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Neale Donald Walsch

Conversaciones con Dios 1

Capitulo VI 

 

¿Y qué ocurre con el sufrimiento? ¿Es el sufrimiento el camino hacia Dios? Algunos dicen que es el único camino...

 A mí no me gusta el sufrimiento, y si alguien dice lo contrario es que no me conoce.

El sufrimiento es un aspecto innecesario de la experiencia humana. No sólo es innecesario; es también insensato, desagradable y peligroso para la salud.

 Entonces, ¿por qué hay tanto sufrimiento? ¿Por qué Tú, si eres Dios, no le pones fin, ya que tanto te desagrada?

 Ya le he puesto fin. Pero sencillamente os negáis a utilizar las herramientas que os he dado para hacerlo.

Y es que el sufrimiento no tiene nada que ver con los acontecimientos, sino con cómo reacciona uno ante ellos.

Lo que sucede es meramente lo que sucede. Pero lo que uno piense de ello es otra cuestión.

Yo os he dado las herramientas con las que responder y reaccionar ante los acontecimientos de modo que el dolor disminuya - en realidad, se elimine -, pero no las habéis utilizado.

Perdona, pero ¿por qué no eliminas los acontecimientos?

 Una buena pregunta. Desgraciadamente, Yo no los controlo en absoluto.

 ¿Qué no los controlas en absoluto?

 Por supuesto que no. Los acontecimientos son sucesos en el tiempo y el espacio que vosotros producís por decisión propia; y Yo nunca interferiré en vuestras decisiones. Hacerlo equivaldría a ignorar la propia razón de haberos creado. Pero todo esto ya lo he explicado antes.

Algunos acontecimientos los producís intencionadamente, y otros los atraéis más o menos conscientemente. Algunos de ellos - los grandes desastres naturales se hallan entre los que incluís en esta categoría - los atribuís al “destino”.

Sin embargo, él “destino” no es más que el conjunto de todos los pensamientos; en otras palabras, la conciencia del planeta.

La “consciencia colectiva”...

Precisamente. Eso es.

     

Hay quienes dicen que el mundo tiene los días contados. Nuestra ecología esta agonizando. Nuestro planeta se encamina hacia un gran desastre geofísico: terremotos; volcanes; quizás incluso un cambio en la inclinación del eje terrestre. Y hay otros que afirman que la consciencia colectiva puede cambiar todo eso; que podemos salvar a la Tierra con nuestros pensamientos.

 Los pensamientos se convierten en acción. Si un número suficiente de personas creen que se debe hacer algo en auxilio del medio ambiente, salvaréis a la Tierra. Pero debéis apresuraros, pues se ha hecho ya mucho daño y durante mucho tiempo. Y se requerirá un gran cambio de actitud.

 ¿Quieres decir que, si no lo hacemos, veremos cómo la Tierra es destruida, junto con sus habitantes?

 Yo he hecho las leyes del universo físico lo bastante claras como para que cualquiera pueda entenderlas. Hay leyes de causa y efecto que ya han aparecido suficientemente clarificadas a vuestros científicos, a vuestros físicos, y, a través de ellos, a vuestros líderes mundiales. No es necesario clarificar dichas leyes una vez más.

 Volvamos al sufrimiento. ¿De dónde hemos sacado la idea de que el sufrimiento es bueno, de que el santo “sufre en silencio”?

 El santo sí “sufre en silencio”, pero eso no significa que el sufrimiento sea bueno. Los aprendices de Maestro sufren en silencio porque entienden que el sufrimiento no es el camino hacia Dios, sino más bien un signo cierto de que todavía les queda algo que aprender en el camino hacia Dios; algo que recordar.

El auténtico Maestro no sufre en silencio en absoluto, sino que únicamente parece estar sufriendo sin quejarse. La razón de que el auténtico Maestro no se queje es que el auténtico Maestro no está sufriendo, sino simplemente experimentando una serie de circunstancias que vosotros llamaríais insoportables.

Un Maestro practicante no habla de sufrimiento, sencillamente porque entiende claramente el poder de la Palabra; por tanto, simplemente decide no hablar de ello.

Hacemos real aquello a lo que prestamos atención. Y el Maestro lo sabe. El Maestro se reconoce en que escoge aquello que decide hacer real.

Todos vosotros lo hacéis de vez en cuando. No hay ninguno de vosotros que no haya hecho desaparecer un dolor de cabeza, o que una visita al dentista haya resultado menos dolorosa, por medio de una decisión al respecto.

Un Maestro simplemente toma la misma decisión en asuntos de mayor importancia.

 Pero ¿por qué sufrimos? ¿Por qué tenemos siquiera la posibilidad de sufrir?

 No podéis conocer, ni llegar a ser, aquello que sois, en ausencia de aquello que no sois, tal como ya te he explicado.

 Sigo sin entender por qué tenemos la idea de que el sufrimiento es bueno.

 Actúas con buen juicio al insistir en esta pregunta. El saber originario en torno a la cuestión de sufrir en silencio se ha pervertido de tal modo que actualmente muchos creen (y varias religiones realmente enseñan) que el sufrimiento es bueno, y la alegría es mala. Por lo tanto, habéis decidido que, si alguien tiene cáncer y no se lo dice a nadie, es un santo; y, en cambio, si alguien posee una sexualidad vigorosa (por elegir un tema explosivo) y lo celebra abiertamente, es una pecadora.

 

¡Chico, realmente has elegido un tema explosivo! Además, has cambiado hábilmente el pronombre de masculino a femenino. ¿Con qué idea lo has hecho?

 Con la de mostrarte vuestros prejuicios. No os gusta pensar en que una mujer tenga una sexualidad vigorosa, y mucho menos en que lo celebre abiertamente.

Preferiríais ver a un hombre agonizando sin un gemido en el campo de batalla que a una mujer haciendo el amor con muchos gemidos en la calle.

 ¿Tú no?

 Yo no tengo ningún juicio respecto a lo uno o lo otro. Pero vosotros tenéis toda una serie de juicios; y te diría que son vuestros juicios los que impiden vuestra alegría, y vuestras expectativas las que os hacen infelices.

Todo esto junto es lo que causa vuestro mal - estar, y, en consecuencia, da origen a vuestro sufrimiento.

 ¿Cómo sé que lo que dices es cierto? ¿Cómo sé siquiera que es Dios quien me habla, y no mi propia imaginación hiperactiva?

 Eso ya me lo has preguntado antes. Y mi respuesta es la misma. ¿Qué diferencia hay? Aunque todo lo que te he dicho estuviera “equivocado”, ¿se te ocurre un modo mejor de vivir?

 No.

 ¡Entonces, lo “equivocado “ es correcto, y lo “correcto” es equivocado!

Déjame que te diga algo, para ayudarte en tu dilema: no te creas nada de lo que te diga. Simplemente, vívelo. Experiméntalo. Luego vive cualquier otro paradigma que quieras construir. Después, ten en cuenta tu experiencia a la hora de encontrar tu verdad.

Un día, si tienes mucho valor, experimentarás un mundo en el que hacer el amor se considerará mejor que hacer la guerra. Ese día te regocijarás.

 

 
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