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CÓMO LA EMPATÍA LLEVA A LA FE

 

    La fe funciona, pero no temas dudarlo. Los científicos, entrenados como están para ser escépticos, con frecuencia son los últimos en creer en el poder curador de los conceptos intangibles como la fe, la esperanza, el perdón y la empatía. Piden pruebas antes de creer.

         David Spiegel, un psiquiatra de la Universidad de Stanford, estaba buscando eso mismo cuando decidió estudiar el efecto de las intervenciones psicosociales en mujeres con cáncer de mama metastásico. Frecuentemente confundido con Bernard Spiegel, doctor en medicina, que sostiene en libros de éxito como LOVE, MEDICINE AND MIRACLES que los factores sociales y psicológicos pueden prolongar la vida, Spiegel comenzó su experimento con la intención de refutar tales ideas.

El estudio incluía seis mujeres que tenían cáncer de mama avanzado. Las mujeres fueron asignadas a dos grupos al azar, ambos recibieron tratamiento de rutina contra el cáncer (radiación y quimioterapia), pero un grupo también se reunió durante 90 minutos una vez por semana a lo largo de un año.  

   En esas sesiones de grupo las mujeres hablaban sobre su enfermedad y los efectos en su vida, se ayudaban unas a otras a enfrentar la amenaza de la muerte, compartían su dolor y la gratitud por cada momento de su vida. La fuerte relación grupal las ayudó a aliviar la aislamiento social que experimentaban como víctimas de cáncer.

        Cinco años después de que comenzara el estudio, el doctor Spiegel recibió los primeros gráficos impresos de las ‘curvas de asistencia’ realizadas informáticamente; mostraban el número de mujeres que aún vivían en un momento dado. Quedó literalmente sacudido.

       ‘Tuve que sentarme cuando vi el primer gráfico (más tarde recibiría cientos de ellos). Las dos curvas de supervivencia se superponían al principio, pero pasados los veinte meses se separaban de manera acentuada. A los cuatro años de que las mujeres comenzaran a ser objeto del experimento, resultó que todas las que pertenecían al grupo de control habían muerto, pero un tercio completo de las pacientes que habían recibido terapia de grupo todavía vivían... En otras palabras, como promedio, las pacientes que habían estado en el programa de tratamiento experimental desde que empezó el experimento habían vivido el doble que las del grupo de control. Esta diferencia era tan significativa que el análisis estadístico fue casi innecesario: sólo había que mirar las curvas de los gráficos. ¡Y yo había estado esperando que no habría diferencia alguna!’

        Al final del experimento, el doctor Spiegel tuvo la prueba que necesitaba para establecer con confianza que las relaciones estrechas en las que está presente el amor pueden prolongar y mejorar la vida. Su fe en esta verdad no llegó automáticamente. De hecho, tuvo que ver los datos con sus propios ojos. Pero como había dudado y después había visto, su fe no podía ser sacudida.

 

 
 

     

 
 
 

 

     
         
         
       
       
       

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