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LAS NUEVAS

REVELACIONES

 

Capitulo 16

 

 Neale Donald Walsch

 

Capitulo 16

Estas últimas frases me parecen demasiado provocativas. ¿Podríamos explorarlas un poco más?

        En efecto. Debemos hacerla.

 
   

        ¿A qué te refieres cuando dices: “Nadie hace cosas inapropiadas, dado su modelo del mundo”?

        Me refiero a que nadie ve sus acciones como “incorrectas'.

Pero las acciones de algunas personas son incorrectas, las vean o no así.

        Quizá es buen momento para mencionar la SÉPTIMA NUEVA REVELACIÓN.

        No existe nada que sea Correcto o Incorrecto.

         Lo único que existe es Lo que Funciona y Lo

que No Funciona, dependiendo de qué es lo que quieras ser, hacer o tener.

        ¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes decir: “no existe nada que sea correcto o incorrecto?

        Porque es verdad. Los calificativos “correcto” e “incorrecto” son inventos de tu imaginación.

Son juicios que haces, etiquetas que creas a medida que avanzas. Son valores que vas estableciendo,

dependiendo de qué es lo que quieres, individualmente o como sociedad.

        Cuando quieres hacer cambios, los llamas cambios “correctos” o “incorrectos”. Tu propia

historia prueba esto.

        No tiene sentido. Las bases no cambian.

        ¿No lo hacen?

        No.

        Dame un ejemplo de un valor básico que no cambie.

        Está bien, matar. “No matarás” no cambia. Es un valor humano básico.

        A menos que quieras ganar una guerra.

        No es justo. Eso es defensa propia. Tenemos derecho a defendemos.

        Bueno, no todas las guerras son en defensa propia. Tu planeta ha sabido de cosas como guerras

por agresión.

        Sí, pero no hablemos de ello. Sólo complica las cosas

        Ya veo.

        Nuestro país nunca agrede a nadie. Las únicas guerras que peleamos son en defensa propia.

        ¿Tu país sólo pelea guerras en defensa propia?

        Así es.

        Claro que sí.

        ¿Y qué significa eso?

        Significa que al decir eso sólo confirmas lo que te acabo de decir. No existe un país, y no existe un

grupo de personas en la Tierra que se vea a sí mismo como agresor. Todo aquel que participa en una

guerra dice que lo hace por defender algo.

        ¿Te das cuenta ahora? Estoy recalcando este punto porque es algo que necesitas ver de muy

cerca.

        En tu planeta no hay “atacantes': sólo “defensores”. Tú llegas a esta interesante paradoja

simplemente al llamar “defensa” a cualquier tipo de ataque. De esta manera puedes cambiar tus valores

básicos en cualquier momento según te convenga sin, aparentemente, cambiarlos del todo.

        Matas gente con impunidad para obtener lo que quieres y te justificas diciendo que no tenías

opción. Que tenías que defenderte.

        Todos los atacantes ven sus acciones de esta manera. De hecho, exactamente así has visto tus

ataques a otros. No sólo en la guerra, sino en cualquier situación conflictiva en tu vida, desde en los

campos de batalla hasta en tu dormitorio, centro de comando y habitación de hotel. Nadie es atacante,

todos son defensores.

        Considerar que alguien se está defendiendo cuando te ataca puede producir milagros. Pero nunca

podrás ver los ataques de los demás de esta manera mientras imagines que existe algo como el “bien” y

el “mal.”

        Esto es difícil de digerir, espero que lo entiendas. La idea de un mundo en el cual no exista el bien

y el mal es muy difícil de aceptar. Me parece que realmente tenemos algunos valores básicos en este

planeta. Valores que todos compartimos... bueno, la mayoría.

        Bueno, no seas tímido. Dame otro ejemplo.

        Está bien, la prohibición del suicidio. Mucha gente considera que el tomar su propia vida está mal.

Que es inmoral.

        Sí, la mayoría de la gente de tu planeta opina que “no es correcto” quitarse la vida.

        Lo mismo opina la mayoría respecto a ayudar a alguien que quiere terminar con su vida.

        En ambos casos dirían que hacerla es “delito”. Llegarían a esta conclusión, al parecer, porque de

esa manera se termina relativamente rápido con la vida en cuestión. Si las acciones para acabar con ella

toman más tiempo, entonces no son delito, aunque el resultado sea el mismo.

        Por consiguiente, si una persona de tu sociedad se mata con una pistola, sus familiares pierden los

beneficios del seguro. Pero si lo hace fumando tabaco no ocurre lo mismo.

        Al doctor que te ayuda a suicidarte lo llaman “asesino”, pero a la compañía de tabaco que te

mata la llaman “comerciante”.

Contigo, parece ser una cuestión de tiempo. La legalización de la destrucción propia -el “derecho” o “no

derecho”- parece tener mucho que ver con la rapidez con que se haga, así como con quién lo haga.

        Al parecer, cuanto más rápido se produce la muerte, el “mal” es mayor, pero disminuye hasta

convertirse en algo “correcto” a medida que aumenta el tiempo en que ésta se produce.

        Llama la atención que esto es exactamente lo contrario de lo que concluiría una sociedad en

verdad humana. Según cualquiera de las definiciones razonables de lo que llamarías “humano”, la

muerte sería mejor cuanto más rápido sucediera. Pero tu sociedad castiga a quienes buscan proceder con

humanidad y recompensa a quienes hacen lo contrario.

        Es una locura pensar que Dios quiere que el sufrimiento se prolongue, y que está “mal” que

alguien ayude a terminar con él de manera rápida y humana.

        “Castiga lo humano, recompensa la locura.”

        Éste es un lema que sólo una sociedad de seres con entendimiento limitado podría hacer suyo.

        Así, envenenan su sistema inhalando carcinógenos, comiendo comida tratada con químicos que te matan a la larga y respirando aire que han contaminado de manera continua. Envenenan su sistema de cientos de maneras diferentes, en miles de momentos diferentes, ya sabiendas de que tales sustancias les hacen daño. Pero como no los matan rápido, se suicidan impunemente. (De CCD3).

        ¿Y qué me dices del valor que prohíbe robar? Un valor básico humano es que no tomemos lo que no es nuestro.

        Hasta que piensas que el otro no tiene derecho de tenerlo y tú sí.

        Porque si ése fuera el caso, no sería justo que alguien tuviera algo a lo que no tiene derecho y yo sí, entonces sería preciso y tendría derecho a quitárselo, porque no es de él sino mío.

        Por supuesto que lo tendrían. De acuerdo con sus valores, eso es verdad. Particularmente con su valor llamado “posesión” (el cual discutiremos después). Ese es precisamente mi punto. Lo único que estás haciendo al decir eso es confirmarlo.

        Mi punto es que tus valores cambian a medida que cambia tu percepción. Que cambian conforme cambian tus deseos y las cosas que quieres cambiar.

        Si deseas algo que otro grupo piensa que le corresponde, y tú lo quieres o imaginas que lo

necesitas mucho, te justificarás para tomarlo. Créeme, lo has hecho. Has hecho exactamente esto.

        Los valores son un festín en movimiento. No puedes pensar en ningún “valor humano básico” que

no haya sido ignorado, alterado o completamente abandonado de vez en cuando por otros seres humanos que sólo cambiaron su forma de pensar respecto a lo que desean ser, hacer, o tener en un momento en particular.

        Por lo tanto, si piensas que existe algo como “bien absoluto” y “mal absoluto': estás engañándote a ti mismo.

        ¿Quieres decir que estamos “mal”?

        Eso es muy inteligente, y resalta un problema mayor con tu palabra “mal”. Ha sido utilizada a través de los siglos de dos maneras distintas -para describir lo que es “erróneo” y para describir lo que es “inmoral”.

        Una acción llamada “errónea” es una acción que no produce un resultado predicho o deseado.

        Una acción llamada “inmoral” es una acción que viola un código de vida o una ley más grande que una sociedad ha establecido -o que la sociedad imagina que su deidad ha establecido.

        El problema con la moralidad, como he señalado, es que cambia de tiempo en tiempo y de lugar en lugar, dependiendo de lo que una sociedad o sus miembros quieren lograr. La moralidad es, entonces, extremadamente subjetiva.

        El problema con los “errores” es que en contextos o sociedades religiosas a menudo se les equipara con fallas morales, en lugar de sólo considerarlos como una falla operativa. Esto no lo hace inconveniente o desafortunado, sino pecaminoso. En ciertas culturas religiosas o basadas en la moralidad, un error humano puede ser considerado una ofensa contra Dios -que se debe castigar con sanciones o sufrimiento desproporcionados.

        Ya hemos visto algunos ejemplos de esto.

        Los siguientes son otros ejemplos:

        1. Quienes maldicen a su padre o madre deben morir.

        2. Un blasfemo debe ser apedreado hasta que muera.

        3. La mujer que no cubra su cuerpo completamente debe ser golpeada y azotada con un látigo.

        4. A los ladrones se les debe cortar la mano.

        A quienes no estén de acuerdo con la inflexibilidad de las normas se les considerará apostatas -y se les podrá condenar a muerte.

        Esta circunstancia crea todas las condiciones para que se produzcan conflictos a gran escala y guerras, pero ahora un ataque puede ser justificado como una “defensa de lafe”, un acto autorizado por- y de hecho requerido por Dios.

        Eso es exactamente lo que ha estado sucediendo en nuestro planeta. Has dado en el clavo. Eso es lo que ha estado sucediendo en el mundo en estos días y tiempos.

        Ha estado sucediendo durante siglos. De hecho, durante milenios. Es por eso que la Séptima Nueva Revelación es tan importante, porque crea un contexto que separa “error” de “moral” y de esta manera quita q Dios del cuadro.

¿En verdad crees que me importa que comas carne los viernes, o que si eres mujer te cubras de pies a cabeza y te pares en el lado correcto del Muro de las Lamentaciones?

        Escuché que no hace mucho algunas mujeres intentaron pararse en el “lado de los hombres” en el Muro de las Lamentaciones, uno de los lugares más sagrados para los judíos. Querían demostrar que era tiempo de terminar con la costumbre de separar a las mujeres de los hombres debido al pensamiento de que las mujeres valen menos o, de que sus menstruaciones las hacen “impuras”. Los hombres -algunos de ellos rabinos- comenzaron a gritar, maldecir y escupir, y algunos incluso comenzaron a pelear con ellas.

        ¿Realmente crees que a Dios le importan esas cosas?

        Parece que no le das importancia, ni siquiera en nombre de la tradición sagrada.

        A lo mejor especialmente por eso.

        ¿O sea que no te importa nada respecto a la vida en la Tierra y lo que está pasando en ella?

        Dios cuida de la vida en la Tierra lo suficiente para dar a los humanos toda la ayuda, todo el apoyo y todas las herramientas que pudiesen necesitar para hacer de ella una experiencia maravillosa y disfrutable. Y Dios ama a los seres humanos lo suficiente para darles el regalo más grandioso de todos:

el libre albedrío.

        Ahora, llama la atención que han creado una objeción a ustedes mismos al creer que Dios les da el libre albedrío para después quitárselos diciéndoles exactamente qué quiere que hagan e incluso qué deben pensar y decir. En algunos casos incluso cómo se deben vestir y comer.

        Algunos incluso piensan que es falta de respeto escribir el nombre de Dios, así que usan guiones en lugar de las vocales con el fin de no completar la ortografía (lo que no saben es que la costumbre de escribir así el nombre de Dios surgió debido a que el idioma en el que originalmente se escribía no tenía vocales). Otros establecen leyes en sus sociedades que prohíben poseer o mostrar cualquier foto, o incluso dibujo, de Dios o de humanos o animales, porque creen que se debe prohibir el mostrar estas “imágenes grabadas”.

        Se han negado a sí mismos muchos de los placeres más simples -música y danza, por ejemplo- afirmando que Dios dice que no quiere que se ocupen en tales satisfacciones. Éstas son, dicen algunos de ustedes, pecadoras e inmorales. De hecho, en países donde el código civil se basa en la ley religiosa, han hecho de las equivocaciones más pequeñas y de los errores humanos más pequeños cuestiones de bajeza moral.

        Incluso la moralidad verdadera como un criterio sin cambios y objetivo, no existe. No puede existir en ninguna sociedad en evolución, porque la naturaleza de la evolución es el cambio. y, por supuesto, esto es exactamente lo que la mayoría de los gobiernos que se basan en la religión buscan detener. Buscan detener el cambio. Aunque el cambio sea la naturaleza de la vida. Y así, buscan crear una vida mejor negando a la Vida en Sí.

        Pero no podrán negar la Vida, ni corromper su proceso. Por lo tanto, si las sociedades cambian sin que también lo haga su moral, puede surgir una gran dificultad. Se creará un profundo abismo entre las reglas escritas y las experiencias terrenales. Ya medida que este abismo se haga más grande, surgirán espontáneamente nuevas y más prácticas normas de comportamiento en las culturas. Sin embargo, cuando éstas surjan, las viejas normas serán defendidas por quienes temen adaptarse a las nuevas.

        Y por tanto, de nueva cuenta, justificarán el ataque en nombre de la defensa.

        Ésta es exactamente la situación en muchas de las culturas hoy en día.

        Es una ironía de la vida en tu planeta que la libertad, la cual es la esencia de lo que es Dios, y el libre albedrío, que es el regalo más grande de Dios, sea casi siempre severamente restringida por los gobiernos que son controlados por las religiones.

        Hay quienes dicen que el gobierno no debería ser controlado por las religiones, que debería haber una separación estricta entre la Iglesia y el Estado. Pero ése es un punto de vista muy occidental. Otras culturas creen que sólo Dios debe y puede ser el gobernador supremo de los asuntos humanos, y que la ley de la Tierra debería ser la ley de Dios, tal como está establecido en las sagradas escrituras y la interpretan los maestros y juristas religiosos.

        Éste es el conflicto de ideologías del que antes hablé en nuestra conversación. Es esencialmente un conflicto entre la libertad individual y la restricción personal, entre los derechos humanos y lo que algunas personas declaran que es la Ley de Dios.

        En verdad no hay tal conflicto, la libertad es la esencia de Dios, y los derechos humanos -libertad personal, igualdad bajo la ley, justicia en los juicios- son la expresión de esa esencia.

        Así, ha habido religiones -todavía las hay- que no reconocen las libertades e igualdades básicas como derecho de cada persona.

        De acuerdo con algunas religiones, como ya se ha señalado, las mujeres no son iguales a los hombres. De acuerdo con ciertas religiones, los ateos no tienen derecho a vivir. Una persona que no es miembro de la fe no puede testificar contra uno que sí lo es. Y es correcto esclavizar a las personas.

        No, no... No hay escritura religiosa auténtica que no condene la esclavitud.

        Harías bien en leer la Biblia y el Corán con más atención.

        Ahora bien, si tales enseñanzas religiosas se convirtieran en la ley de la tierra o en las creencias más internas y las “morales” de una cultura, en efecto se desarrollaría un conflicto. Especialmente si esas religiones buscan hacer de sus creencias los principios que guíen a los demás.

        Siempre ha habido diferencias ideológicas en tu planeta, pero el crecimiento de esas diferencias a la par de los avances en tecnología que caracterizan a la época actual, ha creado las condiciones para una rápida autodestrucción.

        Bueno, aquí vamos de nuevo con la misma pregunta. ¿Qué podemos hacer para detener esto?

        Requerirá un acto de valentía sin precedentes, a gran escala. Puede que tengan que hacer algo

desconocido en los anales de la historia humana.

        ¿Qué?

        Puede que tengan que sacrificar algunas de sus creencias más sagradas.

        “No puedo hacer eso. No puedo. Preferiría morir que hacerla”.

        Eso es lo que dirán algunas personas cuando lean esto.

        Entonces lo van a hacer. Mucha gente estará dispuesta a morir con tal de “tener la razón”.

        Sólo cuando suficientes seres humanos hayan muerto debido a estas ideologías, ustedes decidirán que tal vez eran las ideologías en sí las que estaban equivocadas.

        Su vida y su experiencia provocarán que cambien su concepto, al final, acerca de lo que “es correcto” y lo que “está equivocado” y acerca de lo que 1unciona” y lo que “no funciona”.

        ¡Bueno, aquí vamos! Éste es el tipo de relativismo que, afirman los fundamenta listas, es la causa principal de todos nuestros problemas. ¿No fue éste el que provocó que se recrudeciera incluso el fundamentalismo más radical?

        Sí. Temerosos de perder su forma de vida, e incapaces de lidiar con los rápidos e interminables

cambios, sin que nadie les haya ofrecido durante siglos nuevos pensamientos, ideas teológicas o modelos espirituales, algunas personas no conocen otra manera de avanzar que retroceder.

        Estas personas insisten en regresar a la interpretación estrecha y literal de sus escrituras sagradas, y en adherirse a los 1undamentos” de sus tradiciones religiosas, aunque algunas de esas antiguas enseñanzas y requerimientos fundamentales no correspondan en absoluto a las circunstancias actuales.

        Esto les crea un conflicto con quienes ven claramente que las situaciones de hoy día no pueden ser dirigidas ni resueltas mediante tales interpretaciones ancestrales. De modo que quienes desean conservar sus creencias más internas sienten que es por éstas por las que se les ataca. Y ese sentimiento hará que las defiendan hasta la muerte.

        ¿Entonces, cuál es la solución?

        El mundo debe crear una Nueva Espiritualidad.

        No para reemplazar completamente lo antiguo, pero sí para refrescarlo.

        No para menospreciar lo antiguo, pero sí para expandirlo.

        No para destruir lo antiguo, pero sí para rescatar lo mejor de él.

        La espiritualidad humana necesita refrescarse.

        Es la hora de presentar al mundo nuevos pensamientos e ideas teológicos, un nuevo modelo espiritual.

        El mundo debe tener algo nuevo a que aferrarse antes de liberarse del control de lo antiguo. Si estuvieses en medio de una corriente furiosa, ¿soltarías el tronco que te puede salvar?

        No.

        Entonces, construye un puente.

        Conviértete en ese puente.

        Vive las creencias de una Nueva Espiritualidad. Sigue el camino de una Nueva Revelación. Pero

no sólo hables de esta Revelación, demuestra su validez con tu vida, vívela.

        Muestra el camino.

        Sé un proveedor de luz.

        Tengo que volver a preguntar, ¿qué puede hacer una persona?

        Tú eres la luz del mundo. ¿No lo sabes?

        Todos lo son si eligen serio.

        Una ciudad no se puede ocultar en una colina. Y la gente no enciende una lámpara y la cubre con

algo, sino que la pone en un lugar desde el cual alumbre a todos en la casa.

        De la misma manera, deja que tu luz brille ante los hombres que podrán ver tus buenas obras y

alabarán las creencias que las han propiciado.

        Por este medio puedes ayudar a los demás a cruzar el abismo entre el ayer y el mañana, y cerrar

el espacio entre la comodidad de la tradición y la necesidad de innovación.

        El mundo debe inventarse a sí mismo nuevamente. Y así honrarán el pasado mientras visualizan el futuro. No rechaces las viejas creencias completamente, ni pidas que alguien más lo haga. Construye sobre ellas, modifícalas cuando parezca que el cambio es apropiado, e invita a los demás a hacer lo mismo.

        Deja que tu Nueva Espiritualidad no sea el rechazo, pero sí la realización, de todo lo que tus

viejas leyes religiosas y tus profetas ancestrales te hayan prometido.

Y cuando los demás pregunten lo que estás

 haciendo, di: No piensen que he venido a abolir la

Ley de Los profetas; no he venido a abolirla, pero

 sí a cumplirla.

 

 
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