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"El poder de los Salmos"

Celina Fioravanti

Capítulo 1

 
 

 

La oración de los Salmos

La palabra salmo deriva del griego psamós, que significa poema religioso compuesto para ser acompañado por un instrumento musical, generalmente de viento o de cuerda. Los salmos más conocidos son los 150 poemas encontra-dos en el Antiguo Testamento, originalmente escritos en hebreo por diversos autores. La mayoría se le atribuyen al rey David. Por eso también son conocidos como «Salmos de David».

Los salmos se cantaban en los templos de la antigua Jerusalén. Se cree que el propio Jesús los rezaba. Más tarde, pasaron a formar parte de la liturgia de las iglesias cristianas. En el Nuevo Testamento, los salmos se citan con frecuencia, lo que demuestra un reconocimiento de su fuerza por parte de los Evangelistas.

La lectura de un salmo nos sorprende cuando comprobamos la similitud que tienen las situaciones narradas con las actuales. Encontramos al hombre endeudado que pide ayuda para saldar sus compromisos. Vemos al padre de familia cansado por la lucha del pan de cada día. Aparece la madre afligida que pide ayuda para apartar a su hijo del camino errado. Muestran al hombre de mediana edad confuso y sin confianza en el futuro.

Los salmos no sólo son oraciones de fe. Cuestionan muchas otras situaciones y pueden considerarse revolucionarios, exaltados o políticos. A veces, exigen que Dios aclare ciertos asuntos y proporcione una ayuda mayor. Con ellos, aprendemos que todas las horas de la vida proporcionan un motivo para la oración, desde las buenas hasta las malas.

Lo que más me impresiona es que esas plegarias no correspondan a una religión única. Existen hace tanto tiempo que nadie puede proclamarse dueño de su uso.

Siempre que hablo de los salmos en mis cursos, menciono que es más importante buscar su utilización en las palabras que los forman que aprender o consultar su aplicación más usual. Un ejemplo vivo de eso es el salmo 121, que en algunas biblias es el 120. Al final dice: «El Señor guarda sus entradas y salidas, desde ahora y para siempre.». Cuando leí este versículo, imaginé a mi hijo saliendo de casa y volviendo bien. Desde ese día, cuando uno de ellos viaja, copio ese salmo y lo coloco en su maleta, segura de que va amparado por Dios. Ese salmo se convirtió para mí en el de los viajes, de los atrasos cuando estoy esperando el regreso de alguien y de las horas fuera de casa.

De este modo, el estudio de los salmos muestra que para cada situación existe un salmo que encaja muy bien, que contiene la palabra correcta. Me baso en el análisis de cada uno de ellos para definir su utilidad. Quien desee tener el poder de los salmos en la vida diaria sólo debe efectuar esa lectura, seguida de una aplicación de acuerdo con los temas desarrollados en el versículo. Sugiero que el lector haga su propia lectura del salmo intentando sentir con el corazón su mensaje.

En el «Libro de los Salmos», que se encuentra en cualquier Biblia, las plegarias están numeradas; en esa numeración también se halla una buena base de la orien-tación seguida para seleccionar el salmo que debe utilizarse en cada ocasión. En los números, existen significados ocultos que pueden aplicarse para le elección de un salmo.

Utilicé otra forma muy común para determinar la aplicación de los salmos. Por ejemplo, el Salmo 71 (o 70) se emplea con frecuencia para quien va a someterse a una operación quirúrgica.

También tenemos que observar un hecho más con relación a los salmos. Como cualquier oración, la cantidad de personas que la repiten acaba por dar una fuerza mayor a su uso. Con los salmos, oraciones repetidas a través de siglos, ese poder ya está concretado. Por eso, su oración siempre obtiene una rápida respuesta.

Cuando leo un salmo, visualizo a un gran numero de personas que ya hicieron esa oración antes que yo motivadas por su fe y necesidad. Pienso en cuántas de ellas consiguieron que Dios escuchara sus deseos y se sintieron protegidas por él. En ese momento tengo la certeza de que ya debe de haber escuchado muchas veces esa plegaria.

A los que van a hacer la oración de los salmos, debo comentarles dos puntos importantes relacionados con cualquier deseo. Lo primero es que hay que ser persistentes. Insistir con la oración hasta recibir la gracia solicitada es ana señal de fe y paciencia. Por eso, no se desanime cuando la ayuda no llegue de inmediato. El segundo factor que debe de tener en cuenta es la cuestión del merecimiento. En caso de que no sean atendidas sus oraciones, analice sus conductas, pensamientos y palabras, y vea si merece recibir lo que está pidiendo. Pregúntese también si lo que solicita es justo para todas las personas relacionadas con su plegaria.

Quien ora alcanza otra dimensión, está más cerca de Dios. Haga del momento de lectura de un salmo una fuer-te unión con Dios, una hora sagrada, especial y muy importante. No importa el lugar: en casa, en un templo, en el jardín; pero procure poner todos sus sentidos en la oración.

Quizás el lector encuentre que no coincide la numeración de los salmos según la fuente. No se preocupe, es posible que en unas biblias el salmo 22 tenga el número 23, por poner un ejemplo. Para seguir la numeración que utilizamos en este trabajo, tome como base el salmo mayor, que para nosotros tiene el número 119. Si su libro nene el salmo 118 como el salmo más extenso, a partir del salmo 9 sume 1 al número del salmo que está leyendo. Por ejemplo, en su Biblia o libro de salmos el 118 es el mayor. Entonces, cuando vaya a leer las aplicaciones del salmo 30 de su Biblia, intente leer las que corresponden al salmo 31 en nuestro trabajo, que es el 30 de su libro. Y así sucesivamente. Un vistazo a las frases de poder que citamos también le ayudará a detectar si está leyendo el salmo que mencionamos.

 

"El poder de los Salmos"

Celina Fioravanti