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LAS NUEVAS

 REVELACIONES

 

Capitulo 11

 

 Neale Donald Walsch

 

Capitulo 11

Tengo que admitir que siempre me ha costado trabajo creer que Dios le dice a la gente que no debe

casarse con gente de otras religiones, o que las mujeres no deben permitir que se vea alguna parte de su

cuerpo en público, o que las parejas no utilicen preservativos, o que los hombres deben dejarse la barba.

 
   

        Nunca entendí por qué Dios creyó que debía dar tantas órdenes a los seres humanos.

        No. No tengo que dar órdenes a nadie, y nunca lo he hecho.

        ¿Nunca?

        No, y nunca lo haré.

        ¿Nunca lo harás? ¿Quieres decir que nunca sabremos qué es lo que Dios quiere realmente?

        No.

        ¿Por qué? ¿Por qué nos harías eso?

        ¿Hacerles qué?

        Decimos que debemos seguir la Ley de Dios para obedecer tus deseos, y luego no decimos qué es

lo que realmente quieres.

        Porque Yo no quiero nada. Y eso es lo que ustedes no entienden o se rehúsan a aceptar. No hay

nada que Dios quiera o necesite. Dios no requiere nada, no pide nada, no obliga a nada. Enseña esto en

tus seminarios y en tus conferencias.

        Dios tampoco ordena ni requiere, insisto, tampoco espera nada. Di esto a tus jóvenes. Soy el Autor

de Todo. Yo Soy el Creador y el Creado. No hay nada que sea que yo no sea. No necesito dar órdenes a

nadie.

        ¿A quién daría órdenes? No hay nadie que ordene, sólo Yo. Soy el Todo en Todo. Yo soy el Alfa y

el Omega, el principio y el fin. ¿Y a quién castigaría si no cumpliera mis órdenes? ¿Usaría mi mano

derecha para golpear a mi izquierda? ¿Mordería mi nariz para mortificar a mi cara?

        Sus maestros y sus doctores en leyes, sus sacerdotes y sus ulamas, les dicen que hay que temer a

Dios, porque Él es un Dios vengativo. Les dicen que hay que vivir con miedo a la Ira de Dios. Que tienen

que temblar en Su presencia. Toda su vida deben de temer al terrible juicio del Señor. Les dijeron que

para Dios es “justo”. Y Dios sabe, estarás en problemas si confrontas la terrible justicia del Señor. Por lo tanto, debes obedecer todos sus mandatos. O si no...

        La mayoría de ustedes, en consecuencia, pasa gran parte de su vida adulta buscando el “buen camino” adorando a Dios, obedeciéndolo y sirviéndole. La ironía de todo esto es que Yo no necesito su adoración, y tampoco necesito que me obedezcan ni que me sirvan.

        Estas conductas son las que los monarcas -tiranos, ego maniacos e inseguros- han pedido a sus

súbditos a lo largo de la historia. De ninguna manera son requerimientos que Dios haya hecho, y llama la

atención que hasta ahora el mundo no se haya dado cuenta que esas órdenes son falsas, y que no tienen

nada que ver con las necesidades Divinas.

        La Divinidad no tiene necesidades. Todo lo que Es, es exactamente eso: todo lo que es. Por eso no

hay nada que necesite o de lo que carezca -por definición.

        Si escoges creer en un Dios que de alguna manera necesita algo -y tiene los sentimientos tan

heridos que si no consigue lo que quiere castiga a aquél de quien esperaba recibirlo- entonces elegiste

creer en un Dios mucho más pequeño que Yo. Ustedes son verdaderamente hijos de un dios más pequeño.

        No, hijo mío, por favor, déjame asegurarte otra vez, a través de esta conversación, como lo he

hecho en pasadas conversaciones, que yo no necesito ni requiero nada. (De CCD1).

        ¿Entonces tú no nos has dado “órdenes”?

        No. Fueron los seres humanos quienes creyeron que tenían que dar órdenes a los demás seres

humanos con el fin de mantener el orden. Y la mejor manera que encontraron para lograr que la gente las

obedeciera fue decir que provenían directamente de Dios.

        Algunos creían sinceramente que recibían instrucciones de Dios acerca de cómo se debía vivir, y

transmitían de buena fe a los demás las órdenes que recibían. Sin embargo, esto no significa que lo que

transmitían siempre fuera exacto, ni tampoco que las personas que afirmaban haber sido las receptoras

originales de estas revelaciones fueran infalibles.

        Como si dijéramos que este libro es infalible.

        Así es. Exactamente. Cualquier pretensión de infalibilidad por este libro sería inexacta.

        Sería inexacto decir que este libro es exacto.

        Sí.

        Entonces este libro es exacto cuanto dice que es inexacto.

        Eso es inteligente, y eso también es sí.

        ¿Pero si es inexacto, por qué debemos creer lo que dice?

        No deben creerlo. Deben aplicarlo y ver que funciona.

        A propósito, pon a prueba cualquier otro manuscrito que pretenda ser una comunicación con

Dios.

        Ya hemos hecho eso. Durante siglos hemos probado las palabras de esos otros libros, y la vida en

nuestro planeta es la prueba de si sus enseñanzas funcionaron o no.

        Entonces ya no sólo es cuestión de si tienen evidencia, es una cuestión de cuánta evidencia

necesitan.

        Aparentemente. Pero aun así, lo que estás diciendo en este libro es imposible de creer. No puede

ser verdad. Viola todo lo que me han enseñado. Dios debe querer algo.

        ¿Por qué?

        No lo sé, pero debe quererlo. Porque si no fuera así, ¿qué razón podríamos tener para hacer o no

hacer algo?

        ¿Eso significa que necesitas que Dios te pida hacer las cosas que te convienen y te prohíba hacer

las que evidentemente no te convienen?

        No, no, lo que necesitamos es que Dios determine qué es “lo mejor” o “lo que no es bueno”. Una

vez que lo sepamos nos será más fácil decidir por nosotros mismos si lo hacemos o no. Lo que nos cuesta

trabajo es decidir qué es “mejor”.

        Pero eso debería ser fácil. Simplemente decidan qué es lo que están tratando de hacer. Sólo vean

qué es lo que quieren experimentar.

        ¿Quiénes? ¿Nosotros como individuos o todos nosotros como colectivo? ¿Y cuándo? ¿Ahora o en

el futuro? Porque, como ves, el problema es que la mayoría de nosotros decide que somos nosotros,

nosotros mismos, que queremos experimentar y que queremos experimentar ahora -aquí mismo, en este

mismo momento- y no pensar en el futuro. Ni siquiera en el mañana, mucho menos en los próximos meses

ni en el siguiente año.

        ¿Por qué tienen tan poca visión?

        Porque somos egoístas.

        ¿Por qué son tan egoístas?

        Porque estamos acostumbrados a pensar primero, y algunas veces, sólo en nosotros mismos.

        ¿Tú sabes esto acerca de ti mismo?

        Sí. Podemos reconocerlo.

        Entonces el problema es fácil de resolver. La respuesta es obvia.

        ¿De veras?¿Cuáles?

        Simplemente amplía tu definición de “ti mismo”.

        El problema no es que te centres en ti mismo, el problema es que defines mal al “ti mismo”

alrededor del cual te centras.

        Cuando el centro en torno al que giras es mucho más pequeño de lo que es en realidad el ti

mismo, cuando defines al “ti mismo” como algo más pequeño que el Ti mismo es cuando en verdad estás

en dificultades.

        Cuando apareció, tu definición de “ti mismo” era muy pequeña. Cuando al principio te volviste

consciente de ti mismo -o bien, cuando el homo sapiens comenzó a volverse consciente de sí mismo-

experimentaste que “tú” estabas aquí y que todo lo demás estaba “allá”. Así, definiste al “ti mismo” de

una manera demasiado limitada.

        Más adelante en este diálogo, cuando exploremos la Octava Nueva Revelación, verás en términos

asombrosos cómo ha sido limitada tu definición de “ti mismo”. Aún no te culpes. No podías haberlo

hecho mejor. No entendías. Y ahí es donde la mayoría de las organizaciones religiosas te han fallado. Te

han enseñado a creer en un limitado, pequeñito “ti mismo”.

        Yo creo que el Cristianismo enseña que yo soy el guardián de mi hermano.

        Sí, pero tú estás “aquí”, y tu hermano está “allá”. Se ven a sí mismos separados el uno del otro.

        Creo que el Islamismo enseña que el elemento más importante en la vida es el Umma, la

comunidad. La comunidad es todo. El honor de la comunidad, la santidad de la comunidad, la seguridad

de la comunidad, el carácter y piedad de la comunidad -todas estas cosas son las que importan, y

determinan si Dios vive como una experiencia en la vida de las personas.

        Sí, pero la comunidad todavía consiste sólo de “su gente”. “La otra gente” no forma parte de la

comunidad. Se ven separados unos de otros.

        Esto conduce a la naturaleza de sus creencias básicas. Definen al individuo “Si mismo” como

parte de ustedes hasta donde terminan sus dedos de las manos y sus dedos de los pies. Y sí, algunos de

ustedes tienen un sentido de “colectividad de sí mismos” que se extiende a sus familias o a su comunidad

-y en algunos casos esa comunidad puede ser muy grande, pero aún no incluye a todos. Incluye a todo

aquél que piense como tú, se vea como tú, actúe como tú, esté de acuerdo contigo, pero no incluye a los

demás. De hecho los puede excluir sistemáticamente. .

        Muchas de sus organizaciones religiosas les enseñaron a ser exclusivistas.

De esta manera crearon exactamente lo contrario de lo que pretendían crear. En lugar de crear unidad,

produjeron desunión.

        Pero somos diferentes los unos de los otros. No lo negamos.

        No he dicho nada sobre diferencias. Estoy hablando sobre divisiones.

        Las diferencias no son divisiones.

        Pero estamos divididos.

        No, no lo están. Sólo creen que lo están. Sólo actúan como si lo estuvieran. Pero no lo están en

realidad.

        Esto es lo que la mayoría de las religiones les dicen. Les dicen que están separados entre sí, y

separados de Dios.

        ¿No estamos separados de Dios?

        No lo están.

        Claro que sí lo estamos. Dios es bueno, Dios es grande. Nosotros somos malos. Somos pecadores.

Sólo somos minúsculas manchas de polvo, indignos siquiera de ser tocados por el pie del Señor. Lo que

nos corresponde es humillamos ante Dios, para no olvidar lo insignificantes que somos ante nuestro

creador.

        De acuerdo con algunas religiones, debemos arrodillamos en humilde súplica mientras decimos

nuestras plegarias. De acuerdo con otras, debemos postramos con la cara en el piso, cinco veces

diariamente, mientras oramos a Alá. En otras tradiciones debemos reverenciar profundamente incluso

golpeando nuestro pecho o flagelándonos con azotes. Debemos...

        ¡Espera! Ya entendí. Veo la imagen.

        ¿Nos estás diciendo ahora que hemos hecho todo mal?

        Les estoy diciendo que me malinterpretaron. Les traje Mis revelaciones por varios medios y a

través de varios mensajeros, y vine a ustedes no para humillarlos, sino para exaltarlos.

   Pero no merecemos ser exaltados. Lo único que merecemos es humillamos ante el Señor.

        ¿Por qué? ¿Por qué creen eso?

        ¡Porque te hemos fallado!

¡Ah! Sí, la segunda falacia acerca de Dios.

 

 
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