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YESHUA

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YESHUA–  Parte 2

 
por Bradley - De: Brian Murphy – Agosto 23, 2004
            Déjenme ahora presentarles a mis maravillosos y terrestres padre y madre, José y María.  José no era un descendiente directo de la Casa de David como ha sido sugerido. Uno de sus ancestros fue un huérfano adoptado por otro ancestro, quien era descendiente en línea directa  del Rey David. María venía de una impresionante línea de mujeres fuertes. Tanto José como María estaban bien educados para su época. María era también una tejedora experimentada y José, por supuesto, un carpintero maravilloso. Y una cosa más, tanto María como José fueron educados también en temas espirituales por los Esenios, una sociedad estoica que vivía no muy lejos de mi hogar, y que entendía, practicaba y enseñaba las Grandes Verdades.
             María y José se conocieron cuando José fue empleado por el padre de María. Él se quedaba ahí, trabajando duro en un banco bajo la parcial sombra de un árbol de olivo, sediento en el sol ardiente. Ella tomaba una taza de agua del aljibe, llevándola cuidadosamente de modo de no derramar nada, y la ofrecía a él, con sus ojos mirando al suelo. Al principio. Pero a medida que los días pasaban y las tazas de agua eran ofrecidas, los dedos se tocaron y se demoraron, los ojos se levantaron y sonrisas fueron ofrecidas. Encontrar al amado y al revoloteo del corazón es una de las grandes bendiciones de toda la creación, y es igual a lo largo de todo el Universo de universos. Y en eso, queridos, yo encuentro un gran consuelo. Luego de un cortejo usual de dos años, ellos se casaron, en la fe Judía, en la casa de María en las afueras de Nazaret.
             Ellos se mudaron a una casa pequeña, de un ambiente, que José había construido, con muebles simples. La casa estaba en la ladera de una colina baja, con vista a un hermoso valle. Detrás de la casa había un área cubierta para los animales y para el horno de barro y el granero. De joven, me levantaba temprano, antes de que el sol saliera, y caminaba hasta la cima de una colina cercana. Me sentaba y esperaba que aquellos primeros rayos del sol de la mañana se alzaran sobre el horizonte, las saetas de las llamaradas blancas y doradas bendiciendo los valles. Incluso a esa edad, sentía una gratitud natural por la belleza y la magnificencia y la perfección de la vida. Saludaba al sol con la mano, volvía y comenzaba los quehaceres diarios de alimentar a los animales, limpiar la paja, guardar los granos y desempolvar, siempre desempolvar. Pero yo amaba eso. Todo eso. Simplemente se sentía bien estar vivo, el tener músculos para trabajar con ellos, y sentidos con los que abrazar la vida.
             En Marzo del año de mi nacimiento, César Augusto decretó que se tomaría un censo de todos los habitantes de Judea con propósitos impositivos. Como sucede comúnmente con una pareja joven, José y María luchaban económicamente y tenían solamente un burro, entonces María y José hicieron el viaje a Belén, así como lo habrán visto pintado incontables veces, José llevando al animal y María, embarazada de mí, montada encima. Y sí, el viaje fue duro y caluroso y polvoriento y ellos se encontraron entre cientos de otros que hacían el mismo viaje. Y sí, todos los alojamientos en Belén estaban completos, y sí, ellos encontraron refugio en un pesebre, pero los pesebres no eran exactamente lo mismo que los establos.
             El ganado era una posesión valiosa y los pesebres eran bastante limpios, y usualmente eran usados por los viajeros para dormir. Yo nací en el “cuarto de arriba” de uno de esos pesebres, que era muy parecido a una posada, llena de peregrinos fatigados por el camino. Una verdad maravillosa que mi nacimiento simbolizaba era que podían surgir grandiosas posibilidades de las situaciones más humildes. Vine al mundo naturalmente, a las doce del mediodía, y como todos ustedes, a través de la fuerza de una madre y con la asistencia de varias otras mujeres viajeras que también estaban parando en el pesebre.
             El Rey Herodes de esa época era un típico regente que no quería que su poder fuera amenazado. Qué raro. Él estaba al tanto de las predicciones astrológicas de mi nacimiento, un nacimiento que los Judíos anunciaban como la venida de un Mesías que los liberaría de su esclavitud. Herodes se tomó esto bastante seriamente, y cuando se enteró de la llegada de los tres Magos, supo que el evento había ocurrido. Como mencioné anteriormente, a los Magos les llevó más de un año alcanzarme luego de haber visto la alineación planetaria por primera vez. Pero los Magos habían sido advertidos, por una presencia angélica, de los futuros planes de Herodes de ver al posible Mesías destruido, y entonces, con el regalo del oro, ellos guiaron a mi padre y a mi madre para que huyeran conmigo a Egipto. Habiendo fracasado en su intento por encontrarme durante ese año, Herodes simplemente hizo el cálculo que para deshacerse de mí, solamente tenía que mandar a matar a todos los niños varones de dos años y menos que hubieran nacido en Belén. Lógica política en su más fría expresión.
             “Pero los Magos habían sido advertidos, por una presencia angélica...” Ven cómo deslicé eso dentro de la narración de los hechos concretos? Sí mis dulces amigos, hay ángeles en el universo. Tienen alas y llevan blancas vestiduras? Si ustedes quisieran... Son masculinos y femeninos? No. El reino angélico es otra dimensión de la creación. Ellos son los... arquetipos de la expresión energética de la inteligencia. Ellos son la conciencia Divina pintada en las pinceladas más amplias. Ellos son los ángeles de la Sabiduría, de la Paz, de la Piedad, del Conocimiento, de la Fe y así. Sobre ellos se encuentra el Reino Arcangélico, que son la primera extensión individualizada de la Conciencia del Creador. Ellos no son seres personales, aunque están llenos de inmenso amor y compasión por toda la creación. Ellos existen solamente para servir a la Fuente, y a su vez, a ustedes. Y sí, cada uno de ustedes tiene una presencia angélica guardiana que se vinculó a ustedes cuando se separaron al principio de la Fuente. Y adivinen que – incluso las hadas y los elfos existen, aunque tal vez, no exactamente como los representó el Sr. Disney.
             Estoy seguro de que hay más de los que quisieran admitirlo, que han tenido un encuentro con uno de estos maravillosos seres. Bien. Deja que todos los demás te llamen loco. Tu sabes. Hay un dicho antiguo de una gran sabiduría: “Como es arriba, así es abajo”. Piensa en ello. Recibirás un gran discernimiento acerca de la naturaleza del universo. Habiendo sido advertidos de los planes de Herodes, María y José me ocultaron en Alejandría, Egipto, muy pocos sabían nuestras verdaderas identidades. Con la noticia de la muerte de Herodes dos años después, embarcamos hacia Joppa y luego viajamos por tierra hasta Nazaret.
             Yo tenía alrededor de tres años cuando, cuatro días más tarde, llegamos de vuelta a nuestro hogar, que había sido ocupado por otros parientes de José. Pronto José tenía trabajo seguro como carpintero y todos nosotros nos establecimos en una vida normal, y bastante feliz.
             Nazaret era un lugar retirado, un remanso, si quieren. Con el tiempo había desarrollado una reputación – no merecida – de ser un pueblo lleno de “pobretones” donde el aburrimiento era el pasatiempo local. Pero yo lo recuerdo como todo lo contrario. Tal es el regalo de la niñez: una pequeña piedra en la palma de la mano es una poderosa arma para abatir a un gigante; un vecino solitario, el destronado rey de Persia! Las acequias eran rugientes ríos y los montículos de canto rodado impenetrables fortalezas. Y los colores y los aromas! Granadas abiertas en el sol del mediodía, escarlatas y jugosas.
             Dátiles cocidos, pegajosamente dulces y con sabor a nueces. Jazmín y comino y miel dorada. Aceitunas negras, ricas y penetrantes y el vino rancio color rojo rubí. Y las personas - ¡sus rostros! Nazaret estaba en medio de varias rutas de comercio y cada día pasaban extranjeros de todos los rincones del mundo con sus magníficos animales, deslumbrantes tejidos y especias aromáticas. Roma, Grecia. Fenicia. Siria. Los idiomas y los tupidos acentos. Las fuertes carcajadas y los regateos belicosos. ¡Y las historias! ¡Las historias! Ciertamente no importaba si eran verdaderas, al menos no para un sorprendido niño de cinco años. Cuentos de batallas distantes y monstruos feroces y opulencias arruinadas.
             Nazaret. Nazaret. Nazaret. ¡El centro mismo del mundo! También fue de esas caravanas viajeras que aprendí mucho de la sabiduría y la fe popular mundial, todas las millones de formas en que la familia humana había elegido expresar su profunda necesidad de conectarse con algo más grande que ellos mismos. ¡Fascinante! Intrigante. Algunos, un poco enervantes. Aún así, todos sinceros a su modo.
             Yo era lo que ustedes hubieran llamado... precoz. Amaba hacer preguntas. Tenía sed de conocimiento como tienen sed las profundas raíces de las palmeras del ardiente desierto. Y los hombres – y mujeres – instruidos de todas las razas y credos vieron en mi esta curiosidad insaciable y a menudo se quedaban un poco más de tiempo, más allá de sus partidas programadas, para nutrir mis deseos.
             Pero también es tiempo de aclarar que mi niñez no era diferente en ningún modo a la de mis otros niños amigos – Sí, yo tenía compañeros de juegos tal cual como todos ustedes los han tenido. Y jugábamos juegos de escondidas y chillábamos fuerte y nos pelábamos las rodillas y generalmente irritábamos a los adultos tal como hoy en día. Tal vez yo era un poco más serio y estudioso, pero..........
             ¿Sabían ustedes que yo tuve hermanos y hermanas? ¿Que yo era uno de ocho? Es verdad. Las familias numerosas eran necesarias para la supervivencia. James nació en Abril de mis cuatro años, Miriam en Julio de mis cinco. Simón nació en Abril de mis siete años y Marta en Septiembre de ese mismo año. El año siguiente, en Junio, nació Jude y dos años más tarde nació Amos en Enero. Y Ruth nació un año más tarde. Ese año resultaría ser uno de los más tristes de mi juventud.
             Como se acostumbraba, María vigiló mi educación hasta que tuve cinco años, momento en el cual José tomó la posta. Rápidamente aprendí Galileo y Arameo y Griego y luego servía en una escuela local que estaba pegada a una sinagoga. Mi graduación fue significativa, siendo el primer hijo varón; fui anunciado como el “hijo del Mandato”.
             Un evento importante ocurrió durante este tiempo que tendría un profundo impacto en mi futuro: me encontré con Juan el Bautista por primera vez, no en el Río Jordán, como dos hombres, sino en el patio trasero de mi casa, como dos niños. Mi madre, María, pertenecía a un linaje de una numerosa familia que incluía a Elizabeth y a Zacarías, el padre de Juan, quien pertenecía al sacerdocio Judío. Tanto Zacarías como Elizabeth habían sido advertidos en una visita angélica que su hijo anunciaría una nueva fe y en su momento prepararía el camino para uno que todavía estaba por venir. Así que la primera vez que Juan y yo nos encontramos fue cuando ellos vinieron de visita durante mi sexto año de vida. Forjamos una amistad instantánea, sospechando poco de nuestros convergentes futuros cuando nos separamos.
             Los pocos años siguientes pasaron sin eventos relevantes. José pasaba mucho tiempo fuera de casa en varios trabajos en Cana, Belén, Sepphoris, Capernaum. Cuando mi hermano James creció lo suficiente como para ayudar a nuestra madre, yo podía viajar con José y experimentar más el mundo fuera de nuestra pequeña comunidad. También aprendí el arte de la carpintería y disfrutaba a fondo el hecho de transformar madera tosca en tazas, cazuelas y platos.

 

             Cuando cumplí siete, comencé mi educación formal en las escuelas de las sinagogas en Nazaret, donde aprendí a leer, escribir y a hablar Hebreo. Mi vida escolar era como cualquier otra; tenía mis días buenos, y tenía mis días menos que exitosos. Jugaba con compañeros de la escuela y ocasionalmente me encontraba confrontado, como les sucede a todos los niños tarde o temprano, por otros niños a quienes sus desafiantes vidas hogareñas les fomentaban una agresiva falta de amor propio. Pero yo instintivamente sabía que esos niños no me estaban afrentando a mí, sino a aquellas vidas sobre las que no tenían control, a las tristes traiciones de su propia niñez y a su demasiado temprana pérdida de la inocencia. Los amaba mucho a todos, y como yo me negaba a engancharme en sus energías destructivas, ellos pronto siguieron de largo. Un comentario acerca del manejo de la ira: No la manejen. Deslíguense de ella. Es una energía que se alimenta – literalmente – de energía similar. Si no la alimentas, su poder se apaga, tal cual como si hubieras desenchufado un cable de la pared. Sin embargo, si estás enojado, no lo ignores o lo confrontes, eso solamente lo hace más fuerte. Reconócelo honestamente. Respira profundo, y luego haz lo mejor que puedas para liberarlo.
             Fue en esta época en la que también aprendí a pescar. Cuando había terminado mis faenas, me iba temprano a encontrarme con los pescadores y salíamos en sus espléndidos botes, sobre las aguas calmas, la luz del sol relampagueando en las suaves ondas, los peces asomando a la superficie, atrapando los insectos. Arrojábamos las redes y las recogíamos lentamente, hirviendo de peces. Estos pescadores hacían muecas, a menudo sin dientes y con bigotes blancos, la piel bronceada hasta quedar como pergaminos, bajo el sol ardiente. Ellos se reían, y me palmeaban en el hombro y cantaban canciones que solamente los pescadores cantan. Y yo estaba en la gloria. También aprendí a tocar música en el arpa de un vecino y fui introducido a las alegrías del baile en los festivales locales.
                   ¿Cómo es que llegaron a la conclusión de que yo era un hombre agrio y solemne? “El hombre de las penas.” Yo les digo, hermanos y hermanas, ¡que yo amaba danzar! ¡Yo amaba cantar! ¡Amaba pescar y nadar y jugar con mis amigos! ¡Amaba escalar las montañas cercanas y chapotear en los arroyos impetuosos! Mis amigos, ¡yo estaba enamorado de la vida! ¡Cada día era nuevo para mí! ¿Eso me hace tan especial? ¿No puede cada uno de nosotros simplemente decidir amar la vida? ¿Simplemente elegir sonreír y reír y comportarse como niños? ¿Quién nos detiene de vivir la vida potentemente? ¿Nuestro empleador? ¿Nuestra esposa? ¿Nuestros niños? ¿Nuestras cuentas?
             Yo les digo con un inmenso, inmenso amor, mis compañeros, nosotros somos los únicos que nos privamos a nosotros mismos de la felicidad. Somos los únicos que estamos decidiendo, incluso ahora, sonreír o no sonreír. Sonrían, mis queridos, rían y dancen y jueguen y canten y háganse cosquillas los unos a los otros y hagan el amor apasionadamente y respiren profundamente las alegrías y los desafíos de la vida. Les digo verdaderamente, el paraíso no está esperando por ustedes cuando se mueran, el paraíso está justo aquí, justo ahora. Todo lo que tienen que hacer es abrirse para recibirlo.
             Y luego llegó! Mi cumpleaños de trece! No puedo, me temo, transmitirles adecuadamente lo que este día significaba para cualquier hombre joven de la fe Hebrea, especialmente en mi día. Fue el día en que me convertí en un hombre. Todo cambió ese día. Vuestro ritual moderno de darle las llaves del auto familiar al niño cuando cumple dieciocho, no se acerca ni remotamente! Lo más importante, era que sería capaz de servir en las Fiestas de la Pascua de los Hebreos en Jerusalén. Y – sería capaz de sentarme con los hombres en los templos y participar en las sabias discusiones de los textos sagrados.
             Así que comenzamos el viaje de cuatro días, encontrándonos con una multitud de peregrinos en su camino a la Fiesta. Puedo solamente suponer que encontrarse con un desfile de un circo por primera vez, puede aproximarse a sugerir los colores y aromas y sonidos y risas y cantos y expectación del viaje. Sin embargo, esta era una peregrinación al corazón mismo de lo sagrado y a medida que nos acercábamos, el significado espiritual de los próximos eventos se anclaba firmemente en mi corazón. Y aún así mi mente joven e inocente se devanaba con lo que yo imaginaba que aguardaba al final del viaje: templos dorados en la cima de verdes colinas, radiantes en la brillante luz del sol, recortados en un cielo azul profundo.
             Lo que ví me rompió el corazón. El pavoroso amontonamiento de gente, el pregón de mercaderías, el aire sofocantemente pesado con perfumes e incienso. Y la sangre. La matanza de los inocentes. Cada familia hacía el sacrificio de un cordero al dios Jehová. Por supuesto, cada familia tenía que comprar estos corderos a los sacerdotes. Los sacerdotes mismos se veían más como carniceros que como hombres santos, sus vestimentas empapadas en sangre. Los pisos del templo, las escaleras de piedra, los pasillos se extendían, rojos de sangre. El lastimero grito de los animales. El calor. Las moscas. El hedor a podrido.  
             Mis queridos, dulces hermanas y hermanos, seguramente ustedes saben ahora que ningún Padre/Madre mío pidió alguna vez tales actos de barbarismo. El Creador que yo conozco celebra la vida, la respira. No requiere penitencias. No requiere actos de sacrificio. Estos son conceptos humanos nacidos del miedo. Créanme cuando les digo, ustedes nacieron de un Creador amoroso y viven en un Universo amoroso. Ustedes están rodeados e infundidos con un amor que ustedes no pueden imaginar en este plano terrestre porque todavía está muy escondido. Pero está ahí. Alrededor de ustedes incluso ahora. Dentro de ustedes incluso ahora.
                   Conmovido y repelido por estas escenas de brutalidad y codicia, me alejé del lado de mis padres en el convulsionado gentío y fui en busca de el verdadero significado de la Fiesta de Pascuas. Guiado por mi corazón, pronto me encontré dentro de los cuartos internos del templo, los pequeños, poco conocidos lugares de encuentro de los Cabalistas. Mi triste corazón revivió para estar en la presencia de estos hombres sabios.
             Quiénes eran los Cabalistas? Ellos eran místicos, rabinos que enseñaban de los rollos de la Torá. Pero la Cábala era – es -  más que simplemente un código de leyes de conducta. Es una poderosa herramienta para acceder a la conciencia interna. Es el primer programa de computadora, si quieren, porque dentro de sus palabras y símbolos están escondidas múltiples capas de realidad, múltiples redes de información.
             Las palabras tienen poder, mis amigos. Y lo digo literalmente. “En el comienzo fue el Verbo y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios.” Qué es lo que significa eso? Las palabras y los símbolos son los medios por los cuales uno atrae de la Mente Universal el poder de manifestar deseos. Esa es la razón por la cual la oración es tan poderosa. Porque la oración sentida con el corazón atrae hacia uno los electrones y las partículas subatómicas de la materia. Las palabras y los símbolos y los números funden el pensamiento y la intención en la forma, en la realidad. Pero la llave es la emoción. Digan una oración o un pensamiento sin convicción y apenas viajará más allá de los labios, difícilmente atraerá a una polilla. Pero digan una intención con fuerza, con alma, con profundo amor y moverán el sistema solar entero hacia ustedes.
             Hablen con ira y atraerán hacia ustedes la energía de la ira. Hablen con amor y atraerán hacia ustedes la energía del amor. Y el amor sujeta la estructura del Universo. Es el pegamento de la naturaleza. El miedo y la ira y el odio expelen la materia más lejos. La guerra y el crimen son las manifestaciones físicas de la materia desmembrándose. Ustedes piensan que vuestras manos son las que crean la realidad. Yo les digo que son vuestras palabras y vuestros pensamientos los que lo hacen, vuestras manos simplemente los siguen. 
             Las palabras, los números y los símbolos son meramente la expresión externa del pensamiento humano. Los pensamientos emiten vibraciones así como lo hacen las palabras. Y las vibraciones atraen vibraciones similares hacia ellas. Y nace la materia. Piensen, sientan y hablen de amor y lo tendrán más allá de vuestras más indómitas expectativas. Piensen, sientan y hablen de miedo y de odio, y ellos también serán suyos.
             Me encontré en mi elemento en los templos internos. Los rabinos hablaban acerca de la Mente de Dios con tal vigor y placer que yo me encontré sonriendo de oreja a oreja. Y pronto me encontré incorporándome al los diálogos, y ellos me aceptaron con más de una insinuación de escepticismo. ¿Quién era este niño que parecía saber tanto y que podía articular y discutir tan imponentemente?
             Como dije, yo era precoz. Pero ellos pronto lograron abrazarme a mi y a mis ideas con respeto. Amé esos días.
             Y dónde estaban mis padres mientras yo estaba tan comprometido? Buscándome como cualquier pareja de padres amorosos y angustiados. Debo decirles que esta es una de las veces en las cuales yo podría haber manejado mejor las cosas. Ciertamente no fue mi intención causarle a mis padres ningún dolor, pero de alguna manera en la que sólo yo lo entendía, yo ya había abandonado el cuidado de mis padres para comenzar mi vida adulta. Aún así en mi entusiasmo juvenil, yo olvidé mencionárselo a ellos. Cuántos padres aquí, y a lo largo de las edades, han tenido una experiencia similar? La juventud era aún juventud, incluso para mí. Y me lamento por el dolor que les causé.
             Ellos finalmente me encontraron hablándole a los rabinos y a los allí reunidos. Su conmoción frente a tal visión fue temperada por su furia paterna. Y cuando ellos me confrontaron para saber dónde había estado, les ofrecí la respuesta verdadera, pero tal vez no la apropiada: Pensaron que yo no estaría en la casa de mi Padre siendo de la incumbencia de mi Padre? Aún en la calma, y la seguridad de esa declaración, tanto María como José sabían que mi tiempo con ellos pronto llegaría a su fin. Es un momento triste para la vida de cualquier padre. La vida era buena. Éramos una familia feliz, saludable, apoyándonos los unos a los otros amorosamente. Pero como todos saben, por cada oscilación del péndulo hay un retorno, y eso en el mundo de la dualidad y la polaridad, dentro de cada vida, la alegría será temperada con aflicción. Es la naturaleza misma de la experiencia humana y yo no era inmune a ella. Recibimos las noticias acerca de que había habido un accidente en Sepphoris y que mi padre terrestre había sido gravemente herido. Yo quería desesperadamente ir con él, pero María estaba embarazada de dos meses de Ruth, y me pidió que me quedara con la familia mientras James iba con ella. Ellos llegaron esperando lo mejor. José había muerto durante su viaje. Su cuerpo fue traído a Nazaret donde fue enterrado.
             José era una bendición sobre la tierra. Fue una bendición en mi vida. Era un padre fuerte y un marido amoroso. Un hombre de negocios honesto y un hábil artesano. Él mantuvo su fe en Dios, en su familia y en su comunidad. Yo lo amé tiernamente. Lo extrañé inmensamente.
             Pero Ruth nació siete meses después, y un gran legado de amor se unió a nuestra familia. Lamentablemente también, al año siguiente el pequeño Amos murió por una fiebre. Y la vida sigue.

Traducción Luciana Sinatra
Anita Manasse –
estrellam@sion.com

Por Bradley - enlakeach@yahoo.com
Descargado del Boletín del Círculo Carmesí el 23 de Agosto de 2004

 

 
 
 
 
 
 
         
         
       
       
       

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