Llama Violeta

Llama Violeta


 
   
 
 
 
 
 
 

“Me enseñarás el camino de la vida,
hartura de goces, delante de tu rostro,
a tu derecha, delicias para siempre.”
(Salmos, 16, 11)
Capitulo 2 
Neale Donald Walsch

 

 

Audiolibro Conversaciones con Dios - Libro 1 - Capítulo 2

 He buscado el camino hacia Dios toda mi vida...

 Sé que lo has hecho. 

... y ahora lo he encontrado, y no puedo creerlo. Me parece estar aquí sentado, escribiéndome a mí mismo.

 Es lo que estás haciendo.

 Pero no creo que sea eso lo que debería parecerme una comunicación con Dios.

 ¿Quieres clarines y trompetas? Veré qué puedo hacer.

 ¿Sabes?, habrá quienes digan que todo este libro no es más que una blasfemia. Especialmente si sigues haciéndote el gracioso.

 Deja que te explique algo. Tenéis la idea de que Dios sólo se muestra de una única manera. Esa es una idea muy peligrosa.

Eso os impide ver a Dios en todas partes. Si crees que a Dios se le ve y se le oye sólo de una manera, o es sólo de una manera, Me mirarás sin verme día y noche. Te pasaréis toda la vida buscando a Dios, y no le encontrarás; precisamente porque estarás buscando a alguien. Lo pongo como un ejemplo.

Se ha dicho que, si uno no ve a Dios en lo profano y en lo profundo, se esta perdiendo la mitad de la historia. Es un gran Verdad.

Dios está en la tristeza y en la carcajada, en lo amargo y en lo dulce. Detrás de cada cosa se oculta un propósito divino; y, por lo tanto, en cada cosa se halla la presencia divina.

 Una vez empecé a escribir un libro titulado Dios es un bocadillo de salami.

 Habría sido un buen libro. Yo te di esa inspiración. ¿Por qué no lo escribiste?

 Me pareció una blasfemia. O, cuando menos, una horrible irreverencia.

 ¡Querrás decir una maravillosa irreverencia! ¿De donde has sacado la idea de que Dios es solo “reverente”? Dios es lo alto y lo bajo. Lo caliente y lo frío. La izquierda y la derecha. ¡Lo reverente y lo irreverente!

¿Acaso piensas que Dios no ríe? ¿Imaginas que Dios no disfruta con una buena broma? ¿Creéis que Dios carece de sentido del humor? Deja que te diga algo: Dios inventó el humor.

¿Debes hablarme en un tono circunspecto cuando te dirijas a Mí? ¿Se hallan fuera de mi comprensión los términos fuertes o la jerga? Te aseguro que puedes hablarme  como hablarías con tu mejor amigo.

¿Crees que hay alguna palabra que Yo no haya oído?, ¿una visión que no haya visto?, ¿un sonido que no conozca?

¿Crees acaso que desprecio alguno de ellos, mientras que gusto de los otros?

Te aseguro que no desprecio nada. Nada de ello resulta repulsivo para Mí. Eso es la vida, y la vida es el don; el tesoro inenarrable; lo más sagrado de todo.

Yo soy la vida, puesto que Yo soy la sustancia que constituye la vida. Cada uno de sus aspectos tiene un propósito divino. No existe nada, absolutamente nada, sin una razón conocida y aprobada por Dios.

     

¿Cómo puede ser eso? ¿Y que hay del mal que ha creado el hombre?

 No podéis crear nada - ni un pensamiento, ni un objeto, ni un acontecimiento, ninguna experiencia de ninguna clase - que no sea el resultado del plan de Dios; puesto que el plan de Dios respecto a vosotros es que creéis cualquier cosa - todo aquello - que queráis. En esta libertad reside la experiencia de Dios como siendo Dios, y esta es la experiencia para la que Yo os he creado a Vosotros. Y a la propia vida.

El mal es aquello a lo que vosotros llamáis mal. Pero incluso eso es de mi agrado, puesto que sólo a través de eso que llamáis mal podéis conocer el bien; sólo a través de eso que llamáis obra del demonio podéis conocer  y hacer la obra de Dios. Yo no amo más lo caliente que lo frío, lo alto que lo bajo, la izquierda que la derecha. Todo es relativo. Todo forma parte de lo que es.

Yo no amo más lo “bueno” que lo “malo”. Hitler fue al cielo. Cuando entiendas esto, entenderás a Dios.

 Sin embargo, me han enseñado a creer que el bien y el mal existen; que lo correcto y lo equivocado son términos opuestos; que algunas cosas no están bien, no resultan aceptables a los ojos de Dios.

 Todo resulta “aceptable” a los ojos de Dios, ya que ¿cómo puede Dios no aceptar algo que es? Rechazar algo significa negar que existe. Decir que algo no está bien significa afirmar que no forma parte de Mí; y eso es imposible.

Sin embargo, sed fieles a vuestras creencias, y mantened como ciertos vuestros valores, ya que se trata de los valores de vuestros padres, y de los padres de vuestros padres, de vuestros amigos y de vuestra sociedad. Estos forman la estructura de vuestra vida, y perderlos equivaldría a deshacer el tejido que constituye vuestra experiencia. No obstante, examinadlos uno por uno. Revisadlos pieza por pieza. No deshagáis la casa, pero observad cada uno de los ladrillos, y reemplazad los que veáis que están rotos y no pueden soportar ya la estructura.

Vuestras ideas respecto a lo correcto y lo equivocado son sólo eso: ideas. Son pensamientos que constituyen la forma y crean la sustancia de Quienes Sois. Sólo habría una razón para cambiar alguna de ellas; sólo un propósito para alterarlas: si no sois felices siendo Quienes Sois.

Únicamente vosotros podéis saber si sois felices. Sólo vosotros podéis decir de vuestra vida: “Esta es mi creación (mi hijo), en la que me complazco”.

Si vuestros valores os sirven, mantenedlos. Argumentad a su favor. Luchad para defenderlos.

Pero procurad luchar de manera que no hagáis daño a nadie. El daño no es un ingrediente necesario en la receta.

 

Dices “sed fieles a vuestros valores” y, al mismo tiempo, que todos nuestros valores son equivocados. Ayúdame a entenderlo.

 

Yo no he dicho que vuestros valores sean equivocados. Pero tampoco que sean correctos. Son simplemente juicios. Afirmaciones. Decisiones. En su mayor parte, se trata de decisiones que no habéis tomado cada uno de vosotros, sino algún otro.

 Quizá vuestros padres. Vuestra religión. Vuestros profesores, historiadores, políticos...

Muy pocos de los juicios de valor que habéis incorporado a vuestra verdad son juicios que habéis formulado vosotros mismos basándoos en vuestra propia experiencia. Pero la experiencia es lo que vinisteis a buscar aquí, y por vuestra experiencia ibais a crearos a vosotros mismos. Pero vosotros os habéis creado a vosotros mismos por la experiencia de los demás.

Si hubiera algo parecido al pecado, seria esto: permitiros a vosotros mismos haber llegado a ser lo que sois por la experiencia de los demás. He aquí el”pecado” que habéis cometido. Todos vosotros. No esperáis a tener vuestra propia experiencia, sino que aceptáis la experiencia de los demás como el evangelio (literalmente), y luego, cuando os encontráis con la experiencia real por primera vez, permitís que lo que ya sabíais acerca del encuentro oculte lo que realmente pensáis.

Si no obrarais así, podríais tener una experiencia completamente diferente; una experiencia que haría aparecer a vuestro maestro o fuente original como equivocado. En la mayoría de los casos, no queréis que vuestros padres, escuelas, religiones, tradiciones o sagradas escrituras aparezcan como equivocados, de modo que negáis vuestra propia experiencia a favor de lo que os han dicho que penséis.

Ninguna realidad puede ilustrar esto con mayor profundidad que vuestro tratamiento de la sexualidad humana.

Todo el mundo sabe que, de entre todas las experiencias físicas al alcance de los humanos, la experiencia sexual puede ser la más atractiva, emocionante, poderosa, estimulante, renovadora, energética, íntima, y con mayor capacidad de afirmación, unión y recreación. Aun habiendo descubierto esto experiencialmente, habéis decidido en cambio aceptar los juicios, opiniones e ideas previos acerca del sexo difundidos por otros; todos ellos con intereses creados en que penséis de una u otra manera.

Dichas opiniones, juicios e ideas han ido directamente contra vuestra propia experiencia; sin embargo, debido a que no estáis dispuestos a considerar equivocados a vuestros maestros, os convencéis a vosotros mismos de que debe ser vuestra experiencia la que está equivocada. El resultado es que habéis traicionado vuestra auténtica verdad en relación a esta cuestión; y ello con resultados devastadores.

Lo mismo habéis hecho con el dinero. En aquellos momentos de vuestra vida en que tenéis mucho dinero, os sentís estupendamente. Os sentís estupendamente recibiéndolo, y os sentís estupendamente gastándolo. No hay nada malo en ello, no hay ningún mal, nada intrínsecamente “equivocado”. Sin embargo, han arraigado tan profundamente en vosotros las enseñanzas de los demás sobre este tema, que habéis rechazado vuestra experiencia a favor de la “verdad”.

Al haber adoptado esta “verdad” como vuestra,  habéis construido pensamientos en torno a ella; pensamientos que son creadores. Habéis pues, creado una realidad personal en torno al dinero que lo aleja de vosotros; ya que ¿para qué trataríais de atraer algo que no es bueno?

Sorprendentemente, habéis creado la misma contradicción en torno a Dios. Todas vuestras experiencias más profundas acerca de Dios os dicen que Dios es bueno. Todos aquellos profesores vuestros que os enseñan algo acerca de Dios os dicen que Dios es malo. Vuestro corazón os dice que hay que amar a Dios sin temerle. Vuestros profesores os dicen que hay que temer a Dios, puesto que es un Dios vengativo. Habéis de vivir en el temor a la cólera de Dios, dicen. Debéis temblar en su presencia. Durante toda vuestra vida habéis de temer el juicio del Señor - os han dicho -, pues el Señor es “justo”, y todo lo sabe; y os hallaréis en apuros cuando os enfrentéis a la terrible justicia del Señor. Debéis, pues, “obedecer” los mandamientos de Dios. O si no...

Sobre todo, no habéis de formular preguntas lógicas tales como: “Si Dios quiere una estricta obediencia a sus leyes, ¡por qué creó la posibilidad de que dichas leyes fueran violadas?”. Todos vuestros maestros os dicen que porque Dios quería que tuvierais “libre albedrío”. Sin embargo, ¿qué clase de libre albedrío es ese, si elegir una cosa en lugar de otra lleva la condenación? ¿Cómo la “libre voluntad” puede ser libre, si no es vuestra voluntad, sino la de algún otro, la que debéis cumplir? Quienes eso os enseñan hacen de Dios un hipócrita.

Se os ha dicho que Dios perdona y es compasivo; pero si no le pedís perdón del “modo correcto”, si no “os dirigís a Dios” de la manera adecuada, vuestra súplica no será escuchada, vuestro clamor quedará sin respuesta. Incluso eso no sería tan malo si hubiera una sola manera adecuada; pero se enseñan tantas “maneras adecuadas” como profesores hay.

Así la mayoría de vosotros pasan casi toda su vida adulta buscando la manera “correcta” de rendir culto, de obedecer y de servir a Dios. La ironía del asunto está en que Yo no quiero vuestro culto, Yo no necesito vuestra obediencia, y no necesitáis servirme.

Este tipo de comportamientos son los que históricamente  han exigido de sus súbditos los monarcas; normalmente, monarcas egocéntricos, inseguros y tiránicos. En absoluto son exigencias divinas; y es extraordinario que el mundo no haya llegado ya a la conclusión  de que tales exigencias son falsas, de que no tienen nada que ver con las necesidades o los deseos de Dios.

La divinidad no tiene necesidades. Todo lo Que Hay es exactamente eso: todo lo que hay. Por lo tanto, no quiere nada, ni carece de nada; por definición.

Si queréis creer en un Dios que de alguna manera necesita algo - y se siente tan dolido si no lo obtiene que castiga a aquellos de quienes esperaba recibirlo -, entonces es que queréis creer en un Dios mucho más pequeño que Yo. Y verdaderamente sois Hijos de un Dios Menor.

No, hijos míos; por favor, dejadme que os asegure una vez más, por medio de este texto, que no tengo necesidades. No necesito de nada.

Esto no significa que no tenga deseos. Deseos y necesidades no son la misma cosa (aunque para muchos de vosotros lo sean en vuestra vida actual).

El deseo es el principio de toda creación. Es el primer pensamiento. Es un sentimiento grandioso en el alma. Es Dios, decidiendo qué va a crear.

     

¿Y cuál es el deseo de Dios?

Yo deseo, en primer lugar, conocerme y experimentarme a Mí mismo, en toda Mi gloria; saber Quien Soy. Antes de inventaros a vosotros - y todos los mundos del universo - era imposible para Mí hacerlo.

En segundo lugar, deseo que podáis conocer y experimentar Quienes Realmente Sois, por medio del poder que os he dado de crearos y experimentaros a vosotros mismos de cualquier modo que escojáis.

En tercer lugar, deseo que todo el proceso de la vida sea una experiencia de constante alegría, de continua creación, de interminable expansión y de total realización en cada momento.

He establecido un sistema perfecto mediante el que estos deseos puedan realizarse. Se están realizando ahora, en este mismo momento. La única diferencia entre vosotros y Yo es que Yo lo sé.

En el momento en que alcancéis el conocimiento pleno (momento que puede sobrevenir en cualquier instante), vosotros sentiréis lo mismo que Yo siento constantemente: una alegría, amor, aceptación, bendición y agradecimientos totales.

Estas son las cinco actitudes de Dios; y, antes de seguir adelante con este diálogo, te mostraré cómo la aplicación de dichas actitudes en tu vida actual puede conducirte - y te conducirá - hacia la santidad.

Todo esto constituye una respuesta muy larga para una pregunta muy corta.

Sí se fiel a tus valores, en la medida en que experimentes que te son útiles. Pero mira a ver si estos valores que te sirven a ti, con tus pensamientos, palabras y actos, traen al espacio de tu experiencia la idea mejor y más alta que jamás hayas tenido de ti mismo.

Examina tus valores uno por uno. Somételos a la luz del escrutinio público.

Si puedes decir al mundo quién eres y en qué crees sin vacilaciones ni indecisiones, entonces eres feliz contigo mismo. No hay ninguna razón para ir más allá en este diálogo conmigo, puesto que ya has creado a un Yo - y una vida para este Yo - que no necesita ninguna mejora. Has alcanzado la perfección. Puedes dejar este libro.

     

Mi vida no es perfecta, ni siquiera se acerca a la perfección. No soy perfecto. En realidad, soy un cúmulo de imperfecciones. Me gustaría - a veces de todo corazón - poder corregir esas imperfecciones; lo que yo sé que origina mis comportamientos, que provoca mis caídas, que me mantiene en mi camino. Supongo que por eso es por lo que he acudido a Ti. No he sido capaz de encontrar las respuestas por mí mismo.

 

Estoy contento de que hayas acudido a Mí. Siempre he estado dispuesto a ayudarte. Y lo estoy ahora. No tienes por qué encontrar las respuestas por ti mismo. Nunca has tenido por qué.

 

Pero parece tan... presuntuoso... sencillamente sentarse y dialogar contigo de este modo... y mucho más imaginar que Tú - Dios - me respondes. Quiero decir que es una locura.

 

Ya veo. Los autores de la Biblia estaban cuerdos, pero tú estas loco.

Los autores de la Biblia fueron testigos de la vida de Cristo, y reprodujeron fielmente lo que vieron y oyeron.

Falso. La mayoría de los autores del Nuevo Testamento nunca conocieron ni vieron a Jesús en su vida. Vivieron muchos años después de que Jesús abandonara la tierra. No habrían reconocido a Jesús de Nazaret aunque se hubieran cruzado con él en la calle.

Pero...

Los autores de la Biblia fueron grandes creyentes y grandes historiadores. Recogieron los relatos que habían llegado hasta ellos y sus amigos de boca de sus mayores - quienes, a su vez, los habían oído a sus mayores -, hasta que finalmente surgió una recopilación escrita.

Y no todos los autores de la Biblia fueron incluidos en el documento final.

Ya habían surgido las “iglesias” en torno a las enseñanzas de Jesús; y - como sucede siempre y dondequiera que la gente se agrupe en torno a una idea poderosa -  hubo ciertos individuos en el seno de dichas iglesias, o enclaves, que determinaron qué partes de la historia de Jesús bebían mencionarse y cómo. Este proceso de selección y corrección continuó durante toda la recopilación, redacción y publicación de los evangelios y la Biblia.

Incluso varios siglos después de que se consignaran las escrituras originales, un Alto Consejo de la Iglesia determinó, una vez más, que doctrinas y verdades había que incluir en la Biblia oficial de entonces; y qué resultaría “malsano” o “prematuro” revelar a las masas.

Además, ha habido otras sagradas escrituras, cada una de ellas fruto de un momento de inspiración de hombres por lo demás corrientes, ninguno de los cuales estaba más loco que tú.

 ¿No estaréis sugiriendo que estos textos podrían llegar a ser un día “sagradas escrituras”?

 Hijo mío, todo en la vida es sagrado. Desde esta perspectiva, sí, son sagradas escrituras. Pero no quiero hacer juegos de palabras contigo, pues sé lo que quieres decir.

No, no estoy sugiriendo que este manuscrito llegará  a convertirse un día en sagrada escritura. Al menos no durante algunos cientos de años, o hasta que su lenguaje no se vuelva anticuado.

Mira: el problema es que este lenguaje es demasiado coloquial, demasiado familiar, demasiado contemporáneo. La gente supone que, si Dios hablara directamente con uno, su voz no sonaría como la del vecino de al lado. La estructura del lenguaje debe poseer una matiz de unidad, por no decir de divinidad; un matiz de dignidad; una sensación de santidad.

Como he dicho antes, esto es sólo una parte del problema. La gente tiene una percepción de Dios como Alguien que “se manifiesta” de una única forma. Cualquier cosa que viole esta forma se considera una blasfemia. 

Lo que yo he dicho antes.

 Lo que tú has dicho antes.

Pero vayamos al fondo de la cuestión. ¿ Por qué te parece una locura que tú puedas mantener un diálogo con Dios? ¿acaso no crees en la oración?

 Sí, pero esto es distinto. Para mí, la oración siempre ha tenido una sola dirección. Yo pregunto, y Dios permanece inmutable.

 ¿Dios no ha respondido nunca a una oración?

Bueno, sí; pero, mira, nunca verbalmente. Bueno, ha habido toda una serie de acontecimientos en mi vida de los que yo he estado convencido que eran una respuesta - una respuesta muy directa - a la oración. Pero Dios nunca me ha hablado.

 Ya veo. Entonces, ese Dios en el que crees es un Dios que puede hacerlo todo, menos precisamente hablar.

 Por supuesto que Dios puede hablar, si quiere hacerlo. Es sólo que no parece probable que Dios vaya a querer hablarme a mí.

 He ahí la raíz de todos los problemas que experimentas en tu vida: que no te consideras a ti mismo suficientemente digno de que Dios te hable.

¡Cielo Santo! ¿Cómo puedes esperar nunca oír Mi voz, si no te crees a ti mismo lo suficientemente digno de que te hable?

Te lo aseguro: en este momento estoy haciendo un milagro; pues no sólo estoy hablándote a ti, sino a cualquiera que haya comprado este libro y esté leyendo estas palabras.

En este momento estoy hablando a cada uno de ellos. Sé quién es cada uno de ellos. Sé quienes encontrarán su camino a través de estas palabras; y se (como con todas Mis otras comunicaciones) Que algunos serán capaces de oír, y otros sólo serán capaces de escuchar, pero no oirán nada.

 Bien; eso plantea otra cuestión. Ya había pensado en publicar este material, tal como se esta escribiendo.

 Sí. ¿Qué tiene eso de “malo”?

 ¿No me dirán que estoy creando todo esto en provecho propio? ¿Y eso no hará que resulte sospechoso? 

¿El motivo de que escribas esto es que podrás ganar mucho dinero?

 No. No es por eso por lo que empecé a hacerlo. Inicié este diálogo sobre el papel debido a que mi mente ha estado acosada por una serie de preguntas durante treinta años; y estaba hambriento - más bien famélico - de respuestas. La idea de que podía hacer un libro con todo esto vino más tarde.

Te la di Yo.

 ¿Tú?

 Sí. No creerás que voy a dejar que desperdicies todas estas maravillosas preguntas y respuestas.  No había pensado en eso. Al principio, sólo quería que mis preguntas fueran respondidas; que mi frustración acabara; que mi búsqueda terminara. Bien. Entonces deja de cuestionarte tus motivos (cosa que haces incesantemente), y vamos con ello.

 

 
 
 
 

 

     
         
         
       
       
       

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