Llama Violeta

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Mensajeros del Absoluto
Jorge Olguín y Horacio Velmont


JORGE RAÚL OLGUÍN

EL CIELO RESPONDE II

Conversaciones con el Absoluto

 Editorial Obnosis

Órgano de difusión del Grupo Elron

¿Qué dosis de verdad puede soportar un hombre?

                                      Friedrich Nietzsche

 
 

PRÓLOGO

 

Por Jorge R. Olguín

 

Las verdades más sencillas  son aquellas

a las que el hombre llega más tarde. Ludwig Feuerbach

 

Cuando mi Maestro, el Iluminado Jesús, dijo "dejad que los niños vengan a mí ", quiso decir en realidad que para comprender sus enseñanzas había que dejar de lado todas las ideas preconcebidas para poder ver las cosas tal como son en realidad.

Por eso, si por un instante nos volvemos niños, podremos aceptar, como la cosa más natural del mundo, que es el propio Creador el que se ha comunicado y que los diálogos que figuran en esta obra son reales.

En verdad, en última instancia las cosas son muy simples, y solamente el hombre las complica.

A alguien alguna vez se le ocurrió que Dios necesitaba intermediarios e inventó la iglesia, y así surgieron las religiones. Esto no fue más que una forma de manipular a la humanidad: “Nadie puede comunicarse con Dios si no es por intermedio de nosotros”, dijeron. Y por supuesto agregaron: “La única verdad que existe es la nuestra”.

Más tarde, además de mandar a la hoguera a mucha gente que pensaba distinto, también inventaron las plegarias, que no son otra cosa que pedidos a Dios para que nos conceda algo que anhelamos.

Pero lo absurdo no está en la imposibilidad de comunicarse con el Creador, sino en la imposibilidad de que nos conceda todo lo que le pedimos, porque aun el mismo Absoluto está limitado por sus propias reglas. 

Ustedes tienen el privilegio de estar entre los primeros seres humanos que conocen este material. Por algo será. Quizás se hayan ganado el derecho. Como nos lo dijera el propio Creador, nada es casual y todo tiene un por qué.

Cuando lean estos diálogos, les ruego que tengan en cuenta lo siguiente:

1) Es el médium quien, a través de su decodificador, traduce los conceptos espirituales a palabras. Por eso es importante que traten de captar el espíritu que está detrás de la letra, recordando el antiguo refrán esotérico que dice que “las palabras velan”.

2) Ningún ser encarnado, sea de este planeta o de cualquier otro planeta del universo, es sabio en todas las materias. Nadie, salvo el Absoluto, sabe todo de todo. Esto significa que si el médium contesta dando datos verdaderos a todo lo que se le pregunta, no es él en realidad el que responde.

Desde ya que mayor disparate aún sería pensar que un médium pueda ser la reencarnación de Dios. Ni siquiera el Maestro Jesús lo fue, pero como extraordinario médium que era, sin dudas el más grande de todos, tradujo con suma fidelidad las enseñanzas del Padre.

Esto también da por tierra cualquier idea de que el médium pueda estar inventando todo, simplemente porque este tipo de respuestas no se pueden inventar. No existe, reitero, el ser humano que tenga todas las respuestas.

En todos estos años he transmitido, o mejor dicho traducido, conceptos espirituales de muchísimas entidades, terrestres y extraterrestres, incluso de los niveles más altos, como las Energías divinas, los elohim y las Esencias. Y muchas veces, ante una pregunta de quien oficia de interlocutor, el profesor Horacio Velmont, manifestaron con toda sencillez y honestidad que no tenían la respuesta.

Esas mismas preguntas el propio Horacio Velmont se las hizo a Eón, y éste las respondió de inmediato. Esto es muy importante para tener en cuenta cuando cada uno evalúe, de acuerdo a su libre albedrío, el verdadero origen de los mensajes. 

Y concluyo aquí este prólogo para darle cabida a los diálogos, después de una breve introducción del profesor Velmont y de mi propia hija, ya que son ellos mismos los que en definitiva tienen que dar testimonio de la verdad.

 

 

EL HUMOR DEL ABSOLUTO

por Horacio Velmont

 

Es más fácil desintegrar un átomo

que un preconcepto. Albert Einstein

 

El humor, como el amor,

forman parte de la Creación. Eón

 

El día 30 de agosto de 2001 fue para la humanidad un sublime hito. Por primera vez en su historia se comunicó, a través de un médium, el propio Absoluto, aquel que el Maestro Jesús, hoy Logos Solar y regente de la Jerarquía Planetaria, llamó el Padre, y que ha sido denominado de infinitas maneras, Dios, Creador, Todopoderoso, Supremo, etc.

Ante nosotros se presentó como Eón, sugerente nombre porque significa “tiempo”, “eternidad”.

Quizás muchos se extrañen de que se haya comunicado, pero en realidad, si se piensa, lo extraño sería que no lo hubiese hecho.

Desde el Big Bang hasta la fecha ha transcurrido la friolera de casi 15.000 millones de años –es decir que está próximo el momento en que el universo comience a contraerse–, y sería bastante absurdo creer que haya que esperar una suma igual o mayor para que recién, cuando el universo colapse en el Big Crunch, el Creador se digne hacerse presente y nos explique de una vez por todas la verdad de nuestra existencia.

¿Además, quién no ha soñado alguna vez con la oportunidad de sugerirle al Supremo que ponga más atención cada vez que crea un universo, o que la próxima vez no haga nada sin primero consultarnos?

Pues ahora esa oportunidad existe, y si el Creador nos hace caso, que para algo tiene que servir la experiencia que tendremos al final de los 40.000 millones de años de evolución, quizás el próximo Big Bang sea verdaderamente una obra de la cual Él (o quizás Ella, quién sabe) pueda sentirse verdaderamente orgulloso.

Algunos pensarán que un preámbulo matizado con humor, en una obra de tamaña magnitud como lo es ésta, constituye toda una irreverencia, pero quienes así piensan se olvidan que el Creador es el Supremo Humorista, siendo mi pequeño humor nada más que un humilde homenaje.

Y si alguno duda del gran humor del Creador, basta pensar que solamente a un gran humorista pudo habérsele ocurrido crear a la raza humana… ¿o me equivoco?   ;-)

 

   

 

LO QUE IMPORTA ES EL MENSAJE

Por Jesica Olguín

 

Dar un nuevo paso ... es lo que

la gente más teme. Dostoyevski

 

Como siempre ocurre con los seres humanos, habrá quienes, haciendo gala de su escepticismo inherente, lean estos diálogos y los rechacen de plano aduciendo que es una imposibilidad que el Creador se haya comunicado.

También habrá quienes acepten los mensajes como verdaderamente provenientes del Supremo Hacedor, pero estos afortunados seguramente serán los menos.

Y digo afortunados porque parto de la base de que su creencia tiene cierta dosis de comprensión surgida de la inteligencia y no de la ingenuidad surgida de la ignorancia.

Y también habrá, finalmente, quienes se muestren dubitativos sobre si es o no el Absoluto quien se ha manifestado a través de la mediumnidad de quien, en esta vida, asumió para mí el rol de padre, y a quien ustedes conocen como el profesor Jorge Olguín.

Un escritor alemán dijo una vez que si Jesús no hubiese existido y sus mensajes  hubieran sido inventados, el resultado final sería el mismo, porque lo que vale es el mensaje y no quien lo brinda. Y esto no va en desmedro del querido Maestro, porque el propio Jesús siempre dijo que sus enseñanzas no eran de él sino de quien lo había enviado.

Ahora supongamos que mi padre tenga mucha inventiva y se “imagina” los mensajes. Dejando de lado la imposibilidad de que alguien, salvo el propio Absoluto, tenga todas las respuestas, el resultado final sería el mismo, porque la única pregunta válida que habría que hacerse, no es si es o no es el Creador el que se ha comunicado, sino si el mensaje tiene o no tiene valor.

Si el mensaje no tiene valor, es obvio que no tiene importancia alguna   especular sobre quien lo haya dado. Y si el mensaje tiene valor, tampoco importa quien fue el autor, porque el mensaje valdrá por sí mismo.

De cualquier manera, humildemente pienso que sólo basta un poco de sentido común para darse cuenta de que únicamente el propio Creador pudo dar esas respuestas que la humanidad ha anhelado conocer desde el principio de los tiempos: quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

 

 

COMENTARIOS SOBRE LA OBRA

 

Querido profesor Olguín:

No puedo explicar con palabras lo que he sentido al leer El Cielo Responde II, porque todo lo que se escribe allí es una Bendición para la Humanidad, de la cual nunca esperé ni soñé recibir jamás.

Dios lo Bendiga y que la Luz del Amor se irradie por toda la Humanidad.

Lorena S.

 

Estimado profesor Olguín:

Sencillamente impactante. Le confieso que al principio dudé, pero después me di cuenta que únicamente el propio Absoluto podría haber dado esas explicaciones sobre la Creación y los infinitos Big Bang. Desde ya que espero con ansias los nuevos diálogos. Saludos.

Francisco A.

 

Estimado profesor Velmont:

Cuando recibí el libro no pude dejar de leerlo hasta el final. Mis sentimientos han pasado desde la convicción de que es el Creador el que se ha comunicado hasta la duda más atroz. Pero la solución a tanta incertidumbre me la dio la hija del profesor Olguín, porque en realidad lo único que importa es el mensaje.

Lucy D.

 

Estimado profesor Velmont:

Desde el punto de vista estrictamente racional, uno tendría que rechazar el origen que ustedes le atribuyen a los mensajes. Pero en la historia de la humanidad, los “racionales” de cada época terminaron siendo el hazmerreír de las siguientes.

Esos “racionales” fueron los que condenaron a la hoguera a Giordano Bruno por sostener que el hombre no era la más importante creación de Dios y que existían otros mundos habitados, confinaron a Galileo de por vida por sostener que la Tierra no era el centro del universo y destruyeron públicamente los libros de Allan Kardec porque hablaban de la existencia del mundo espiritual y de la posibilidad de la comunicación con los espíritus…

Y más recientemente podemos citar a Newcomb, sin duda un científico “racional”, que mientras los hermanos Wright ensayaban exitosamente el vuelo en un precario artefacto de tela, madera y alambre, él sostenía públicamente que ninguna máquina más pesada que el aire podría volar. Cuando salió en todos los periódicos de la época la hazaña, sólo atinó a justificarse diciendo que de cualquier manera el invento no tendría ninguna utilidad práctica (?).

¡Dios me libre entonces de pensar que es imposible que Él se haya comunicado con ustedes! Los felicito sinceramente por atreverse a publicar el libro.

Ing. Alberto K.

 

Estimados profesores Jorge Olguín y Horacio Velmont:

Leí el libro que me mandaron simplemente para retribuirles el gesto, porque mi profesión de astrónomo no me permite aceptar este tipo de historias. De cualquier manera, debo decirles, por una parte, que el libro El Cielo responde II supera cualquier obra de ficción, incluso la del propio Julio Verne, y por la otra, que he quedado sumamente pensativo por la especulación que hacen de que hubo innumerables Big Bang y no uno sólo, porque nada obsta a que sea cierto, con lo cual la teoría de Stephen Hawking sería solamente una verdad a medias.

Si ustedes acertaran en esto, sería una ratificación de lo que muchos científicos sostenemos, y me cuento entre ellos, de que a veces la ficción se adelanta a la ciencia.

Amadeo J.  

 

Estimado profesor Velmont:

He leído los diálogos con el Absoluto y todavía no me lo acabo de creer. No porque piense que no es verdad, sino por la emoción que me causa y porque me cuesta asimilar que pueda tener este Tesoro en mis manos.

El  profesor Olguín dice que por algo nos hemos ganado este privilegio. Yo no sé si me lo merezco, pero lo que sí puedo decir, y el  Creador lo sabe, es que más de una vez le dije de corazón que me pusiera en contacto con la verdad, y no me cabe la menor duda de que ésta es su respuesta a mis peticiones.

Voy a estudiar a fondo estos Diálogos, ya que con la emoción y los nervios no los he podido asimilar.

 Mi mas sincera felicitaciones a su grupo, por el valor y el coraje de poner esta Joya al servicio de quienes “ queremos conocer la verdad”.

Un abrazo.

Mª Carmen

 

Estimado profesor Velmont:

Aún no termino de leer todos los libros que me envió por Internet, pero voy en "El Cielo Responde II" y créame que me ha sorprendido mucho el mensaje.

Siempre he tratado de ser objetivo o ser muy racional con lo que leo, pero al leer este libro siento una profunda atracción a seguir haciéndolo y en el fondo de mi corazón lo creo, aunque a veces mi mente racional me dice que no me fíe de todo lo que dice. Sin embargo, es mayor mi tendencia a creer en la comunicación.

Quizás esto se debe a que se me hace increíble que podamos entablar comunicación con seres evolucionados o almas que se encuentran en otro plano. Se me hace increíble que hayan podido dialogar con el alma de Jesús, el Thetán de Juan el discípulo y, aún más, con el Absoluto.

Confieso que lo primero que leí me costó trabajo digerirlo (la arquitectura de la materia, los planos, etc.). De hecho lo leí en pequeñas partes porque había conceptos que a mi mente materialista se le dificultaba asimilar, por ser un conocimiento diferente a lo que estamos acostumbrados a recibir o aprender.

Desde hace tiempo he buscado respuestas a muchas preguntas que he tenido y encontrarme con este mensaje me aclara muchas de ellas. Siempre he pensado que todo debía tener una explicación simple, porque lo simple es lo mejor, pero de pronto encontrar respuestas en forma tan sencilla me hace a veces dudar. ¡Que acostumbrados estamos a ver y hacer las cosas de la forma más complicada! ¡Que razón tiene el Absoluto al afirmar que como raza somos muy infantiles aún!

Pienso que por alguna razón llegaron esos textos a mis manos y le agradezco mucho el habérmelos compartido. Ahora siento el profundo deseo de compartir ese conocimiento con otros y ver a mis semejantes de forma diferente.

Creo que tengo mucho por hacer en esta vida. ¡Creo que es hora de despertar!

Dios los bendiga.

Ing. Agustín M. A.

 

Estimado profesor Velmont:

Le comento que terminé de leer los libros El Cielo Responde, que había bajado hace tiempo de su página web. El libro II es el más interesante, pues las sesiones ¡son con el mismo Dios! (en realidad, según leí, solo una “partícula” de él).

Cada palabra que leía era una cosa nueva que no sabía y ahora sé, respuestas a muchas preguntas que siempre me han intrigado (¿a quién no, las “eternas preguntas” que el hombre se hace?) ¡Si el mundo entero supiera la verdad!. Pero, como dice esa excelente frase al principio del libro: ¿Qué dosis de verdad puede soportar un hombre?

Me pregunto, ¿qué tan preparados estamos los seis mil millones de personas de este planeta para saber la verdad, después de siglos de sólo teorías y mentiras? Imagínese personas tan férreas en sus creencias, tan conservadoras, como los que creen en la virginidad de María y su concepción por el Espíritu Santo, los judíos ortodoxos, y muchos más, que supieran la verdad. ¿Cómo reaccionarían?

 

 

Podría citar la alegoría de la caverna que se habla en el libro La República, de Platón (seguramente la conocerá) donde hombres que solo ven sombras están tan acostumbradas a la oscuridad que rechazan a quien le trae noticias de la luz…

Ariel C.

 

 
 
 
 
 

 

     
         
         
       
       
       

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