu realidad

Durante tu viaje hacia la eternidad, a medida que avances hacia la Maestría, te sobrevendrán muchos acontecimientos, circunstancias y situaciones, algunos de los cuales podrías considerar desagradables. Lo primero que hace la mayoría de la gente en estos casos es lo último que debes hacer, o sea, tratar de averiguar su significado.

Algunas personas creen que las cosas ocurren por un motivo, de modo que tratan de desentrañarlo. Otras piensan que ciertos hechos son una "señal", de modo que tratan de descubrir qué les indica.

De una u otra manera, la gente trata de encontrarle significado a los acontecimientos y experiencias de su vida. Sin embargo, lo cierto es que no tienen ningún significado. ¿Quién lo ocultaría así? ¿y por qué?

Si fuera para que lo descubrieras, ¿no sería mucho más eficaz que fuera obvio? Si Dios tuviera algo que decirte, ¿no sería mucho más fácil (además de mucho más bondadoso) decírtelo sencillamente, en lugar de convertirlo en un misterio que debes resolver?

Nada tiene significado, salvo el significado que tú le quieras dar. La vida no tiene significado.

    A muchos les cuesta aceptarlo, aunque es Mi mayor regalo. Al hacer

que la vida carezca de significado, te brindo la oportunidad de dar signi­ficado a cualquier cosa y a todas las cosas. Tus decisiones te definirán respecto a todas las cosas de la vida. Éste es el medio por el cual experimentas Quién Decides Ser.

Es una autocreación, una re-creación de la mejor versión de la visión más grande que hayas tenido sobre Quién Eres.

De modo que cuando te ocurra algo en particular, no te preguntes por qué está sucediendo. Elige por qué está sucediendo. Decide tú por qué está sucediendo. Si no puedes elegir o decidir un propósito, enton­ces invéntatelo. De todas formas lo estás inventando. Tú pones las razones para hacer las cosas y el porqué las cosas ocurren como ocurren. Sin em­bargo, la mayor parte del tiempo lo haces de manera inconsciente. ¡Aho­ra decídete (y decide tu vida) conscientemente!

No busques el significado de la vida ni el de ningún acontecimiento, suceso o circunstancia. Asígnale un significado. Luego anuncia y decla­ra, expresa y experimenta, satisface y conviértete en Quien Decides Ser.

Si eres buen observador, notarás que continuamente te colocas en la misma situación o circunstancia a lo largo de tu vida, hasta que te re-creas de nuevo.

Éste es el viaje hacia la Maestría.

En su camino de superación, el Maestro y el alumno saben que las ilu­siones son ilusiones, deciden por qué están ellos ahí y crean consciente­mente lo que experimentarán a continuación por medio de las ilusiones.

Al enfrentar cualquier experiencia de la vida, hay una formula, un proceso, mediante el cual también tú puedes avanzar hacia la Maestría. Sólo declara lo siguiente:

1. Nada en mi mundo es real.

2. El significado de todo es el significado que yo le confiero.

3. Yo soy quien yo digo que soy, y mi experiencia es la que yo digo que es.

Ésta es la manera de trabajar con las ilusiones de la vida. Ahora dare­mos otro vistazo a algunos ejemplos de la "vida real" y volveremos a exa­minar algunas observaciones hechas anteriormente, pues al recalcarlas se harán más claras.

Cuando te enfrentes a la ilusión de necesidad, te podrá parecer que tu experiencia es muy real.

    La necesidad se te presentará con uno de los siguientes disfraces: co­mo tu "necesidad", o como la "necesidad" de otros.

Cuando parece que se trata de tu necesidad, sientes que es mucho más urgente. Puede que te invada el temor, dependiendo de la naturale­za de la necesidad que imagines;

Por ejemplo, si imaginas que necesitas oxígeno, el pánico te invadirá de inmediato. Ésta sería la consecuencia lógica, ya que piensas que tu vida corre peligro. Sólo un verdadero Maestro, o alguien que haya teni­do una experiencia cercana a la muerte y esté seguro de que la muerte no existe, puede permanecer tranquilo en estas circunstancias. Los demás tienen que entrenarse para ello.  Pero lo pueden lograr.

    Lo irónico es que precisamente lo que se necesita es tranquilidad.

Con ella se propician pensamientos y acciones que provocan un resulta­do apacible.

Los buzos lo saben. Por eso aprenden a no sentir pánico cuando no­tan que se les acaba el aire o cuando se les corta el oxígeno. Otros tam­bién han aprendido a evitar el pánico en circunstancias que muchos considerarían' tensas y aterradoras.

Hay situaciones no tan extremadas, pero que también ponen en ries­go la vida y pueden producir temor. Por ejemplo, enterarse de que se pa­dece una enfermedad terminal o sufrir un robo a mano armada. Con todo, hay quienes han descubierto que podrían enfrentar impertérritos una enfermedad mortal o la posibilidad de un acto de violencia contra su persona. ¿Cómo lo logran? ¿Qué hay que hacer?

Todo depende de la perspectiva.

De eso estamos hablando: de tu perspectiva.

Ver la ilusión de la muerte como tal, lo cambia todo. Saber que no tiene más significado que el que tú le des, te permite elegir cuál darle. Com­prender que toda la vida es un proceso de re-creación te proporciona el contexto donde experimentar Quién Eres en relación con la muerte.

Jesús lo hizo y asombró al mundo entero. También lo han hecho otros, pasando por la muerte con una sereni­dad que asombra e inspira a quienes los rodean.

Por debajo del nivel de las experiencias que ponen en riesgo la vida, la necesidad tiene mucho menos poder como ilusión. Por debajo del ni­vel del dolor físico, casi no tiene poder.

A muchas personas, aunque no a todas, les parece muy difícil sopor­tar el dolor físico. Quizá si alguien les dijera que "se trata de una ilu­sión" durante un momento de dolor, reaccionarían de forma diferente, pues muchas personas temen más al dolor o a la posibilidad de sentir dolor, que a la muerte.

     

Sin embargo, también es posible enfrentarse a esta ilusión. En la pri­mera parte de este mensaje expliqué la diferencia entre dolor y sufri­miento. Los Maestros la conocen, igual que todo el que sabe que las ilusiones de la vida son ilusiones en realidad.

La ilusión de necesidad sugiere que para no sufrir, para ser feliz, no hay que sentir dolor. Sin embargo, el dolor y la felicidad no se excluyen mutuamente, como pueden atestiguar muchas mujeres que han dado a luz.

Librarse del dolor no es una necesidad: es una preferencia. Al con­vertir la necesidad en una preferencia, te otorgas un poder extraordina­rio sobre la experiencia que vives.

Incluso puedes ejercer tu poder sobre el dolor; el poder suficiente pa­ra ignorado casi del todo o, como suele suceder, hasta hacerlo desapare­cer. Muchas personas lo han demostrado.

Afrontar las ilusiones de necesidad que están por debajo del nivel del dolor físico es más sencillo todavía.

Tal vez pienses que necesitas a una persona para ser feliz, un trabajo para tener éxito, o alguna otra gratificación emocional o física para estar contento. En ese momento debes notar que estás ahí, en ese instante, sin lo que crees necesitar. Entonces, ¿por qué piensas que lo necesitas?

Si lo analizas detenidamente se revelará que no necesitas nada, ni si­quiera para ser feliz.

La felicidad es una decisión, no una experiencia.

Puedes decidir ser feliz sin aquello que creías necesitar, y serás feliz. Éste es uno de los conceptos más importantes que has de compren­der. Por tanto, lo repetiré.

La felicidad es una decisión, no una experiencia. Puedes decidir ser feliz sin aquello que creías necesitar, y ser feliz.

    Tu experiencia es el resultado y no la causa de tu decisión. (Incidentalmente esto también se aplica al amor. El amor no es una reacción, es una decisión.  Cuando lo recuerdes te estarás aproximando a la Maestría).

El segundo disfraz de la necesidad, es la necesidad de los demás.  Si no percibes esta ilusión como tal, podrías quedar atrapado en el constante afán de satisfacer las necesidades de los demás, en especial de aquellos que amas: Tus hijos, tu cónyuge, tus amigos.

Esto puede producir en ti y en la persona que recibe la ayuda, primero un callado resentimiento y después estallidos de ira. Lo irónico, es que al continuar satisfaciendo las necesidades de otras personas, incluyendo (y quizá en particular) a tus hijos y tu pareja, más que ayudarlos, los estás incapacitando, como ya señale con anterioridad.

Cuando veas a “alguien” necesitado, utiliza la ilusión para expresar la parte de ti que deseas experimentar. Tal vez elijas  lo que llamas compasión,  generosidad, bondad, ó tu propia abundancia, o todo lo anterior.  Sin embargo, que te quede bien claro que nunca haces nada para nadie.  Memoriza esta frase: Todo lo que hago, lo hago por mí.

Este es uno de los conceptos más importantes que has de comprender, Por lo tanto lo repetiré:

Todo lo que hago, lo hago por mí.

Ésta es también la verdad de Dios. La única diferencia es que Dios lo sabe.

     

No existe otro interés más que el propio. Esto se debe a que todo lo que existe es el Ser. Tú eres U no con todo y no hay nada que no seas tú. Cuando esto te quede claro, cambiará tu definición acerca de qué es ser interesado.

Cuando enfrentes la ilusión de fracaso, te podrá parecer que tu expe­riencia es muy real.

    El fracaso se te presentará con uno de los siguientes disfraces: tu "fra­caso" y el "fracaso" de los demás.

    Cuando pases por algo que aparenta ser un fracaso, pronuncia de inmediato las tres declaraciones de la verdad máxima:

1. Nada en mi mundo es real.

2. El significado de todo es el que yo le confiero.

3. Yo soy quien yo digo que soy y mi experiencia es la que yo digo que es.

Ésta es la trina verdad, o la Santísima Trinidad.

Decide lo que significa tu experiencia de fracaso. Decídete a decir que tu fracaso es un éxito. Luego, ante el fracaso, re-créate de nuevo. Decide Quién Eres en relación con la experiencia que estás viviendo. No te pre­guntes por qué la estás teniendo. No hay más porqué que el que tú le des.

Dite entonces: “He tenido esta experiencia para dar un paso más hacia el éxito que deseo.  Esta experiencia se me ha dado como un regalo. La abrazo, la atesoro y aprendo de ella.”

Recuerda que te dije que todo aprendizaje es un recuerdo.

Por ello, celebra el fracaso. En tu planeta hay empresas sabias que lo celebran. Cuando cometen un “error”, cuando lo descubren y cuándo experimentan un “fracaso”, el jefe invita a todos a festejarlo.  Ese jefe comprende lo que aquí te estoy diciendo, y sus empleaos se echarían por él al agua helada.  No habrá nada que no hagan, pues les ha creado un ambiente de seguridad y de éxito en el cual pueden experimentar la parte más estupenda de ellos mismos y de su creatividad.

Cuando te enfrentes a la ilusión de separación, te podrá parecer que tu experiencia es muy real.

La separación se te presentará con uno de los siguientes disfraces: tu "separación" o la "separación" de otros. Podrás sentirte terriblemente desconectado de Dios. Podrás sentirte totalmente separado de tus congéneres. Y podrás sentir que los demás están totalmente separados de ti. Esto podría crear las ilusiones de sole­dad o de depresión, que son más pequeñas.

 

Cuando pases por algo que aparente ser separación, pronuncia de inmediato las tres declaraciones de la verdad máxima:

1. Nada en mi mundo es real.

2. El significado de todo es el significado que yo le confiero.

3. Yo soy quien yo digo que soy y mi experiencia es la que yo digo que es.

Con esto se invoca el triple proceso:

A. Percibe la ilusión como tal.

B. Decide qué significa.

C. Re-créate de nuevo.

Si te sientes solo, ve tu "soledad" como una ilusión. Decide que tu so­ledad significa que no te has acercado lo suficiente al mundo que te ro­dea. ¿Cómo puede alguien sentirse solo en un mundo lleno de personas solas? Entonces, decide re-crearte de nuevo como alguien que se acerca a los demás con amor.

Hazlo durante tres días y tu estado de ánimo cambiará por completo. Hazlo durante tres semanas y tu anterior soledad desaparecerá. Hazlo durante tres meses y nunca volverás a estar solo.

Y entonces comprenderás que toda tu soledad fue una ilusión, y que tu la controlas por completo.

Incluso quienes se encuentran en prisión o en una cama del hospital, completamente aislados de los demás, pueden cambiar su experiencia externa modificando su realidad interna. Se logra mediante la comu­nión con Dios, justamente la experiencia a la que te conduce este libro. Pues una vez que te reúnas con el Creador que está dentro de ti, no vol­verás a necesitar de nada fuera de ti para dejar de sentirte solo.

Místicos, monjes, comunidades religiosas y devotos espirituales de todos los tiempos lo han comprobado. El éxtasis interior de la comunión espiritual y la Unión con la creación (¡eso soy Yo!) no tiene parangón en el mundo exterior. Todo lo que hago, lo hago por mí. En efecto, la separación es una ilusión.

Asimismo verás todo como ilusorio y como un regalo bendito, lo cual te permitirá elegir y experimentar Quién Eres Realmente.

Presentemos unos cuantos ejemplos más utilizando algunas ilusiones (podemos utilizar cualquiera de ellas, pues la fórmula es siempre la misma).

Cuando te enfrentes a la ilusión de la condenación, te podrá parecer que tu experiencia es muy real. La condenación se te presentará con uno de los siguientes disfraces: tu propia "condenación" y la de los demás.

Cuando te enfrentes a la ilusión de superioridad, te podrá parecer que tu experiencia es muy real. La superioridad se te presentará con uno de los siguientes disfraces: tu propia "superioridad" o la de los demás.

Cuando te enfrentes a la ilusión de ignorancia, te podrá parecer que tu experiencia es muy real. La ignorancia se te presentará con uno de los si­guientes disfraces: tu propia "ignorancia" y la de los demás.

¿Puedes apreciar el patrón? ¿Comienzas a vislumbrar, antes de que Yo te lo señale, alguna manera positiva de utilizar estas ilusiones?

Cuando pases por la condenación de los demás, te sentirás tentado a condenar. Cuando los demás se enfrenten a la condenación, se sentirán tentados a condenarte.

Cuando confrontes la superioridad de los demás, te sentirás tentado a considerarte superior. Cuando los demás confronten tu superioridad, se sentirán tentados a considerarse superiores a ti.

    ¿Puedes apreciar el patrón? ¿Comienzas a vislumbrar, antes de que Yo te lo señale, alguna manera positiva de utilizar estas ilusiones?

Es importante que veas el patrón. Con él han recubierto la estructura de su cultura. Por ello ustedes experimentan su realidad colectiva tal co­mo se presenta sobre su planeta.

No necesitas que Yo te ofrezca más ejemplos de cómo alejarte de es­tas ilusiones y de cómo utilizarlas. De hecho, si continúo dándote ejemplos concretos, te volverás dependiente de Mí. Sentirás que no puedes comprender o saber cómo re-crearte de nuevo ante las experiencias coti­dianas de la "vida real". Y comenzarás a rezar. Exclamarás: "¡Dios mío, ayúdame!", y luego Me darás las gracias si las cosas marchan bien, o me maldecirás si no es así, como si Yo concediera algunos deseos y negara otros... o, peor aún, como si Y o concediera los deseos de algunos y negara los de otros.

    Esto te digo: la labor de Dios no es conceder o denegar deseos. ¿Con qué bases lo haría? ¿Bajo qué criterios?

    Entiende esto, aunque no entiendas nada más: Dios no necesita nada.

    Si no necesito nada, por tanto no tengo criterios bajo los cuales decidir si tu obtienes o no algo.

Esa decisión es tuya.

Puedes tomar esa decisión consciente o inconscientemente.

La has tomado inconscientemente durante siglos; más bien, durante milenios. La puedes tomar conscientemente de la siguiente manera:

A. Percibe la ilusión como tal.

B. Decide qué significa.

C. Re-créate de nuevo.

Utiliza las siguientes declaraciones de la verdad máxima como ins­trumentos para lograr lo anterior:

1. Nada en mi mundo es real.

2. El significado de todo es el significado que yo le confiero.

3. Yo soy quien yo digo que soy y mi experiencia es la que yo digo que es.

El mensaje que he dejado aquí para ti es tu intento de poner en palabras los complejos conceptos que comprendes intuitivamente en un nivel profundo e interior de conciencia.

La palabra ha llegado para ti y a través de ti. Si no tienes cuidado, te parecerá que va destinada a otra persona o que llegó por medio de otra persona. Eso es una ilusión.

Tú has traído esta experiencia, la has traído a través de ti. Es un proceso de remembranza.

Ahora tienes la oportunidad de transformar la palabra en experiencia física al reemplazar tus ilusiones para vivir una nueva realidad. Ésta es la transformación de la vida en tu planeta a la cual me he referido. Por ello inspiré a decir: "Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros".

 

 
 
 

 

     
         
         
       
       
       

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