Llama Violeta

Llama Violeta


 
 
 
 
 
 
 
 

Neale Donald Walsch

Conversaciones con Dios 2

Capitulo XVII

 

 Escuché Tu desafío, lo escuché muy bien. Por favor, dime ahora más sobre la vida en este planeta en una escala mayor. Dime cómo un país puede vivir con otro de modo tal que "ya no haya guerras".

 Siempre habrá desacuerdos entre las naciones, ya que el desacuerdo es simplemente un signo - y un signo saludable, por cierto - de individualidad. Sin embargo, la resolución violenta de desacuerdos es un signo de inmadurez extrema.

No hay razón alguna en el mundo que justifique evitar la solución violenta, considerando la buena voluntad de las naciones para evitarla.

Podría pensarse que el costo enorme en muertes y destrucción podría ser lo suficientemente grande como para producir esta buena voluntad, pero tratándose de culturas primitivas, como la de ustedes, no es así.

En la medida en que pienses que ganarás una discusión, la tendrás. En la medida en que se piense que se ganará una guerra, se tendrá una guerra. 

¿Cuál es la respuesta a todo esto?

No tengo una respuesta, sólo tengo...

¡Lo sé, lo sé! Una observación.

Sí. Te diré lo que observé antes. Podría ser una respuesta a corto plazo para establecer lo que algunos llaman un gobierno mundial, con una instancia jurídica que resolviera las desavenencias (un tribunal cuyos veredictos no podrían ser pasados por alto, como ocurre hoy en día con el Tribunal Internacional de Justicia) y una fuerza global para el mantenimiento de la paz que garantiza que ninguna nación, por poderosa que sea y por mucha influencia que tenga, pueda agredir a otra.

Sin embargo, habrá que entender que no terminará la violencia en la Tierra. La fuerza de paz podría necesitar usar la violencia para evitar que alguien lo haga. Como observamos en el libro anterior, el no detener a un déspota alienta a otros déspotas. En ocasiones el único medio de evitar una guerra es librar una guerra. En ocasiones será necesario hacer lo que no queremos hacer para asegurarnos de que ya no tendremos que hacerlo de nuevo. Esta contradicción aparente es parte de la Divina Dicotomía, según la cual en ocasiones el único modo de que algo Sea - en este caso, "ser pacífico" - implicaría, al principio, ¡no serlo!

     

En otras palabras, a menudo el único modo de conocer Lo Que Eres es obrar como Lo Que No Eres.

Es una verdad observable que en este mundo el poder no puede descansar desproporcionadamente en manos de una sola nación, sino que debe distribuirse en el grupo total de naciones que existen en el planeta. Sólo de esta manera podrá el mundo alcanzar finalmente la paz, descansando en la firme seguridad de que ningún déspota, no importa lo grande y poderosa que sea su nación, podrá jamás violar los territorios de otros países ni amenazar sus libertades.

Tampoco necesitarían ya las naciones pequeñas depender de la buena voluntad de las naciones grandes,  como ocurre actualmente, que con frecuencia tienen que ofrecer sus propios recursos e inclusive sus mejores tierras para la instalación de bases militares  extranjeras como único modo de ganar ese apoyo. Con este nuevo sistema, la seguridad de las naciones pequeñas estaría garantizada no por aquellas a las que se sometan, sino por aquellas que las respalden.

Todas las 160 naciones se levantarían en caso de que una sola fuera invadida. Todas esas 160 naciones dirían "¡No!" cuando a una nación se le violara o amenazara en cualquier forma.

Análogamente, ya no tendría vigencia la coacción económica, el chantaje a los países por medio de ciertas acciones por parte de sus asociados comerciales mayores, que los obligan a obedecer ciertos "lineamientos" a cambio de ayuda, o las fuerzan a actuar de cierta manera para ser calificadas dignas de ayuda humanitaria simple.

Sin embargo, no faltaría quién arguyera que un sistema de gobierno mundial erosionaría la independencia y la grandeza de naciones individuales. La verdad es que las engrandecería, y eso es precisamente lo que temen las naciones desarrolladas, cuya independencia está asegurada por el poderío, no por la ley de la justicia. Para entonces, tales naciones mayores ya no serían las únicas que lograran abrirse paso automáticamente, sino que las consideraciones y elementos de justicia de todas las demás se escucharían igualmente. Y las grandes naciones no podrían controlar y atesorar los recursos del mundo, sino que estarían obligadas a compartirlos con más equidad, a hacerlos accesibles cuando tuviesen la posibilidad de ello y a proporcionar ayuda y beneficios más uniformemente a los pueblos de todo el mundo.

Un gobierno mundial nivelaría el terreno de juego - y esta idea, al mismo tiempo que impulsaría la marcha hacia el seno del debate sobre la dignidad humana básica, sería una anatema para los más ricos del mundo, que quieren que los que "nada tienen" tracen como puedan sus propios destinos -, desentendiéndose, por supuesto, del hecho de que "los que tienen" controlan todo lo que buscan los demás.

Sin embargo, parece que estamos hablando de la redistribución de la riqueza: ¿Cómo podríamos mantener el incentivo de los que quieren más, y están dispuestos a trabajar para tenerlo, si saben que deben compartirlo con aquellos a quienes no les interesa el trabajo duro?

En primer lugar, no solamente se trata de determinar quiénes quieren "trabajar duro" y quiénes no. Se trata de un modo en verdad simplista de esgrimir el razonamiento (usualmente, construido de ese modo por los que "tienen"). Con frecuencia, es más bien una cuestión de oportunidad, no de buena voluntad. Por consiguiente, el trabajo verdadero y el principal en la reestructuración del orden social es asegurara que cada persona y cada nación tengan iguales oportunidades.

Lo cual nunca ocurrirá mientras que aquellos que actualmente poseen y controlan el mayor volumen de la riqueza y de los recursos del mundo, se aferren a ese control.

 

Sí. Hable de México y sin querer vapulear a ninguna nación, considero que este país ofrece un ejemplo excelente de tal situación. Un puñado de familias ricas y poderosas controlan la riqueza y los recursos del país desde hace 40 años. Las "elecciones" en esta llamada Democracia Occidental son una farsa porque las mismas familias han controlado a lo largo de varios decenios el mismo partido político, asegurándose virtualmente que no tendrán oposición. ¿Resultado? "Los ricos se hacen más ricos y los pobres se hacen más pobres".

Si los salarios pasaran de $1.75 a un atractivo impulso de $3.15 la hora, el punto decimal marcaría cuánto han hecho los ricos a favor de los pobres en cuanto a proporcionarles trabajos y oportunidades de desarrollo económico. El caso es que los únicos que avanzan en este escenario son los ricos - los industriales y los dueños de negocios que venden sus mercancías en los mercados nacional y mundial logrando enormes utilidades, dado el bajo costo de su mano de obra.

Los ricos de Estados Unidos saben que esto es verdad, razón por la que numerosas compañías ricas y poderosas instalan sus plantas y fábricas en México y en otros países en los cuales los salarios son irrisorio, pero se consideran una gran oportunidad para los campesinos. Entre tanto, los trabajadores se desempeñan en condiciones insalubres y sin ninguna seguridad, pero los gobiernos locales, controlados por un puñado de políticos que se benefician con las utilidades de estas empresas, imponen pocas regulaciones. No existen normas de sanidad y seguridad, ni protección ambiental, desconocidas en los lugares de trabajo.

No se da atención a las personas, ni tampoco a la Tierra. Hay regiones en las cuales los obreros construyen casas de cartón cerca de ríos, en los cuales lavan su ropa y, con frecuencia, realizan en ellos o en sus cercanías sus necesidades fisiológicas, ya que se carece de instalaciones sanitarias.

Esta absoluta falta de interés por la suerte de las masas crea una población que no puede consumir muchos de los productos que manufactura. Pero ello importa muy poco a los dueños de las fábricas, quiénes trasladan su mercancía a naciones cuyos habitantes poseen mayor capacidad de compra.

Sin embargo, creo que tarde o temprano esta espiral se volverá en sentido inverso y las consecuencias serán devastadoras. No nada más en México, sino en cualquier lugar en que los humanos sean explotados.

Revoluciones y guerras civiles son inevitables, así como las guerras entre las naciones mientras los que "tienen" sigan explotando a los que "no tienen", con el disfraz de proporcionarles oportunidades.

Aferrarse a la riqueza y a los recursos se ha institucionalizado de modo tal, que hoy el modelo parece aceptable aún para algunas personas de amplio criterio, que ven en él simplemente una economía de mercado abierto.

El caso es que solamente el poder en manos de las personas y de las naciones ricas del mundo permite que este engaño, que esta ilusión de justicia, sea posible. Ciertamente, no es justo que las mayorías estén sometidas y, no obstante, deseen lograr lo que ya tienen ahora las naciones poderosas.

El sistema de gobierno que describí cambiaría drásticamente el equilibrio de poder y lo quitaría a los ricos para darlo a los pobres, obligando así a que los recursos sean compartidos con más justicia.

Eso es lo que temen los poderosos.

Sí. La solución a corto plazo al crecimiento del mundo podría muy bien ser una nueva estructura social, un gobierno nuevo y de corte mundial. Entre los lectores habrá líderes con la perspicacia y el valor suficientes para proponer el comienzo de este orden mundial nuevo. George Busch, a quién la historia juzgará como un hombre de mayor sapiencia, visión, compasión y valor que la sociedad contemporánea hubiera querido admitir, fue un líder así. También lo fue Mijail Gorbachov, presidente del Soviet Supremo de la URSS, el primer jefe de estado comunista en ganar el Premio Nobel de la Paz, hombre que propuso enormes cambios políticos que dieron fin, de hecho, a la llamada Guerra Fría. En el mismo plano se sitúa el presidente Carter, que indujo a Menajem Begin y a Anwar el-Sadat a firmar acuerdos que nadie antes había jamás soñado, y que, mucho después de su gestión presidencial, evito en el mundo la confrontación violenta una y otra vez mediante la enunciación simple de una verdad igualmente simple. Ningún punto de vista u opinión es más valioso que otro para ser escuchado; ningún ser humano tiene menos dignidad que otro.

No deja de ser interesante que estos valerosos líderes, que en su tiempo libraron al mundo de la guerra, y apoyaron y propusieron grandes movimientos contra la estructura política prevaleciente, actuaron solamente por un plazo breve, ya que los desplazaron aquellos a quienes habían querido elevar. Increíblemente populares en todo el mundo, en sus países fueron rotundamente rechazados. Se dice que nadie es profeta en su tierra. En el caso de estos hombres, ello se debió a que su visión estaba a miles de kilómetros delante de sus pueblos, los cuales sólo podían ver intereses muy limitados y circunscritos, y únicamente imaginar las pérdidas resultantes de esas visiones amplias.

Del mismo modo, todos los líderes que se atrevieron a apretar el paso y a querer dejar atrás la opresión de los poderosos, acabaron siendo vejados y desalentados.

Por consiguiente, la situación no cambiará sino hasta que se aplique una solución a largo plazo que no es política. Esta solución a largo plazo, la única que es real, es una Nueva Consciencia y una Nueva Percepción. Una percepción de Unidad y una consciencia de Amor.

El incentivo para tener éxito, para hacer lo mejor de la propia vida, no debe ser un premio o recompensa económica o materialista. No se trata de eso. La mala colocación de esta prioridad crea todos los problemas de que nos hemos ocupado aquí.

Cuando el incentivo de grandeza no sea económico, cuando la seguridad económica y las necesidades materiales estén garantizadas para todo el mundo, entonces el incentivo no desaparecerá, pero sí será diferente, aumentará en cuanto a vigor y a determinación, y producirá grandeza verdadera, no el tipo de "grandeza" transparente y transitoria que producen los incentivos actuales.

Pero, ¿por qué vivir una vida mejor, crear una vida mejor para nuestros hijos no es un buen incentivo?

"Vivir una vida mejor" es un buen incentivo. Crear una "vida mejor" para nuestros hijos es un buen incentivo, pero cabe preguntarnos: ¿qué crea una "vida mejor"?

¿Cómo defines "lo mejor"? ¿Cómo defines "vida"?

Si defines "mejor" como mayor, buenísimo, más dinero, poder, sexo y posesiones (casas, automóviles, ropa, colecciones de CD, etcétera)... y si defines a la "vida" como el período que transcurre entre el nacimiento y la muerte en su existencia actual, entonces no estarás haciendo nada para salir de la trampa que creó la propia situación de este planeta.

Pero si defines "mejor" como una experiencia más amplia y como una experiencia más generosa de nuestro grandioso Estado del Ser, y a la "vida" como un proceso de Ser eterno, constante, sin fin, lo más probable es que hallemos nuestro camino.

Una "vida mejor" no se crea mediante la acumulación de bienes materiales. Casi todos lo saben, todos dicen que lo entienden, pese a lo cual sus vidas - y las decisiones que toman y que los impulsan - tienen mucho que ver con esos bienes.

Se esfuerzan por tener cosas, trabajan por ellas, y cuando consiguen lo que quieren, nunca lo dejan ir.

El incentivo para la mayo parte de la humanidad es lograr, adquirir, obtener cosas. Aquellos a quienes no les interesan, las dejan ir con facilidad.

Debido a que nuestro actual incentivo de grandeza está relacionado con la acumulación de todo aquello que el mundo nos ofrece, lograrlo implica diversas etapas de lucha. Grandes porciones de la población siguen esforzándose por lograr la simple supervivencia física. Cada día está lleno de momentos de ansiedad, de medidas desesperadas. La mente se enfoca en cuestiones básicas, vitales. ¿Tendremos suficiente comida? ¿Abrigo, protección? ¿No pasaremos frío? Masas enormes siguen preocupándose diariamente por estas cuestiones; son millares las que mueren cotidianamente sólo por falta de comida.

Cantidades menores de personas pueden sobrevivir razonablemente con los elementos básicos de sus vidas, pero luchan por conseguir más, una pequeña cantidad de seguridad, un hogar decoroso, un mañana mejor. Trabajan duro, se esfuerzan por el como y el si seguir adelante. Su mente está ocupada con consideraciones urgentes, dolorosas.

Son muchísimo menos los que tienen todo lo que necesitan, ciertamente, todo aquello que los otros dos grupos anhelan, pero, es sorprendente, muchos de este último grupo siguen pidiendo más todavía.

Sus mentes están preocupadas con retener todo aquello que han adquirido y con acrecentar lo que tienen.

Ahora bien, además de estos tres grupos, hay un cuarto. Es el menos numeroso. De hecho es muy pequeño.

Este grupo se ha liberado de la necesidad de las cosas materiales. Le importan la verdad espiritual, la realidad espiritual, la experiencia espiritual.

Los miembros de este grupo ven la vida como un encuentro espiritual, como un viaje del alma. Responden a todos los hechos humanos dentro de ese contexto. Retienen a toda la experiencia humana en el seno de ese paradigma. Su lucha tiene que ver con la búsqueda de Dios, con la realización del Yo y con la expresión de la verdad.

Conforme evolucionan, esta lucha deja de ser una lucha y se convierte en un proceso, un proceso de Autodefinición (no autodescubrimiento), de Crecimiento (no aprendizaje), de Ser (no hacer).

La razón de buscar, esforzarse, indagar, trabajar duro y tener éxito se torna totalmente diferente. Cambió la razón de hacer algo, y con ello cambia igualmente el hacedor. La razón se convierte en el proceso, y el hacedor se convierte en ser pleno.

Sea como fuere, antes, la razón para alcanzar, para luchar, para trabajar duro toda nuestra vida fue proporcionarnos cosas materiales; ahora la razón es experimentar cosas celestiales.

Dado que anteriormente los intereses fueron sobre todo intereses del cuerpo, ahora los intereses son principalmente el alma.

Todo se mueve, todo cambia. Al cambiar el propósito de la vida, consiguientemente cambia la propia vida.

El "incentivo de grandeza" cambió, y, así, desaparece la necesidad de codiciar, de adquirir, de proteger y de aumentar nuestras posesiones mundanas.

La grandeza ya no se mide por cuanto se acumula. Aplicándolo al mundo, los recursos se considerarían correctamente como pertenecientes a todos los habitantes de la Tierra. En un mundo bendecido con abundancia suficiente, se satisfarían las necesidades básicas de todos.

Todo el mundo lo querría así. Ya no habría necesidad de someter a alguien a un impuesto involuntario. Todos cederían voluntariamente 10 por ciento de sus cosechas y de su abundancia para programas de apoyo a quienes tienen menos. Ya no se vería que otros murieran de hambre por falta de comida; la cuestión sería contar con suficiente buena voluntad para crear un mecanismo político por medio del cual la gente pudiera obtener alimento.

Obscenidades morales como las que son comunes en esta sociedad primitiva borrarán para siempre el mismo día en que se cambie el incentivo por grandeza y la definición de él.

He aquí el nuevo incentivo: Volver a ser aquello para lo que fueron creados, nada menos que la imagen física de la Deidad Misma.

Cuando ustedes decidan ser Quiénes Son Realmente - Dios hecho manifiesto -, nunca más obrarán de un modo impío, malvado. Ya no será necesario que usen letreros en las defensas de sus automóviles que digan:

DIOS ME LIBRE

DE TUS SEGUIDORES

 

 
 
 

 

     
         
         
       
       
       

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