Llama Violeta

Llama Violeta


 
 
 
 
 
 
 

En el Valle de las sombras
Dr. Carl Sagan -
10 de marzo de 1996 - Parade Magazine.

 

Cuatro veces hasta hoy he mirado a la Muerte a la cara. Y cuatro veces la Muerte ha retirado su mirada y me ha dejado pasar. En cualquier caso, por supuesto, la Muerte de reclamara -tal como hace con todos nosotros. Es sólo una cuestión de cuando y como.

He aprendido mucho sobre nuestros encuentros -especialmente sobre la belleza y dulce patetismo de la vida, sobre el valor inapreciable de amigos y familia, sobre el poder de transformación del amor. De hecho, morir es casi positivo, una experiencia que fortalece a la persona y que yo recomendaría a todo el mundo -excepto, por supuesto, por el elemento inevitable de riesgo.

Me encantaría creer que cuando muera viviré de nuevo, que alguna parte de mis pensamientos, sentimientos o recuerdos continuarán. Pero a pesar de lo que me gustaría creerlo, y de las antiguas tradiciones culturales a lo largo de todo el mundo que aseguran la vida tras la vida, no se de nada que me sugiera que esto es algo más que una forma de pensar optimista.

Quiero envejecer con mi mujer, Annie, la cual adoro. Quiero ver a mis jóvenes hijos crecer y quiero jugar un papel en su desarrollo personal e intelectual. Quiero conocer a mis nietos aun no concebidos. Hay problemas científicos, de cuyos descubrimientos querría ser testigo -como la exploración de muchos de los mundos de nuestro sistema solar y la búsqueda de vida exterior. Quiero aprender como funcionan las mayores cuestiones en la historia de la humanidad, preocupantes o esperanzadoras: los peligros y promesas de la tecnología; la emancipación de la mujer; el crecimiento y ascendencia económica y tecnológica de china; los vuelos interestelares.

Si hubiera vida tras la muerte, no importaría morir, satisfaría la mayoría de esas profundas curiosidades. Pero si la muerte no es más que el fin, el sueño sin sueños, esto no sería más que un desesperado anhelo. Quizás esta perspectiva me de una pequeña motivación extra para permanecer vivo.

El mundo es tan exquisito, con tanto amor, que no hay razón para engañarnos con bonitas historias para las cuales hay bien pocas evidencias. Es mucho mejor, me parece a mi, que en nuestra vulnerabilidad, miremos a la Muerte a la cara y seamos agradecidos cada día por la breve pero magnífica oportunidad que la vida nos ofrece.

Tengo cerca de mi espejo, de tal forma que la veo todas las mañanas, una postal. En la parte de atrás hay escrito a lapiz un mensaje al Sr. James Day, en el Valle Swansea, Gales. Dice:

Querido amigo,

Solo una linea para mostrar que estoy vivo y coleando, y envejeciendo. Es una invitación.

Con cariño.

WJR

Está firmado con las casi indescriptibles iniciales de William John Rogers. En la parte de delante hay una foto en color de un vapor, con cuatro chimeneas llamado "White Star Liner Titanic". El matasellos fue impreso el día antes de que el gran barco se hundiera, con más de 1500 vidas, incluida la de Mr. Rogers. Annie y yo la miramos por una razón. Sabemos que "envejeciendo" puede ser el estado más temporal e ilusorio. Por eso tenemos esa postal.

Estabamosmos en aparente buena salud, nuestro niños progresaban. Escribiamos libros, nos embarcamos en ambiciosos proyectos de televisión y cine, leíamos, y yo continuaba relacionado con las más excitantes investigaciones científicas.

Mirando la postal una mañana a finales de 1994, Annie se dio cuenta de una fea marca negro-azulada en my brazo que estaba allí algunas semanas. "¿Por qué no se ha ido?" preguntó. Por su insistencia, y algo reacio (las marchas negro-azuladas no pueden ser nada serio, ¿no?) fuí al médico a hacerme algunos análisis de sangre rutinarios.

Recibimos los resultados y unos días despues estabamos en Austin. El médico estaba preocupado. Claramente debía haber un error del laboratorio. El análisis mostraba la sangre de una persona muy enferma. "Por favor, ", urgió, " hagámoslos de nuevo". No hubo error.

Mis glóbulos rojos, que transportan oxígeno por todo el cuerpo, y mis glóbulos blancos, que luchan contra las enfermedades, estaban severamente agotados. La explicación más probable: había un problema con las células primarias. El origen común de ambos glóbulos, blancos y rojos, que se generan en la médula ósea. El diagnóstico fue confirmado por expertos en la materia. Tenía una enfermedad de la que nunca había oido hablar: mielodisplasis. Su origen es desconocido. Si no hacía nada, estaba conmocionado al descubrirlo, mis esperanzas eran cero. Estaría muerto en seis meses. Todavía me sentía bien -quizás un poco mareado de vez en cuando. Era activo y productivo. Pensar que estaba a las puertas de la muerte parecía una broma grotesca.

Sólo había un tratamiento conocido que podría curarme: un transplante de médula. Pero esto sólo funcionaría si encontraba un donante compatible. Incluso entonces, mi sistema inmunitario debería haber sido enteramente suprimido para que la médula del donante no fuera rechazada por mi cuerpo. De cualquier modo, una supresión inmunitaria severa podría matarme de varias formas adicionales -por ejemplo, limitando mi resistencia a la enfermedad .... podría caer presa de cualquier microbio. Por un momento, pensé sobre no hacer nada y esperar que la investigación médica encontrara una nueva cura. Pero esta era una esperanza mínima.

Todas nuestras averiguaciones sobre donde ir convergieron en el Centro Fred Hutchinson de Investigación del Cancer, uno de los centros punteros para transplantes de médula en el mundo. Es donde muchos expertos en el campo cuelgan sus batas -y sobre todos ellos E. Donnall Thomas, ganador del Nobel de Medicina de 1990 por perfeccionar las técnicas actuales de transplante de médula. La alta profesionalidad de los doctores y enfermeras, sus excelentes cuidados, justificaban sobradamente los consejos que recibimos sobre ser tratado en "el Hutch".

El primer paso era ver si podíamos encontrar un donante. Algunos no encuentran uno nunca. Annie y yo llamamos a mi única hermana, Cari. Fuí elusivo e indirecto, Cari ni siquiera supo que estaba enfermo. Antes de que llegara al asunto, dijo, "Lo tienes. Lo que sea... hígado ...pulmón... es tuyo", aun se me pone un nudo en la garganta cada vez que pienso en la generosidad de Cari.

Pero, por supuesto, no había garantía de que su médula fuera compatible con la mía. Ella pasó una serie de pruebas, una tras otra, los seis factores de compatibilidad encajaban. Era perfecta. Fuí increiblemente afortunado.

Pero "afortunado" es un término comparativo. Incluso con compatibilidad perfecta, mis posibilidades completas de cura estaban sobre el 30 por ciento. Esto es como jugar a la ruleta rusa con cuatro balas en el cilindro, en lugar de una. Pero era, de lejos, la mejor oportunidad que tenía, y ya me había enfrentado a grandes retos en el pasado.

Toda nuestra familia se mudó a Seattle, incluidos los padres de Annie. Disfrutamos de un flujo constante de visitantes -los niños, mi hijo mayor, otros familiares y amigos- ya en el hospital, ya convaleciente. Estoy seguro que el apoyo y amor recibidos, especialmente por Annie, inclinaron las apuestas a mi favor.

Hubieron, como podreis imaginar, muchos aspectos temibles. Recuerdo una noche, bajo instrucciones médicas, levantándome a las 2 de la madrugada y abriendo el primero de 12 contenedores plásticos de pastillas de busulfano, un potente agente de quimioterapia. La bolsa decía: "Medicina de quimioterapia. Biotóxico. Tóxico. Deshecharlo como BIOTÓXICO". Una tras otra, me tomé 72 de esas píldoras. Una cantidad letal. Si no recibía el transplante pronto tras aquello, esta terapia de supresión inmunitaria podría haberme matado. Era como si tomara uno de esos venenos fatales, arsénico o cianuro, esperando que me pusieran el antídoto a tiempo.

Las medicinas para suprimir mi sistema inmune tenían pocos efectos directos. Estaba en un estado contínuo de nausea moderada, pero fué controlado por otros medicamentos, y no era tan malo como para no poder sobrellevarlo. Perdí casi todo mi pelo -el cual, junto con una pérdida posterior de peso, me dió un aspecto cadavérico. Fue chocante cuando nuestro hijo de cuatro años, Sam, me miró y dijo, "Bonito corte de pelo, papi" y despues, "No se nada de que estas enfermo. Pero se que te vas a poner mejor".

Creía que el transplante en sí mismo iba a ser enormemente doloroso. Nada de eso. Fué como una transfusión de sangre, con las células medulares de mi hermana buscando su lugar en mi propia médula. Algunos aspectos del tratamiento eran muy dolorosos, pero hay una clase de amnesia traumática, tal que cuando todo ha pasado, casi olvidas el dolor. El Hutch tenía una política de drogas auto-administradas, incluyendo derivados de la morfina, de modo que yo podía actuar inmediatamente en caso de dolor severo, lo cual hizo la experiencia mucho más llevadera.

Al final del tratamiento, mis glóbulos rojos y blancos eran principalmente los de Cari. Sus cromosomas sexuales eran XX, en lugar de los del resto de mi cuerpo que eran XY. Tenía glóbulos rojos y blancos, y plaquetas, femeninos circulando por mi cuerpo. Esperaba que me aparecieran alguno de los intereses de Cari -pasión por montar a caballo, o por ver media docena de representaciones de Broadway de golpe- pero esto nunca ocurrió.

Annie y Cari salvaron mi vida. Siembre les estaré agradecido por su amor y compasión. Despues de salir del hospital, necesité toda clase de atenciones médicas, incluyendo la administración de medicamentos varias veces al día a través de un catéter en mi vena cava. Annie fue mi "enfermera dedicada" -medicándome noche y día, cambiando mi ropa, comprobando mis constantes vitales y dándome apoyo. A la gente que llega sola al hospital le dicen, comprensiblemente, que tienen una esperanza mucho menor.

I was, for the moment, spared because of medical research. Some of it was applied research, designed to help cure or mitigate killer diseases directly. Some of it was basic research, designed only to understand how living things work—but with ultimately unpredictable practical benefits, serendipitious results. (¿sugerencias para la traducción?)

Fue sufragado tambien por el seguro médico de la Universidad de Cornell, y (como beneficio matrimonial a través de Annie) por el "Writers Guild of America" -la organización de gionistas de cine, televisión, etc. Hay decenas de organizaciones en América sin tales seguros médicos. ¿Qué hubieramos hecho si estuvieramos en su pellejo?

En mis escritos, he intentado mostrar lo cerca que estamos relacionados con otros animales, cuan cruel es infligirles dolor gratuitamente, y la ruina moral de su matanza para, por ejemplo, fabricar lapiz de labios. Pero aun así, tal como el Dr. Thomas puso en su lectura del Premio Nobel, "El injerto de médula no habría alcanzado aplicación clínica sin investigación en animales, primero ratones de laboratorio y luego en otras especies, en especial el perro." Este tema me causaba un grave conflicto. No estaría vivo hoy si no fuera por la investigación con animales.

Conforme la vida volvía a la normalidad. Annie y nuestra familia volvieron a Ithaca, NuevaYork, donde vivimos. Completé varios proyectos de investigación e hize última revisión de mi libro, "The Demon Haunted World: Science as a Candle in the Dark". Nos entrevistamos con Bob Zemekis, el nuevo director de la película de la Warner Brothers, Contact, basada en mi novela, que estábamos coproduciendo. Empezamos a negociar algunos proyectos nuevos de televisión y cine. Participé en las primeras etapas del encuentro con Júpiter de la nave Galileo.

Pero si hubo una lección que aprendí, es que el futuro es impredecible. Tal como William John Rogers, escribiendo contento su postal en el aire puro del Atlántico Norte, penosamente descubrió, no hay forma de saber que nos trae el futuro, incluso el inmediato. Y así, despues de estar en casa unos meses -creciendo mi pelo, volviendo a mi peso normal, con mis recuentos celulares en rangos normales y yo sientiéndome espléndidamente- otro análisis rutinario de sangre retiró el viento de mis velas.

"Me temo que tengo malas noticias", dijo el médico. Mi médula revelaba la presencia de una nueva población de células peligrosas, reproduciéndose rápidamente. En dos días, la familia entera estaba de vuelta a Seattle. Estoy escribiendo este artículo desde mi cama de hospital en el Hutch. Mediante un procedimiento experimental, se determinó que esas células anómalas carecían de una enzima que las protegría de dos agentes de quimioterapia estandares -medicinas que no me habían dado anteriormente. Tras una sesión con esos agentes, no quedaba en mi médula ni una sóla célula anómala. Estoy en medio de dos sesiones más de quimioterapia, para eliminar todas las que restan en mi cuerpo (pueden ser pocas, pero crecen muy rápidamente), probablemente para ser rescatado con algunas células más de mi hermana. Una vez más, tengo una esperanza real de curarme completamente.

Todos tenemos tendencia a sucumbir en un estado de desesperación por la miopía y la capacidad de destrucción de la especia humana. I’ve certainly done my share (and on grounds I still consider well-based). Pero uno de mis descubrimientos durante mi enfermedad es la extraordinaria bondad de la comunidad, a la que la gente en mi situación debe sus vidas.

Hay más de dos millones de americanos en el registro voluntario del Programa Nacional de Donantes de Médula, todos deseando someterse a una, cuanto menos inconfortable, extracción de médula, para beneficiar a un perfecto extraño. Millones más contribuyen con su sangre a la Cruz Roja americana, por una recompensa no monetaria, ni siquiera un billete, para salvar vidas anónimas.

Científicos y técnicos trabajan años -contra bajas probabilidades, a menudo por bajos salarios, y siempre sin garantía de éxito. Tienen muchas motivaciones, pero una de ellas es la esperanza de ayudar a otros, curar enfermedades, o ... Cuando demasiado cinismo amenaza con engullirnos, es gratificante recordar cuan penetrante es la bondad.

Cinco mil personas rezaron por mi en un servicio en la Catedran de Sr. John the Divine, en la ciudad de New York, la más grande de la cristiandad. Un sacerdote Hindú me contó una larga vigilia de oración mantenida por mi en las orillas del Ganges. El Iman de Norte América me contó sus rezos por mi recuperación. Muchos cristianos y judíos me escribieron para contarme los suyos. Aunque no creo que, si hay un dios, altere sus planes para mí por rezar, estoy mucho más agradecido de lo que pueda decirles a quienes me han apoyado durante mi enfermedad -incluyendo aquellos que nunca he conocido,

Muchos de ellos me han preguntado sobre si es posible enfrentarse a la muerte sin la certeza de una vida posterior. Lo único que puedo decir es que no ha sido un problema. Con reservas sobre "debil espíritu", comparto el punto de vista de un héroe mío (y mío tambien!!!), Albert Einstein: "no puedo concebir un dios que recompensa y castiga a sus criaturas o tiene un deseo de la clase que nosotros experimentamos en nosotros mismos. Tampoco puedo -ni quiero- concebir que un individuo sobreviva su muerte física. Dejad a las almas débiles, desde el miedo por un egoismo absurdo, que acaricien tales pensamientos. Estoy safisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y de ojear a maravillosa estructura del mundo, junto con la esforzada dedicación a comprender una porción, aun pequeña, de la Razón que se manifiesta a sí misma en la naturaleza."

( A. Einstein: "I cannot conceive of a god who rewards and punishes his creatures or has a will of the kind that we experience in ourselves. Neither can I—nor would I want to—conceive of an individual that survives his physical death. Let feeble souls, from fear for absurd egotism, cherish such thoughts. I am satisfied with the mystery of the eternity of life and a glimpse of the marvelous structure of the existing world, together with the devoting striving to comprehend a portion, be it ever so tiny, of the Reason that manifests itself in nature.")

 
 
 

 

     
         
         
       
       
       

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