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EL ALQUIMISTA

Prologo

Paulo Coelho

 
 

     Yendo ellos por el camino entraron en cierto pueblo. Y una mujer, llamada Marta, los hospedó en su casa. Tenía ella una hermana, llamada María, que se sentó a los pies del

Señor y permaneció allí escuchando sus enseñanzas. Marta se agitaba de un lado a otro, ocupada en muchas tareas.

Entonces se aproximó a Jesús y le dijo:-¡Señor! ¿No te importa que yo esté sirviendo sola? ¡Ordena a mihermana que venga a ayudarme!

    Respondióle el Señor:-¡Marta, Marta! Andas inquieta y te preocupas con muchas cosas.

    María, en cambio, escogió la mejor parte, y ésta no le será arrebatada.

LUCAS, 10, 38-42

 
   

PRÓLOGO

    El Alquimista cogió un libro que alguien de la caravana había traído. El volumen no tenía tapas, pero consiguió identificar a su  autor: Oscar Wilde. Mientras hojeaba sus páginas encontró una historia sobre Narciso.

    El Alquimista conocía la leyenda de Narciso, un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago.

Estaba tan fascinado consigo mismo que un día se cayó dentro del lagoy se murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, a la que llamaron narciso.

    Pero no era así como Oscar Wilde acababa la historia.

    Él decía que, cuando Narciso murió, llegaron las Oréades -diosas del bosque- y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulceque era, en un cántaro de lágrimas saladas.

    -¿Por qué lloras? -le preguntaron las Oréades.

    -Lloro por Narciso -repuso el lago.

    -¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! -prosiguieron ellas-.

Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.

    -¿Pero Narciso era bello? -preguntó el lago.

    -¿Quién si no tú podría saberlo? -respondieron, sorprendidas, las Oréades-. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.

    El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:

    -Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.

-Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza.-¡Qué bella historia! -dijo el Alquimista.

 

 
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