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LA ACTITUD MENTAL POSITIVA

Primera Parte

Donde se inicia el camino hacia el éxito

Capitulo 3

Elimine las telarañas de su pensamiento

Napoleon Hill - Clement Stone  

 
 

 

ELIMINE LAS TELARAÑAS DE SU PENSAMIENTO

   Usted es aquello que piensa. Pero, ¿qué piensa usted? ¿Hasta qué extremo son ordenados sus procesos mentales? ¿Hasta qué extremo son «directos» sus pensa mientos?

   ¿Y hasta qué extremo están «limpios»?

 

   Hay ciertas telarañas mentales que confunden los pensamientos de casi todo el mundo, incluso los de las mentes más brillantes. Negativo: sentimientos, emociones, pasiones... hábitos, creencias y prejuicios. Nuestros pensamientos se enredan en estas telarañas. A veces tenemos unos hábitos indeseables y queremos corregirlos. Y a veces sentimos una fuerte tentación de obrar el mal. Y después, como un insecto atrapado en la tela de una araña, luchamos por librarnos de ella. Nuestra voluntad consciente se halla en conflicto con nuestra imaginación y con la voluntad de nuestro subconsciente. Cuanto más luchamos, tanto más atrapados nos sentimos.

   Algunas personas se dan por vencidas y experimentan los conflictos mentales de un infierno viviente. Otras aprenden a extraer y a utilizar las facultades del subconsciente a través de la mente consciente. Y lo consiguen: La actitud mental positiva: un camino hacia el éxito le enseña a extraer y utilizar esas facultades.

   Es posible que un insecto no pueda evitar quedar atrapado en la telaraña. Y, una vez atrapado, no puede escapar. Hay una cosa, sin embargo, sobre la que cada persona ejerce un absoluto control: su actitud mental.

Podemos evitar las telarañas mentales. Podemos eliminarlas. Podemos barrerlas en cuanto empiecen a desarrollarse. Y, una vez atrapados, podemos librarnos. Y podemos seguir siendo libres.

   Ello se consigue pensando con exactitud y con una AMP. La exactitud de pensamiento es uno de los 17 principios del éxito revelados en La actitud mental positiva: un camino hacia el éxito.

   Para pensar con exactitud hay Que razonar. La ciencia del razonamiento o de la exactitud de pensamiento se denomina lógica. Ésta se puede adquirir a través de libros específicamente dedicados a este tema, por ejemplo: El arte de la claridad de pensamiento, de Rudolf Flesch; Su oyente más entusiasta, de Wendell Johnson; Introducción a la lógica, de Irving Copi; y El arte del pensamiento directo, de Edwin Leavitt Clarke. Estos libros pueden constituir una extraordinaria ayuda desde el punto de vista práctico.

  PERO NO ACTUAMOS SÓLO POR MEDIO DE LA RAZÓN. Y la acción basada en el sentido común es el resultado de algo más que la mera razón. Depende de los hábitos de pensamiento y acción, de las intuiciones, de las experiencias y de otras influencias tales como las tendencias y el ambiente.

  Una de las telarañas de nuestra mente consiste en suponer que actuamos sólo movidos por la razón cuando lo cierto es que todo acto consciente es el resultado de hacer a aquello que queremos hacer.

Adoptamos decisiones. Cuando razonamos, mostramos tendencia a llegar a conclusiones favorables a los profundos impulsos internos de nuestro subconsciente. Y esta tendencia se da en todo el mundo... incluso en los grandes pensadores y filósofos.

  En el año 31 a. de C., un filósofo griego que vivía en una ciudad del mar Egeo quiso ir a Cartago. Era maestro de lógica; por consiguiente, analizó las razones favorables para emprender el viaje y las razones en contra. Por cada razón favorable, había muchas más razones que desaconsejaban el viaje. Como es natural, se marearía. El barco era tan pequeño que una tormenta tal vez pusiera en peligro su vida. Los piratas a bordo de rápidos veleros estaban al acecho en aguas de Trípoli, dispuestos a saquear los barcos mercantes. En caso de que el barco fuera apresado, los piratas le despojarían de sus bienes y a él le venderían como esclavo. La discreción le aconsejaba que no emprendiera el viaje.

  Pero lo emprendió: ¿Por qué? Porque quería hacerlo. De hecho, la emoción y la razón tendrían que estar equilibradas en la vida de todo el mundo. Ninguna de las dos debiera prevalecer. Por consiguiente, a veces es bueno hacer lo que se quiere en lugar de hacer aquello que teme la razón. En cuanto al filósofo... tuvo un viaje muy agradable y regresó a casa sano, y salvo.

  Veamos qué le ocurrió a Sócrates, el gran filósofo ateniense que vivió entre los años 470 y 399 a. de C., pasando a la historia como uno de los pensadores más grandes de todos los tiempos. Pese a toda su sabiduría, Sócrates tenía también telarañas mentales.

  De joven, Sócrates se enamoró de Xantipa, que era muy hermosa. Él no era apuesto, pero era muy persuasivo. Los individuos persuasivos tienen la capacidad de conseguir lo que desean. Y Sócrates logró convencer a Xantipa de que se casara con él.

   ¿ESTÁ USTED VIENDO TAN SÓLO LA PAJA EN EL OJO AJE NO? Finalizada la luna de miel, las cosas empezaron a ir mal en casa. Su mujer empezó a verle defectos. Y él, a ver los de ella. Él actuaba movido por su egoísmo. Ella andaba siempre fastidiándole. Y Sócrates afirmó, según se dice: «Mi objetivo en la vida era llevarme bien con la gente. Elegí a Xantipa porque sabía que, si pudiera llevarme bien con ella, podría llevarme bien con todo el mundo».

   Eso es lo que decía. Pero sus acciones desmentían sus palabras. Cabe dudar de que se llevara bien con algo más que unas pocas personas. Cuando se anda siempre tratando de demostrarles a las personas que están equivocadas, se las repele en lugar de atraerlas, tal como le ocurría a Sócrates.

   Sin embargo, él decía que soportaba la molestia de Xantipa como una forma de autodisciplina personal. Lo cierto es que hubiera conseguido desarrollar una auténtica autodisciplina si hubiera intentado comprender a su esposa e influir en ella mediante las mismas atenciones y expresiones de cariño que había utilizado para convencerla de que se casara con él. No veía la viga de su propio ojo y, en cambio, veía la paja en el ojo de Xantipa.

   Como es natural, Xantipa tampoco estaba libre de culpa. Sócrates y ella eran como tantos matrimonios de hoy en día. Después de la boda, dejan de comunicarse sus verdaderos sentimientos de afecto, comprensión y amor.

Se «olvidan» de utilizar los mismos modales agradables y las mismas actitudes mentales que hicieron de su noviazgo una feliz experiencia. Y el olvido es también una telaraña.

   Pero Sócrates no leyó La actitud mental positiva: un camino hacia el éxito. Y Xantipa tampoco. De haberlohecho, ésta hubiera sabido estimular a su marido para que su vida hogareña fuera más feliz. y hubiera visto la viga en su propio ojo, en lugar de ver la paja en el de Sócrates. Hubiera controlado sus propias reacciones y se hubiera mostrado sensible a las necesidades de su esposo. Es posible incluso que hubiera podido demostrarle la falacia de su lógica tras la lectura del capítulo 5, titulado «...Y algo más.», y puesto que la historia de Sócrates demuestra que éste sólo veía la paja en el ojo de Xantipa, hablaremos ahora de otro joven... que aprendió a ver la viga en su propio ojo. Pero, antes de hacerlo, veamos de qué manera se desarrolla el hábito de la importunación.

   Cuando se conoce la causa de un problema, es frecuente que éste se pueda evitar. O, en caso de que el problema ya exista, se puede hallar una solución.

   Hayawaka escribió en la obra El lenguaje en el pensamiento y en la acción:

Para curar [lo que ella cree que son] los defectos de su marido, es posible que una esposa le importune. Los defectos del marido se agravan y ella sigue importunándole. Como es natural, los defectos se agravan ulteriormente y ella le importuna todavía más. Dominada por una reacción fija al problema de los defectos de su marido, la esposa sólo sabe abordarlo de una manera. Y, cuanto más insiste, tanto más se deteriora la situación, hasta que ambos acaban con los nervios destrozados; el matrimonio se destruye y sus vi das se hacen pedazos.

 

Pero, bueno, ¿qué ocurrió con el joven? Era la primera noche de un curso de AMP, «La ciencia del éxito», cuándo al joven se le preguntó ¿Por qué quiere seguir este curso?»

  «¡Por mi mujer!», contestó él. Muchos de los alumnos se rieron... pero no así el instructor. Éste sabía por experiencia que hay muchos hogares desdichados porque el marido o la esposa ve los defectos del otro, pero no los suyos propios.

  DEVOLVIÓ LA FELICIDAD A SU HOGAR. Cuatro semanas más tarde, en el transcurso dé una reunión en privado, el instructor le preguntó al alumno «¿Cómo anda su problema?» « ¡ Está resuelto! »

  «¡Estupendo! Pero, ¿cómo lo ha conseguido?» «He aprendido lo siguiente: Cuando me en enfrento con un problema que implica malentendidos con otras personas tengo que empezar primero por mí mismo.

Al examinar mi propia actitud mental, descubrí que era negativa. Resultó que el problema no estribaba en mi mujer... ¡sino en mí mismo! Al resolver mi problema, descubrí que ya no tenía ninguno con ella.» ¿Qué hubiera ocurrido si Sócrates se hubiera hecho la siguiente reflexión: «Cuando me enfrento con un problema que implica un malentendido con Xantipa, tengo que empezar primero por mí mismo»? ¿Y qué ocurriría si usted se dijera: «Cuando me enfrento con un problema que implica un malentendido con otra persona, tengo que empezar primero por mí mismo»? ¿Sería su vida más feliz?

  No obstante, hay otras muchas telarañas que obstaculizan la felicidad. Y lo más curioso es que el mayor obstáculo está constituido por el propio instrumento de nuestro pensamiento: las palabras. Las palabras son símbolos, tal como nos dice S. I. Hayakawa en su libro. Descubrirá usted que un símbolo de una palabra puede significar la suma total de una combinación de innumerables ideas, conceptos y experiencias. Comprobará también, a medida que vaya leyendo La actitud mental positiva: un camino hacia el éxito, que el subconsciente se comunica inmediatamente con la conciencia mediante símbolos.

  Por medio de una palabra puede usted inducir a otros a actuar. Cuando usted le dice a otra persona: ¡Puede hacerlo!», ello constituye una sugestión. Cuando se dice a sí mismo: «¡Puedo hacerlo!», se está usted estimulando por medio de la autosugestión. En el capítulo siguiente nos referiremos a estas verdades universales. Digamos primero que se ha desarrollado toda una nueva ciencia en torno a los importantes descubrimientos realizados sobre las palabras y la comunicación de ideas a través de las palabras la ciencia de la semántica.

  Hayakawa es un experto en este campo y nos dice que el hecho de averiguar lo que significa realmente una palabra en boca de otra persona o incluso en la de nosotros mismos es de esencial importancia en el proceso de la exactitud mental.

  Pero, ¿cómo se puede conseguir tal cosa?

  Limítese a ser concreto. Empiece Por una coincidencia de las mentes (o de significados) y se evitarán con ello muchos malentendidos innecesarios.

   UNA PALABRA PUEDE PROVOCAR UNA DISCUSIÓN. El tío de un niño de nueve años se encontraba de visita en casa de los padres de éste. Una noche, cuando el padre regresó a casa, tuvo lugar el siguiente diálogo:

«¿Qué piensas de un niño que dice mentiras?» «No le tengo en muy buen concepto, pero sé una cosa con toda certeza: mi hijo dice la verdad. «Pues hoy ha dicho una mentira.»

   «Hijo, ¿le has dicho una mentira a tu tío?» «No, papá.»

   «Vamos a aclarar esta cuestión. Tu tío dice que le has mentido. Tú dices que no. ¿Qué ha ocurrido exactamente?», preguntó el padre, dirigiéndose al tío.

   «Bueno, le he dicho que llevara los juguetes al sótano. Él no lo ha hecho y me ha dicho que lo había hecho»

   "Hijo, ¿has llevado los juguetes al sótano?» «Sí, papá.»

   «Hijo, ¿cómo explicas eso? Tu tío dice que no has llevado los juguetes al sótano y tú dices que sí.»

   «Hay varios peldaños que conducen desde la planta baja al sótano... Unos cuatro peldaños más abajo hay una ventana... He dejado los juguetes en el antepecho de la ventana... el sótano es la distancia entre el suelo y el techo...

¡Los juguetes están en el sótano! »

   La discusión entre el tío y el sobrino se debía a la definición de una palabra: sótano. El chico sabía probablemente lo que su tío quería decir, pero había sentido pereza y no había querido bajar toda la escalera. Al enfrentarse con el castigo, trató de salvarse, utilizando la lógica para demostrar su aseveración.

   Es posible que eso resulte un poco embrollado. Pero veamos la historia más sugestiva de un joven que no conocía el significado del más importante símbolo verbal en cualquier idioma. ¿Y cuál es la palabra más importante en cualquier idioma? Esta palabra es Dios.

   No hace mucho tiempo un estudiante de la Universidad de Columbia acudió a visitar al reverendo Harry Emerson Fosdick, pastor de la iglesia Riverside de la ciudad de Nueva York. El estudiante apenas había franqueado la puerta cuando dijo: « ¡ Soy ateo!». Al sentarse, repitió en tono desafiante: «No creo en Dios».

  EMPECEMOS CON UNA COINCIDENCIA DE LAS MENTES. Afortunadamente, el doctor Fosdick era un experto en el campo de la semántica. Sabía por su dilatada experiencia que jamás podía establecer una auténtica comunicación con otra persona a no ser que comprendiera exactamente qué quería decir aquella persona con las palabras que estaba empleando. Sabía también que era necesario que la otra persona le comprendiera a él. Por consiguiente, en lugar de ofenderse con la descarada afirmación del estudiante, el doctor Fosdick le expresó un sincero y amistoso interés y después le rogó «Por favor, descríbame el Dios en el que no cree.» El joven tuvo que reflexionar, tal como le ocurre a cualquier persona a la que se dirige una pregunta que no provoca automáticamente una respuesta afirmativa o negativa. El doctor Fosdick sabía que una pregunta atinada sería capaz de eliminar de la mente del joven las resistentes telarañas de pensamiento negativo.

 

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  Al cabo de un rato, el estudiante empezó a tratar de describir al Dios en el que no creía. Al hacerlo así, le facilitó al clérigo una clara imagen del Dios que rechazaba.

  «Bueno -dijo el doctor Fosdick una vez el alumno hubo terminado-, si ése es el Dios en el que usted no cree, yo tampoco creo en él. Por consiguiente, ambos somos ateos. No obstante -añadió-, seguimos teniendo el universo en nuestras manos. ¿Qué piensa usted de... su formación, su significado?»

  Antes de despedirse del doctor Fosdick, el joven había descubierto que no era ateo en absoluto sino que, por el contrario, era un magnífico teísta. Creía en Dios.

  Ahora bien, el doctor Fosdick no se había arredrado ante el uso impreciso de una palabra. En este caso, contribuyó a eliminar las telarañas mentales del joven, haciéndole preguntas. Una respuesta clara y sencilla a la pregunta relativa a aquello en lo que el joven no creía fue suficiente para que se produjera una coincidencia de sus mentes. La segunda pregunta encauzó los pensamientos del joven hacia los canales adecuados y dio al doctor Fosdick la oportunidad de explicar lo que él entendía por Dios universal.

  LAS ANCAS DE RANA LE ENSEÑARON LA LÓGICA. Tal como hemos visto, el estudiante llegó a dos conclusiones enteramente distintas. Cada una de ellas se basaba en una premisa distinta. Las telarañas impiden la exactitud de pensamiento e inducen a llegar a una conclusión errónea cuando se parte de una premisa falsa. W. Clement Stone tuvo a este respecto una divertida experiencia que describe de la manera siguiente:

   En mi infancia me gustaba comer ancas de rana. Un día, en un restaurante, me sirvieron unas ancas de rana enormes y no me gustaron. Inmediatamente llegué a la conclusión de que no me gustaban las ancas de rana de gran tamaño.

   Algunos años más tarde acudí a un lujoso restaurante de Louisville, Kentucky, y vi que en el menú figuraban ancas de rana. Mantuve con el camarero la siguiente conversación:

   «¿Son pequeñas estas ancas de rana?» « ¡Sí, señor! »

   «¿Está seguro? Las grandes no me gustan. «¡Sí, señor!»

   «Si son pequeñas, las tomaré.» «¡Sí, señor!»

   Cuando regresó el camarero con el plato, vi que eran unas ancas de rana muy grandes. Me irrité y dije: «¡Estas ancas de rana no son pequeñas!».

   «Son las más pequeñas que hemos podido encontrar, señor», me contestó el camarero.

   Para no desairarle, me comí las ancas de rana. Y me gustaron tanto que pensé que ojalá hubieran

sido más grandes.

   Aprendí una lección de lógica.

   Al analizar la cuestión, comprendí que mis conclusiones sobre las ancas de rana grandes o pequeñas se habían basado en una premisa equivocada. No era el tamaño de las ancas de rana lo que las hacía desagradables. Lo que ocurría era que las enormes ancas de rana que había comido la primera vez no eran frescas. Y yo había asociado mi desagrado hacia las ancas de rana grandes con el tamaño y no ya con su mal estado.

   Vemos por tanto que las telarañas mentales impiden una exactitud de pensamiento cuando partimos de una premisa equivocada. Y, de este modo, muchas personas no piensan con exactitud cuando permiten que ciertos símbolos verbales de carácter general confundan su mente con premisas equivocadas. Palabras o expresiones tales como “siempre, sólo, nunca, nada, todos, todo el mundo, nadie, no se puede, imposible, o esto... o aquello”, son muy a menudo premisas equivocadas. Por consiguiente, cuando se las utiliza de esta manera, sus conclusiones lógicas son falsas.

   LA NECESIDAD, JUNTO CON UNA AMP, PUEDE ESTIMULARLE A ALCANZAR EL ÉXITO. Existe una palabra que, si se utiliza con una AMP, puede inducir a una persona a alcanzar un honroso logro. Si se utiliza con una AMN, se convierte en causante de mentiras, engaños y falsedades. La palabra es necesidad. La necesidad es la madre del ingenio y el padre del crimen.

   Unas normas inviolables de integridad son fundamentales para alcanzar cualquier logro que merezca la pena, y forman parte inherente de una AMP.

   A lo largo de este libro, leerá usted muchas historias de éxito cuyos protagonistas se vieron impulsados por la necesidad. Y, en todos los casos, observará que tales personas alcanzaron el éxito sin transgredir ninguna norma inviolable de integridad. Lee Braxton es uno de estos hombres.

   Lee Braxton, de Whiteville, Carolina del Norte, era hijo de un modesto herrero que apenas ganaba para vivir. Era el décimo hijo de un familia de doce. «...Se puede decir, por tanto -señala el señor Braxton-, que me familiaricé con la pobreza en una época muy temprana de mi vida. Gracias a mi esfuerzo, conseguí superar el sexto año de estudios. Hice de limpiabotas, fui mozo de una tienda de comestibles, vendí periódicos, trabajé en una fábrica de géneros de punto, fui lavacoches y ayudante de mecánico.»

   Al convertirse en mecánico, Lee pensó que había logrado sus máximas aspiraciones. Tal vez aún no se hubiera producido en él un descontento inspirador. A su debido tiempo, contrajo matrimonio. Y, junto con su esposa, siguió viviendo en medio de la escasez. Estaba acostumbrado a la pobreza. Y ahora le pareció que le sería imposible romper los lazos que le mantenían atado, aunque le pagaban muy mal y apenas podía mantener a su familia. Los Braxton ya lo estaban pasando muy mal en su intento de seguir tirando cuando, para completar la sensación de derrota, él perdió el empleo. Estuvo a punto de perder la casa al no poder hacer frente a la hipoteca. La situación parecía desesperada.

   Pero Lee era un hombre de carácter. Era también un hombre religioso. Y creía que Dios es siempre un Dios bueno. Por consiguiente rezó, pidiendo su guía e inspiración. Como en respuesta a su plegaria, un amigo le

proporcionó el libro Piense y hágase rico. Este amigo había perdido su empleo y su casa durante los días de la Depresión, y se había sentido estimulado a recuperar su fortuna tras haber leído Piense y hágase rico.

   Ahora Lee estaba preparado. Leyó el libro una y otra vez. Estaba buscando el éxito económico y se dijo a sí mismo. «Me parece que hay algo que tengo que hacer. He de añadir algo. Ningún libro lo hará por mí. Lo primero que debo hacer es desarrollar una Actitud Mental Positiva en relación con mis aptitudes y mis oportunidades. Tengo que elegir sin falta un objetivo concreto. Y, cuando lo haga, he de apuntar más alto de lo que jamás haya hecho en el pasado. Pero tengo que poner manos a la obra. Empezaré con el primer empleo que pueda encontrar».

   Buscó un trabajo y lo encontró. Al principio no era muy lucrativo.

   Sin embargo, pocos años después de haber leído Piense y hágase rico, Lee Braxton organizó y se convirtió en presidente del First National Bank de Whiteville, fue elegido alcalde de su ciudad y participó en muchos y muy buenos negocios. Y es que Lee había apuntado alto, mejor dicho, muy alto. Se había propuesto el objetivo de ser lo suficientemente rico como para poder retirarse a la edad de cincuenta años. Alcanzó su meta con seis años de adelanto: se retiró de los negocios activos con una considerable fortuna y unos magníficos ingresos propios a la edad de cuarenta y cuatro años. Hoy en día, Lee Braxton lleva una vida útil. Dedica todos sus esfuerzos a ayudar al pastor evangelista Oral Roberts en su ministerio.

   Ahora bien, los trabajos que hizo y las inversiones que efectuó para elevarse desde el fracaso hasta el éxito no tienen importancia aquí. Lo que nos importa es el hecho de que la necesidad induce a un hombre con AMP a actuar sin transgredir las normas consideradas como inviolables. Un hombre honrado no engañaría, estafaría o robaría a causa de la necesidad. La honradez es inherente a una AMP.

  NECESIDAD, AMN Y CRIMEN. Comparemos ahora a este hombre con los miles de personas que poseen una AMN y se encuentran en prisión por robo, desfalco u otros delitos. Cuando se les pregunta por qué se les ocurrió robar, su respuesta es invariablemente: «Tuve que hacerlo». ¡Y por eso han terminado en prisión! Se dejaron arrastrar hacia la falta de honradez porque sus telarañas mentales les indujeron a creer que la necesidad obliga a las personas a ser deshonestas.

  Hace algunos años, Napoleón Hill, que era asesor personal en la biblioteca de la penitenciaría federal de Atlanta,mantuvo varias conversaciones con Al Capone. En el transcurso de una de ellas, el autor P eguntó: «¿De qué manera inició usted su carrera delictiva?».

  Capone le contestó con una sola palabra: «Necesidad».

  Después las lágrimas asomaron a sus ojos y se le hizo un nudo en la garganta. Empezó a referir algunas de las cosas buenas que había hecho y que los periódicos jamás habían mencionado. Como es lógico, éstas parecen insignificantes en comparación con todo el mal que se asocia con su nombre.

  Aquel desdichado echó a perder su vida, destruyó su paz de espíritu, debilitó su cuerpo con una enfermedad mortal y sembró el pánico y el desastre en su camino... todo porque jamás aprendió a eliminar sus telarañas mentales en relación con la necesidad.

  Y Capone habló de sus buenas obras, dando a entender que con ellas había compensado en cierto modo el mal que había hecho y revelando claramente con ello otra telaraña que le impedía pensar con exactitud. Aunque un hombre pueda neutralizar el mal que ha hecho mediante el verdadero arrepentimiento, seguido de una vida de buenas obras, Capone no era un hombre de esta clase.

  Pero hubo un hombre que sí lo era. Se trataba de un adolescente difícil. Y, sin embargo, su madre jamás perdió la esperanza, aunque sus muchas plegarias por él parecieran no obtener respuesta. Y jamás perdió la fe, a pesar de las escapadas o fechorías de su hijo.

   ERA UN ADOLESCENTE DIFÍCIL. Este joven se convirtió en un adolescente difícil, instruido, intelectual, apasionado y sensual. Se enorgullecía de ser el primero, incluso en el mal. Se dice que desobedecía a sus padres y maestros, que mentía y engañaba, que cometía pequeñas fechorías, hacía trampa en el juego y se entregaba a toda clase de excesos alcohólicos y sexuales.

   Y, sin embargo, gracias a las constantes y reiteradas súplicas de su madre para que se enmendara, trató de hallarse a sí mismo antes de haber alcanzado el punto más bajo de su vida moral. A veces se llenaba de vergüenza al pensar que hombres con menos instrucción que él eran capaces de resistir las tentaciones que él era incapaz de resistir. Y puesto que era -un hombre instruido y estaba buscando, empezó a estudiar la Biblia y otros libros de inspiración de su época.

   Aun así, perdió muchas batallas contra sí mismo. y un día ganó la batalla que le permitió alzarse con la victoria. Es lo que suele ocurrir cuando una persona lo sigue intentando. Durante un período de remor- dimiento en el que se sentía abrumado por los sentimientos de autocondena, oyó por casualidad una con- versación en la que una voz decía: «¡Toma y lee!»

   Tomó el primer libro que tenía a mano, lo abrió y leyó: «Andemos honestamente, como de día; no en orgías ni en borracheras; no en casas de prostitución ni desenfrenos; no en disputas ni envidias; al contrario, vestíos del Señor Jesucristo y no os cuidéis de la carne para satisfacer sus pasiones.»

   Ocurre a menudo. Cuando una persona sufre una grave derrota en una lucha consigo misma, es posible que en aquel momento esté preparada. Su remordimiento puede ser tan emocional y sincero que tal vez le induzca a emprender una acción inmediata y, a través de la perseverancia, le permita cambiar y seguir el camino que le conduzca a una victoria total.

   !Ahora aquel joven estaba preparado!

   Y una vez adoptada una decisión irrevocable, alcanzó la paz de espíritu. Creía que la Potencia divina le ayudaría a superar los pecados contra los que antes había luchado en vano y adquirió una profunda espi- ritualidad. Los resultados de su vida futura lo demostraron. El joven se entregó a Dios y al servicio de sus hermanos.

   Por lo que fue y por lo que llegó a ser es considerado capaz de ejercer una poderosa influencia en la tarea de dar esperanza incluso a los desesperados. Se llamaba Agustín. Y fue declarado santo.

   Es bien sabido que la fuerza de la Biblia ha sido útil para cambiar las actitudes negativas en positivas, incluso de los más negligentes seres humanos. Y gracias a la eficacia especial de esta Palabra Escrita, éstos se sintieron inspirados a eliminar las telarañas de su mente. Fueron limpios en sus pensamientos y en sus costumbres. Muchos, como San Agustín, se han sentido impulsados a arrepentirse profundamente y, como él, han experimentado el deseo de dedicar sus vidas al servicio de Dios y de la humanidad. Y muchos grandes evangelistas han surgido de entre ellos.

   Ahora bien, hay muchas personas de profunda fe religiosa que también leen la Biblia, pero nos dicen «No traten de obstaculizar la obra de Dios cuando les recomendamos otros libros de inspiración. Las telarañas mentales les impiden tratar de extraer el bien donde quiera que se encuentre.

   No SE TRATA DE OBSTACULIZAR LA LABOR DE DIOS. Estas buenas gentes temen que sea sacrílego atreverse a explorar los poderes de la mente que Dios les ha dado: la capacidad de elegir, planificar y controlar su futuro. Muchos libros de inspiración se proponen estimular al lector a dirigir sus pensamientos, controlar sus emociones y ordenar su destino. Y a menudo le ayudan a comprender las verdades de la Biblia.

   Ello es cierto, por ejemplo, en el caso del gran éxito editorial El poder del pensamiento tenaz, (Ediciones Grijalbo, Barcelona, 20' edición, 1981). En su libro, Norman Vincent Peale se esfuerza por inducir al lector a mejorar su personalidad. Para ello, cita directamente la Biblia en la que creen estas personas. He aquí algunas de las citas que utiliza el doctor Peale (y que seria conveniente aprender de memoria)

   Tal como piensa en su corazón, así es el hombre.

Ya ha visto usted varias telarañas mentales que le hemos descrito. Algunas de ellas son:

1. Negativas: (a) sentimientos, (b) emociones, y (c) pasiones; (d) hábitos, (e) creencias y (f) prejuicios.

2. Ver tan sólo la paja en el ojo ajeno.

3. Discusiones y malentendidos provocados por dificultades semánticas.

4. Falsas conclusiones debidas a falsas premisas.

5. Palabras o expresiones generales o bien restrictivas, así como premisas básicas o bien secundarias.

6. La idea según la cual la necesidad conduce a la falta de honradez.

7. Pensamientos o hábitos deshonestos.

8. El temor de que sea sacrílego utilizar los poderes de la mente.

 

  Hemos visto por tanto que existen muchas variedades de telarañas mentales: algunas son pequeñas y ótras grandes, algunas son débiles y otras resistentes.

  Y, sin embargo, si elabora usted una lista adicional de las suyas propias y después examina detenidamente los hilos de cada una de las telarañas, comprobará que todas ellas han sido tejidas por la AMN.

  Y si reflexiona cuidadosamente acerca de ello, se dará cuenta de que la telaraña más fuerte que teje la AMN es la telaraña de la inercia. La inercia le induce a no hacer nada; o, en caso de que esté siguiendo un camino equivocado, le impide ofrecer resistencia o bien detenerse. Y usted sigue adelante.

  LA IGNORANCIA ES EL RESULTADO DE LA INERCIA. Aquello que le parece lógico a la persona que ignora los hechos o carece de los conocimientos prácticos puede parecerle ilógico al hombre que los conoce. Cuando adopta usted decisiones porque se niega a mantener una mentalidad abierta y a aprender la verdad, ello se debe a la ignorancia. Y la AMN se mantiene viva y se desarrolla gracias a la ignorancia. iElimínela ! La actitud mental positiva: un camino hacia el éxito le indicará claramente cómo eliminarla.

  Es posible que un hombre con una AMP ignore los hechos o carezca de los conocimientos prácticos. Es posible que no comprenda. Y, sin embargo, reconoce la premisa básica según la cual la verdad es verdadera y no falsa aunque él no la conozca o no la comprenda. Gracias a ello, se esfuerza por mantener una mentali- dad abierta y por aprender. Tiene que basar sus conclusiones en lo que sabe y, sin embargo, ha de mos- trarse dispuesto a cambiarlas cuando haya ampliado sus conocimientos.

  ¿Se atreverá usted a eliminar las telarañas de sus pensamientos? Si la respuesta es «sí», déjese conducir por la Guía Nº 3 mientras avanza hacia el capítulo 4. Estará usted dispuesto a ver las cosas con mentalidad abierta. ¡Estará dispuesto a explorar los poderes de su mente! Y, cuando lo haga, su exploración le conducirá a un gran descubrimiento. Pero sólo usted podrá hacer este descubrimiento.

GUÍA Nº 3

Ideas a seguir

 -Usted es lo que piensa. Sus pensamientos se valoran según su actitud sea positiva o negativa.

    Échese un vistazo. Es usted 1) ¿bueno?... 2) ¿malo?... 3) ¿sano?... 4) ¿psicosomáticamente

    enfermo?... 5) ¿rico?... 6) ¿pobre? En tal caso, l) tiene usted buenos pensamientos... 2) sus

    pensamientos son malos... 3) sus pensamientos giran en torno a la buena salud... 4) sus

    pensamientos son la causa de ello... 5) sus pensamientos giran en torno a la riqueza... 6) sus

    pensamientos están centrados en la pobreza.

 -Negativo: sentimientos, emociones pasiones (prejuicios, creencias, hábitos): podrá eliminar esas

    telarañas mentales girando su talismán de la cara de la AMN a la de la AMP.

 -Puede usted eliminar las telarañas mentales de las pasiones, emociones, sentimientos, tendencias,

    prejuicios, creencias y hábitos, cambiando su talismán invisible de la AMN a la AMP. Aprenderá a

    hacerlo a medida que vaya reaccionando a lo que lea en La actitud mental positiva: un camino

    hacia el éxito.

 -Cuando se enfrenta usted con un problema que implica un malentendido con otras personas, tiene que

    empezar primero por usted mismo.

 -Una palabra puede provocar una discusión, crear un malentendido, ocasionar desgracias y terminar en aflicción. Una palabra con una AMP, en comparación con otra con una AMN, produce efectos contrarios. Una palabra puede producir paz o guerra, aceptación o rechazo, amor u odio,integridad falta de honradez.

-Empecemos con una coincidencia de las mentes. Cuando el doctor Fosdick hizo eso, el joven llegó a la conclusión de que no era ateo sino que creía en Dios.

-Las ancas de rana le enseñaron la lógica. Cuando piense por medio de deducciones, procure que las premisas principales y secundarias sean correctas.

-Las palabras generales o bien restrictivas tales como: siempre - sólo - nunca - nada - todos - todo el mundo - nadie - no se puede - imposible, debieran eliminarse del razonamiento en calidad de premisas hasta que no estemos seguros de que son correctas.

-Necesidad es la palabra. ¿Le impulsa la necesidad a alcanzar altos objetivos a través de su honradez e  integridad personal, o bien la necesidad le impulsa a tratar de conseguir resultados por medio del engañ o la falta de honradez?

-Un adolescente difícil: es posible que conozca usted uno. Mas no desespere. Quizá no llegue a ser un santo. Pero tal vez algún día logre que su propio mundo y el de usted sea un mundo mejor.

-Dirija sus pensamientos; controle su emociones; encauce su destino. Apréndase de memoria y repita con frecuencia los factores de automotivación de la Biblia que se citan las páginas 82-83.

-Aprenda a distinguir los «hechos de la fantasía, la realidad de la ficción. Y aprenda después la diferencia que existe entre los hechos que son importantes y los que no lo son.

 

 
DIRIJA SUS PENSAMIENTOS CON UNA AMP PARA CONTROLAR SUS EMOCIONES Y ENCAUZAR SU  DESTINO

 

 
 

 

 

 
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