Llama Violeta

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EL LIBRITO

AZUL

CAPITULO I

CRISTIANISMO DINÁMICO

 

Conny Méndez

 

 

 

CAPITULO I

 

Antes de emprender cualquier oficio que sea, el candidato que lo va desempeñar recibe instrucciones o estudia la técnica del mismo. Sin embargo hay uno que emprende su cometido totalmente a ciegas, sin instrucciones, sin téc­nica, sin brújula, compás o diseño, sin nociones de lo que va a encontrar. Es el ser humano; que es lanzado a la tarea de VIVIR.

Sin saber siquiera qué cosa es La Vida; sin saber por qué algunas vidas transcurren en medio de la opulencia y las satisfacciones mien­tras otras las pasan en la miseria y el sufrimien­to. Unas se inician con todas las ventajas que pueda idear el afecto y, sin embargo, las persigue un atajo de calamidades; y el ser humano se debate en conjeturas, todas erradas, y llega el día de su muerte sin que él haya adivinado, siquiera, la verdad respecto a todo esto.

Aprende la Gran Verdad: LO QUE TU PIENSAS SE MANIFIESTA. "Los pensamientos son cosas". Es tu actitud la que determina todo lo que te sucede. Tú propio concepto es lo que tú ves, no solamente en tu cuerpo y en tu carác­ter, sino en lo exterior; en tus condiciones de vida: en lo material, sí, tal como lo oyes. Los pensamientos SON COSAS. Ahora verás.

Si tú tienes costumbre de pensar que eres de constitución saludable, hagas lo que hagas, siempre serás saludable. Pero cambias tu manera de pensar; te dejas infundir el temor de las enfermedades y comienzas a enfermarte. Pierdes la salud. Si naciste en la riqueza, es posible que siempre seas rico; a menos que alguien te con­venza de que existe "el destino" y comiences a creer que el tuyo puede cambiar de acuerdo con los "golpes y reveses" porque así lo estás creyen­do. Tu vida, lo que te ocurre, obedece a tus creen­cias y a lo que expreses en palabras. Es una ley. Un principio ¿Sabes lo que es un Principio? Es una ley invariable que no falla jamás. Esta ley se llama EL PRINCIPIO DE MENTALISMO.

Si en tu mente está radicada la idea de que los accidentes nos acechan a cada paso; si crees que "Los achaques de la vejez" son inevitables; si estás convencido de tu mala o buena suerte; lo que quiera que tu esperes normalmente, en bien o en mal, esa es la condición que verás mani­festarse en tu vida y en todo lo que haces. Ese es el por qué de lo que te ocurre.

No se está jamás consciente de las ideas que llenan nuestra mente. Ellas se van formando de acuerdo con lo que nos enseñan, o lo que oímos decir. Como casi todo el mundo está ignorante de las leyes que gobiernan la vida, leyes llamadas "de la Creación", casi todos pasamos nuestra vida fabri­cándonos condiciones contrarias; viendo tornarse malo aquello que prometía ser tan bueno; tantean­do, como quien dice, a ciegas, sin brújula, timón, ni compás; achacándole nuestros males a la vida mis­ma, y aprendiendo a fuerza de golpes y porrazos; o atribuyéndoselos a "la voluntad de Dios".

Con lo que hasta aquí has leído, te habrás da­do cuenta de que el ser humano no es lo que le han hecho creer, o sea, un corcho en medio (te una tempestad, batido aquí y allá según las olas ¡ ¡Nada de eso! Su vida, su mundo, sus circunstan­cias, todo lo que él es, todo lo que le ocurre son creaciones de él mismo y de nadie más. El es el rey de su imperio y si su opinión es, precisamente, que él no es sino un corcho en medio de una tempes­tad, pues así será. El lo ha creído y permitido.

Nacer con libre albedrío significa haber sido creado con el derecho individual de escoger. Esco­ger ¿qué? El pensar negativa o positivamente. Pesi­mista u optimistamente. Pensando lo feo y lo malo —qué produce lo feo y lo malo— o pensando lo bueno y bello, que produce lo bueno y bello en lo exterior o interior.

La Metafísica siempre ha enseñado que lo que pensamos a menudo pasa al subconsciente y se es­tablece allí actuando como reflejo. La psicología moderna, al fin, lo ha "descubierto".

Cuando el ser humano se ve envuelto en los efectos de su ignorancia, o sea que se ha produ­cido él mismo una calamidad, se vuelve hacia Dios y le suplica que lo libre del sufrimiento.

El hombre ve que Dios le atiende a veces y que otras veces, inexplicablemente no atiende. En este último caso es cuando sus familiares lo con­suelan diciéndole que "hay que resignarse an­te la voluntad de Dios". Es decir, que todos dan por sentado que la voluntad del Creador es mala Pero al mismo tiempo, la religión ense­ña que Dios es nuestro Padre. Un Padre Todo Amor Bondad, Misericordia. Todo Sabiduría y Eterno ¿ Estás viendo cómo no concuerdan estas dos teorías? Te parece de sentido común que un padre todo amor, e infinitamente sabio, pueda sen­tir Y expresar mala voluntad hacia sus hijos? Nosotros, padres y madres mortales, no sería­mos jamás capaces de atribular a ningún hijo con los crímenes que le atribuimos a Dios! ¡Noso­tros no seríamos capaces de condenar a fuego eterno a una criatura nuestra, por una falta natural de su condición mortal, y consideramos que Dios es capaz! Es decir, que sin que nos demos cuenta clara de ello, le estamos atribu­yendo a Dios una naturaleza de magnate ca­prichoso, vengativo, lleno de mala voluntad, pendiente de nuestra menor infracción para atestarnos castigos fuera de toda proporción!

Es natural pensar así cuando nacimos, vivi­mos ignorando las reglas y las leyes básicas de la vida.

Ya dijimos la razón de nuestras calamidades. Las producimos con el pensamiento. En esto es que somos "imagen y semejanza" del Creador. Somos creadores. Los creadores, cada cual, de su propia manifestación.

Ahora, ¿por qué es que Dios parece atender a veces, y otras no? Ya verás. La oración es el pensamiento más puro y más alto que se pue­de pensar. Es polarizar la mente en el grado más altamente positivo. Son vibraciones de luz que lanzamos cuando oramos, o sea, cuando pensamos en Dios. Esas vibraciones tienen que transformar instantáneamente, en perfecto y be­llo, todas las condiciones oscuras que rodean, como cuando se lleva una lámpara a una habita­ción que esté en tinieblas. Siempre que el que esté orando piense y crea que ese Dios a quien le pide es un Padre amoroso que desea dar todo lo bueno a su hijo. En ese caso. Dios siempre "atien­de" ¿Pero cómo, por lo general, la humanidad tie­ne costumbre de pedir así: "Ay, Papá Dios, sácame de este apuro, que yo sé que vas a pensar que no me conviene porque tú quieres imponerme esta prueba"! En otras palabras, ya negó toda posibili­dad de recibirlo. Tiene más fe en ese Dios que nos enseñaron, caprichoso, vengativo, lleno de mala voluntad, que no está sino atisbando a que co­metamos la primera infracción para atestarnos cas­tigos de una crueldad satánica! Pues el que así pide no recibe sino de acuerdo a su propia imagen de Dios. Es tan sencillo como te lo digo. Ahora no vuelvas a olvidar jamás que la voluntad de Dios para ti es el bien, la salud, la paz, la felici­dad, el bienestar, todo lo bueno que El ha creado. No vuelvas a olvidar jamás que Dios no es ni el juez, ni el policía, ni el verdugo, ni el tirano que te han hecho creer. La Verdad es que El ha creado siete leyes. Siete Principios que funcionan en todo y siempre. No descansan un solo minuto. Se encargan de mantener el orden y la armonía en toda la Creación. No se necesitan policías en el espíritu. Aquel que no marcha con la ley se castiga él mismo. (Lo que piensas se manifiesta de manera que aprende a pensar correctamente y con la ley para que se manifieste todo lo bueno que Dios quiere para ti).

 

 

San Pablo dijo que Dios está más cerca de nosotros que nuestros pies y nuestras manos, más aún que nuestra respiración; de manera que no hay que pedirle a gritos que nos oiga. Basta con pensar en El para que ya comience a componerse lo que parece estar descompuesto. El nos creó. El nos conoce mejor de lo que nos podemos conocer nosotros. El sabe  por qué actuamos de esta o aquella manera, y no espera que nos comportemos como santos cuando apenas estamos aprendiendo a caminar en esta vida espiritual.

 

Voy a rogarte que no creas nada de lo que te estoy diciendo sin primero comprobarlo. Es tu derecho divino y soberano. No hagas lo que has hecho hasta ahora, aceptar todo lo que oyes y todo lo que ves sin darte la oportunidad de juzgar entre el bien y el mal.

 

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