web
analytics
Estadísticas
 
 
 
 

LA ACTITUD MENTAL POSITIVA

Cuarta parte

¡Preparese a alcanzar el exito!

Capitulo 19

Libérese de ese sentimiento de culpabilidad

Napoleon Hill - Clement Stone  

 
 

LIBÉRESE DE ESE SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

 

  Usted experimenta un sentimiento de culpabilidad. ¡ Eso es bueno!

  El sentimiento de culpabilidad es bueno. Pero libérese de él... Toda persona, con independencia de lo buena o mala que pueda ser, puede experimentar a veces un sentimiento de culpabilidad. Este sentimiento es el resultado de una «suave vocecita que le habla. Y su conciencia es esta «suave vocecita».

  Piense por un instante: ¿qué ocurriría si una persona no experimentara un sentimiento de culpabilidad tras obrar el mal? Porque la persona que no experimenta un sentimiento de culpabilidad tras haber cometido una mala acción es a menudo incapaz de distinguir entre el bien y el mal... o no le han enseñado a distinguir entre el bien y el mal respecto a su conducta. O tal vez no esté en su sano juicio.

  Muchos sentimientos de culpabilidad se heredan y otros se adquieren.

  Sabemos que un conflicto mental puede surgir cuando las emociones y las pasiones heredadas se ven refrenadas por la sociedad en la que uno vive; y las personas de un determinado ambiente pueden regirse de acuerdo con un código moral contrarío al que impere en otro ambiente. Sin embargo, en todos los casos en los que a un individuo se le ha enseñado un determinado código moral, experimenta un sentimiento de culpabilidad cuando lo viola.

  En algunos casos, no obstante, la transgresión del código moral de una sociedad puede ser buena porque las normas morales pueden ser malas en sí mismas.

  Lo repetimos: el sentimiento de culpabilidad es bueno e incluso estimula a algunas personas de alto nivel moral a tener pensamientos y a emprender acciones dignas.

   Hubo un hombre recto que odiaba y perseguía implacablemente a los miembros de una minoría religiosa.

Pero experimentó un sentimiento de culpabilidad. Y el mundo sabe que enmendó el mal cometido cuando sus sentimientos de culpabilidad le indujeron a emprender una acción deseable. Se convirtió en un gran apóstol. Y sus pensamientos, palabras y acciones han cambiado la historia del mundo a lo largo de los últimos dos mil años. Se llamaba Saulo de Tarso.

   Y hubo un hombre cuyos sentimientos de culpabilidad por lo que él consideraba fechorías le provocaron tal remordimiento que también se sintió impulsado a emprender una acción deseable. En la cárcel se pasó los días escribiendo un libro. Y su libro constituye ahora una referencia clásica para la enseñanza de la rectitud de carácter y la belleza de la vida. Se llamaba John Bunyan.

   Y hubo también otro pecador que hemos mencionado en el capítulo quince, el cual hizo entrega de medio millón de dólares con destino a los Boys Clubs de Chicago y también un donativo de un millón de dólares a su iglesia. Lo hizo en parte para expiar sus pecados, puesto que ofreció dinero para impedir que los muchachos y muchachas cayeran en las trampas y los engaños de la vida que lo habían atrapado a él.

   Incluso un benefactor de la humanidad como el doctor Albert Schweitzer se sintió impulsado a actuar a causa de un sentimiento de culpabilidad. Se sentía culpable por no haber cumplido con sus responsabilidades en relación con sus semejantes. Y puesto que podía hacer algo que mereciera la pena pero no lo hacía, su sentimiento de culpabilidad le indujo a comenzar su gran misión.

   ¿Comprende ahora por qué es bueno un sentimiento de culpabilidad con una AMP? Sin embargo, existe también un sentimiento de culpabilidad con una AMN. Y éste es malo.

   Porque no todos los sentimientos de culpabilidad dan lugar a resultados beneficiosos. Cuando el indivi duo experimenta un sentimiento de culpabilidad y no se libera de este sentimiento con una AMP, los resultados son con frecuencia de lo más perjudiciales.

   El gran psicólogo Sigmund Freud afirma: «Cuanto más avanza nuestro trabajo y cuanto más profundamente penetra nuestro conocimiento en la vida mental de los neuróticos, tanto más claramente observamos la presencia de dos nuevos factores que requieren la mayor atención en calidad de fuentes de resistencia...

Ambos pueden incluirse en la descripción de "necesidad de sufrir"... El primero de estos dos factores es el sentimiento de culpabilidad o conciencia de culpa...»

   Y Sigmund Freud tiene razón. Porque los sentimientos de culpabilidad han llevado a los hombres a destruir sus vidas, mutilar sus cuerpos o causarse algún otro tipo de lesión con el fin de expiar sus malas obras.

Afortunadamente, hoy en día raras veces se practican semejantes métodos. Y en los países civilizados no están permitidos. Pero se puede encontrar un equivalente. Porque es posible que la conciencia no se sienta culpable, pero el subconsciente sí.

   Y el subconsciente nunca olvida.

   Y utiliza sus facultades con la misma eficacia que la conciencia, satisfaciendo la necesidad del individuo que no se libera del sentimiento de culpabilidad con una AMP, generándole una enfermedad y haciéndole sufrir.

  UN SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD PUEDE ENSEÑARLE A SER CONSIDERADO CON LOS DEMÁS.

La consideración para con los demás es una cualidad que cada uno de nosotros tiene que aprender a desarrollar. El niño recién nacido no se preocupa por el bienestar y la conveniencia de nadie. Quiere lo que quiere y cuando lo quiere. Pero en algún momento de su desarrollo empieza a aprender poco a poco que hay también otras personas y que, en cierto modo por lo menos, habrá de tenerles un poco de consideración. Sin embargo, el egoísmo es un rasgo humano muy común que sólo se refrena en cada uno de nosotros a través

del desarrollo. Cuando somos lo suficientemente mayores como para comprender que tales sentimientos no son buenos, experimentamos una punzada de culpabilidad cada vez que cedemos al egoísmo. Eso es bueno porque nos induce a pensarlo dos veces cuando surge la ocasión y podemos elegir entre complacernos a nos- otros o complacer a los demás.

   El nieto de seis años de Thomas Gunn estaba visitándole en su residencia de Cleveland, Ohio. El chiquillo corría a la esquina todas las tardes para recibir a su abuelo cuando éste regresaba del trabajo. El abuelo se sentía muy feliz. Cuando el nieto acudía a recibirle, él le daba una bolsita de caramelos.

   Un día el niño corrió a la esquina y saludó muy excitado a su abuelo, anticipándose al regalo: «¿Dónde están los caramelos?». El anciano caballero trató de ocultar su emoción: «¿Has salido a recibirme todas las tardes - dijo, vacilando antes de continuar- sólo por una bolsita de caramelos?». El niño tomó la bolsita que el abuelo se había sacado del bolsillo. Ninguno de los dos habló mientras se encaminaban hacia la casa. El niño estaba dolido y se sentía desdichado. No quiso probar los caramelos. Ya no se le antojaban apetecibles. Había lastimado a una persona a la que amaba.

   Aquella noche, el niño de seis años y su abuelo se arrodillaron y, mientras ambos rezaban juntos, el chiquillo añadió por su cuenta: «Por favor, Dios mío, haz que el abuelo sepa que le quiero ».

   La aflicción y el remordimiento del niño por su mala acción fueron buenos. ¿Por qué? Porque le obligaron a emprender una acción con el fin de liberarse de aquel sentimiento de culpabilidad y compensar lo que había hecho.

   PARA LIBERARSE DEL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD, REPARE EL DAÑO. Los sentimientos de culpabilidad pueden surgir por muy variadas causas. Pero el sentimiento de culpabilidad lleva aparejado un sentimiento de deuda... una deuda que hay que reducir y eliminar.

   Nos lo ilustra muy bien la historia del joven médico que nos ofrece la novela de Lloyd C. Douglas La Magnífica Obsesión. Recordará usted que en aquella historia el joven héroe creía estar en deuda con el mundo porque había salvado su vida a costa de la vida de un gran neurocirujano que había sido una bendición para el mundo.

   Sin embargo, este sentimiento de deuda indujo al joven a especializarse en neurocirugía y a alcanzar la misma habilidad que el hombre al que él creía haber arrebatado la vida. Y en el diario d hombre que habíael perseverado, el joven aprendió una filosofía de la vida que le indujo a desarrollar una Magnífica Obsesión. Y de este modo, gracias a su sentimiento de culpabilidad, se convirtió también en una persona de mérito.

   Toda historia es la historia de alguien. Y cada día en su periódico lee usted la historia de alguien: alguien como Jim Vaus, cuya vida fue salvada en más de un sentido porque respondió a una irrevocable decisión de liberarse de su sentimiento de culpabilidad. Y entró en acción.

  ¡PARA LIBERARSE DEL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD, ENTRE EN ACCIÓN! Algunas veces, las personas se ven atrapadas en una telaraña de fechorías y parecen incapaces de liberarse de ellas porque dejan de esforzarse, y se van enredando cada vez más hasta que al final hace falta casi una experiencia devastadora para liberarlas. Éste fue el caso de Jim Vaus.

  Jim Vaus es un hombre que literalmente le debe la vida a su decisión de decir «Quiero», una decisión que adoptó muy tarde en la vida. Durante muchos años, Jim había estado obrando contra los mandamientos.

Parecía como si tratara de transgredirlos todos, uno a uno. La primera vez que desobedeció el mandamiento de «No robarás», era todavía un estudiante universitario. Un día robó 92,74 dólares, se dirigió al aeropuerto, adquirió un billete y se fue a Florida. Algo más tarde volvió a robar, esta vez a mano armada. Fue apresado y metido en la cárcel. Poco después, se le amnistió para que pudiera incorporarse a filas; pero en el ejército también se metió en dificultades. El consejo de guerra decía: «...por destinar propiedades del Gobierno a uso privado... »

  Y ocurrió que la carrera de Jim Vaus siguió deslizándose cuesta abajo. Cuantas más fechorías cometía, tanto más culpable se sentía. La culpabilidad conduce a la culpabilidad y a las mentiras y los engaños para ocultarla.

  Ahora Jim ya no se sentía conscientemente culpable... porque su sentido consciente de la culpabilidad se había amortiguado. Pero no así el de su subconsciente, porque allí se iba acumulando el sentimiento de culpabilidad sin que Jim se diera cuenta.

  Y tal como sucede en las historias que a menudo se leen en los periódicos, hizo falta una experiencia devastadora para que se despertara.

  Vaus fue licenciado del ejército; se casó y se trasladó a vivir a California, donde montó un negocio de electrónica. Un día, un hombre conocido simplemente como Andy acudió a Jim y le expuso una gran idea para ganar en las carreras mediante un dispositivo electrónico. Al cabo de unas semanas, Jim se vio metido de lleno en el mundo del hampa. Conducía un automóvil de nueve mil dólares. Tenía una preciosa casa en las afueras de una ciudad y tenía más trabajo del que podía atender.

  Un día, Jim discutió con su mujer. Ella quería saber de dónde salía todo aquel dinero y él no se lo quería decir. Entonces ella se echó a llorar. Jim no podía soportar ver llorar a su esposa porque la amaba. Le remordía la conciencia. Para alegrarla, le sugirió salir a dar un paseo por la playa. Por el camino, se vieronatrapados en un embotellamiento de tráfico: cientos de automóviles estaban afluyendo a un aparcamiento.

  «Oh, mira, Jim -dijo Alice-. ¡Es Billy Graham ! Vamos. Puede ser interesante.»
     

  Para congraciarse con ella, Jim accedió. Pero, poco después de haber tomado asiento, empezó a sentirse emocionalmente trastornado: tenía la impresión de que Graham le estaba hablando directamente a él. A Jim le remordía tanto la conciencia que tenía la impresión de haber sido elegido especialmente. Graham estaba diciendo:

  «¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? Aquí hay un hombre que todo eso ya lo ha oído antes y que está endureciendo su corazón. Se yergue con orgullo y está decidido a irse sin haber adoptado una decisión. Pero ésta será su última oportunidad.»

  ¿Su última oportunidad? La idea sobresaltó a Jim. Es posible que tuviera una premonición. O tal vez ya estaba preparado. ¿Qué quería decir el predicador?

  Graham estaba invitando a la gente a acercarse. Quería que la gente diera un paso físico que fuera el símbolo de una decisión. ¿Qué estaba ocurriendo?, se preguntó Jim. ¿Por qué sentía deseos de llorar? Súbi- tamente empezó a hablar. «Vamos, Alice.» Alice se dirigió obedientemente hacia el pasillo y se volvió para salir del recinto. Jim, que la estaba siguiendo, la tomó del brazo y la obligó a dar la vuelta.

  «No, cariño, por aquí...», le dijo.

  Años más tarde, cuando Jim había cambiado de vida por completo, pronunció una conferencia en Los Ángeles y habló de sus experiencias en el mundo del hampa. Habló del día de su decisión, un día en el que le había sido encomendada la misión de trasladarse en avión a St. Louis para un trabajo de escuchas telefónicas.

«Jamás llegué a St. Louis -dijo-. Tuve el valor, en su lugar, de caer de rodillas.»

  Y en el transcurso de su conferencia, Jim habló de las dádivas que había recibido y de cómo había dado gracias a Dios por ellas, había pedido perdón y había tratado de neutralizar sus malas obras, insistiendo en la aplicación de la Regla de Oro.

  Finalizada la conferencia, u dama se le acercó y le dijo: «Señor Vaus, creo que debiera usted saber unana cosa. Yo trabajaba en el despacho del alcalde el día en que usted tenía que trasladarse a St. Louis. Aquel día se recibió un teletipo del FBI. En él se decía, señor Vaus, que iba usted a ser acorralado en St. Louis por una banda rival. Y que iban a matarle de un disparo».

  UNA FÓRMULA RECOMENDADA PARA LIBERARSE DE LA CULPABILIDAD. Su «última oportunidad» tal vez no sea tan dramática como la que acabamos de describir. Pese a ello, la historia de Jim Vaus ofrece una maravillosa lección. ¿Cómo pudo Jim librarse de sus sentimientos de culpabilidad? Lo hizo siguiendo un planteamiento muy definido. Es el planteamiento que todos nosotros podemos seguir.

  En primer lugar, preste atención cuando oiga un consejo o asista a una conferencia o sermón inspirador capaz de cambiar su vida.

  Pase revista a las dádivas que ha recibido y dé gracias a Dios por ellas. Arrepiéntase sinceramente y pida perdón. Cuando uno se da cuenta de los dones que ha recibido, no es difícil lamentar sinceramente el mal cometido. Y arrepentirse de verdad. Entonces tendrá usted el valor de pedir perdón a Dios.

  Tiene usted que dar un primer paso hacia adelante. Eso es importante porque constituye un símbolo por medio del gesto físico que usted hace en dirección a un cambio de vida. Cuando Jim avanzó por el pasillo, lo que hizo fue anunciar públicamente que lamentaba su pasado y estaba dispuesto a cambiar de vida.

  Además, tiene usted que enmendarse, dando un segundo paso hacia adelante: empiece inmediatamente a reparar todo el mal cometido.

  Y después, el más importante de todos los pasos aplique la Regla de Oro. Tendría que serle fácil. Porque ahora, cuando sienta la tentación de obrar el mal, esta «suave vocecita» le hablará en susurros. Cuando ello ocurra, deténgase a escucharla. Cuente las dádivas recibidas. Póngase en el lugar de la otra persona. Y después adopte la decisión de hacer lo que usted querría que se hiciera si estuviera en el lugar de esa otra persona.

  Por consiguiente, ésta es la fórmula para liberarse de los sentimientos de culpabilidad. Si tiene dificultades con las tentaciones, y si la consiguiente sensación de culpabilidad le impide utilizar sus energías en una dirección constructiva, aprenda a ajustarse al planteamiento capaz de liberarle de la culpabilidad. Aplíquelo a su vida. Y avance hacia el éxito.

  La actitud mental positiva: un camino hacia el éxito le invita a utilizar los poderes de su conciencia y de su subconsciente para

          -Buscar la verdad.

          -Estimularse con el fin de emprender una acción constructiva.

          -Esforzarse por alcanzar los más altos ideales que pueda concebir, junto con una buena salud

            física y mental.

          -Vivir inteligentemente en su sociedad.

          -Procurar abstenerse de aquello que cause daños innecesarios.

          -Empezar desde donde se encuentra y llegar adonde quiere llegar, independientemente de lo

            que sea o lo que haya sido

  Cualquier cosa que le impida alcanzar nobles logros en la vida debiera ser apartada a un lado. Lo cual carga sobre usted el peso de saber o averiguar lo que está bien o lo que está mal y de conocer lo que es bueno o malo en una determinada circunstancia y un determinado momento.

  Conoce usted los Diez Mandamientos, la Regla de Oro y otras normas para hacer el bien en la sociedad en que vive. Y es usted quien debe establecer las normas susceptibles de conducirle a sus objetivos deseados.

  «Una cosa es conocer el objetivo y otra muy distinta esforzarse por alcanzarlo», escribe el arzobispo Fulton J. Sheen en su obra La vida merece vivirse.

  «¡Elija sus objetivos! Dirija sus pensamientos, controle sus emociones entre en acción y encauce su destino. Hallará la respuesta si sigue buscándola. ¿Cómo?

  Una importante ayuda consiste en «adquirir carácter.» ADQUIRIR. «El carácter es algo que se adquiere, algo que no se enseña», fue la provocadora frase de Arthur Burger, antiguo director ejecutivo de los Boys Clubs de Boston. Apareció en un artículo del Reader's Digest titulado «400.000 muchachos son miembros del Club».

  Adquirir posee dos significados distintos: (1) sufrir la influencia del ambiente (a menudo una reacción subconsciente) ; y (2) tomar y retener (acción consciente).

  Un medio muy eficaz de adquirir carácter consiste en situarse a sí mismo o situar a sus hijos en un ambiente en el que puedan desarrollar pensamientos, mo tivos y hábitos deseables. Si el ambiente elegido no resulta suficientemente eficaz tras un razonable período de tiempo, introduzca sustituciones y cambios.

  Sin embargó, el carácter también se puede enseñar. Y si los padres dedicaran más tiempo a enseñar y mo- delar el carácter, tanto por medio de preceptos como del ejemplo, los hijos adquirirían y aprenderían esta admirable cualidad tan necesaria para el éxito.

  ¿QUÉ HACE A UN DELINCUENTE? E. E. Bauermeister, antiguo supervisor de Educación de la Institución Masculina de Chino, California, dice: «Nuestros jóvenes necesitan una guía para elegir entre el bien y el mal, y ésta deberían recibirla en casa... Cuando se habla de delincuencia juvenil, deberíamos darle otro nombre y situar la responsabilidad en su lugar correspondiente. Hoy en día tenemos en Norteamérica una situación de "delincuencia paternal". Los padres no asumen las obligaciones y las responsabilidades que les corresponden.

Todo el mundo ha nacido con un buen carácter en potencia... ».

  J. Edgar Hoover hizo esta afirmación: «Se pueden leer volúmenes y más volúmenes sobre las causas del crimen, pero el crimen se debe literalmente a la falta de una cosa, de un sentido de responsabilidad moral por parte de la gente».

  Y la razón de que la gente carezca de responsabilidad moral estriba en la falta de sentimiento de culpabilidad. De ahí que no se desarrolle el carácter porque la conciencia está dormida y no actúa como guía. Y de la inmoralidad o amoralidad de los padres, los hijos no pueden adquirir ni aprender el carácter.

  CUANDO UNA VIRTUD SE HALLA EN CONFLICTO CON OTRA. A veces, no es tan fácil decidir si uno tiene que decir «Sí» o «No». Porque la cuestión a resolver puede entrañar un conflicto, una contradicción entre ciertas virtudes. Y toda persona, en algún momento determinado, tiene que enfrentarse con semejante conflicto y adoptar una decisión. Tiene que elegir entre lo que desea hacer y lo que debe hacer; o bien entre lo que quiere y lo que la sociedad espera de ella.

  Y semejante elección tiene que hacerse necesariamente entre virtudes como el amor, el deber y la lealtad. Por ejemplo: (a) el amor y el deber para con un progenitor en conflicto con el amor y el deber para con un esposo o una esposa; (b) la lealtad a una persona en conflicto con la lealtad a otra persona; o (c) la lealtad a una persona en conflicto con la lealtad a una organización o sociedad.

  Ilustrémoslo con la historia del vendedor que trabajaba con George Johnson. Porque ambos se enfrentaron con un conflicto entre la lealtad a una persona y la lealtad a otra persona y a la organización que representaba.                                                   

  George Johnson adiestró, estimuló, inspiró y sufra los gastos de un vendedor al que llamaremos John Black. George confiaba plenamente en John. Le tenía aprecio y le dio una oportunidad. Permitió que atendiera a sus mejores clientes... a los que llevaban mucho tiempo contando con los servicios de la empresa. En el contrato de la empresa figuraba una cláusula por la cual, e caso de terminación del contrato, el vendedor no perjudicaría enn modo alguno los intereses de la empresa y no se entremetería en su organización de ventas. El señor Johnson le ofreció a Black el libro Piense y hágase rico. Este indujo a John a emprender una acción... ¡una acción indebida l John no leyó lo que no estaba escrito. Su único interés era ganar dinero. Creía que el fin justificaba los medios. Y, como consecuencia de sus negativas normas de conducta, respondió agresivamente, con una Actitud Mental Negativa.

  «George Johnson es como un padre para mí. Sí, le considero un padre», decía el vendedor, pero al mismo tiempo estaba tramando transferir los clientes y los vendedores de la compañía a otra empresa de la competencia... por dinero.

  John fue bien recibido en los hogares de sus compañeros vendedores porque éstos no conocían sus ideas o planes. Al visitarles en sus casas, apelaba a la honradez y a la decencia de las personas, rogándoles que cumplieran la promesa de no revelar su secreto. «¿Qué te parece si pudieras duplicar tus ganancias? -les pre- guntaba-. ¿Qué te parece si pudieras tener una mayor seguridad?» «¡Me parece bien! -contestaban ellos-. ¿De qué se trata?»

  «No quiero que nadie malogre mis planes -contestaba Black-; por consiguiente, te lo diré tan sólo si me prometes por tu honor que no se lo dirás a nadie. ¿Me lo prometes solemnemente?»

  Si le contestaban que sí, trataba de atraerles hacia la empresa de la competencia y procuraba neutralizar sus remordimientos de conciencia, haciendo hincapié en motivos de queja reales o imaginarios.

  Los demás vendedores se encontraban entre la espada y la pared. Por una parte, habían prometido so- lemnemente a John no revelar lo que éste estaba haciendo. Por otra, sabían que lo que estaba haciendo perjudicaría a su patrono. Y ellos se sentían más obligados para con George Johnson y la organización que éste representaba.

  Los vendedores tuvieron el valor de tratar de eliminar las telarañas mentales de John y de demostrarle que lo que pretendía hacer no estaba bien. Al ver que no reaccionaba sino que persistía en su empeño, ellos supieron lo que tenían que hacer: le revelaron los hechos a George Johnson. Eligieron la virtud de la lealtad a su patrono. Tal como dijo en cierta ocasión Abraham Lincoln, eligieron «permanecer al lado de cualquier persona que actúe con honradez; permanecer a su lado mientras actúe con honradez y apartarse de ella cuando obre el mal».

  Estos vendedores pusieron de manifiesto cuál era su verdadero carácter cuando adoptaron la decisión.

Demostraron que eran hombres de valía, honradez y lealtad. Supieron elegir entre el bien y el mal al pro- ducirse un conflicto entre dos virtudes.

  Hay muchos conflictos análogos. En su vida, se enfrentará usted con la necesidad de adoptar decisi ones en casos en que unas virtudes estarán en conflicto con otras. ¿Y cuál será su decisión?

Tal vez pueda servirle de ayuda la siguiente recomendación:

  Haga aquello que su conciencia le diga que no le provocará sentimiento de culpabilidad alguno. Es lo que debe hacer. Para ayudarle a adoptar la adecuada decisión en semejantes circunstancias, complete el Análisis del Cociente de Éxito que se expone en el próximo capítulo.

 

GUÍA N° 19

   Ideas a seguir

 

1. Tiene usted un sentimiento de culpabilidad. ¡Eso es bueno! ¡Pero libérese de este sentimiento de culpabilidad!

2.Para liberarse de este sentimiento de culpabilidad, corríjase.

3.Una fórmula recomendada para ayudarle a liberarse del sentimiento de culpabilidad consiste en:

   (a) Escuchar un consejo, una conferencia, un sermón, etc., y asimilar y aplicar los correspondientes principios.

    (b) Hacer un repaso de las dádivas recibidas y darle las gracias a Dios por ellas.

    (c) Después, lamentar sinceramente sus malas obras. El verdadero pesar incluye  necesariamente una sincera decisión de apartarse del mal.

    (d) Dar el primer paso hacia adelante: reconocer su culpa y su intención de enmendarse.

    (e) Reparar el mal en la medida de lo posible.

    (f) Aprenderse de memoria, comprender y tratar de aplicar la Regla de Oro en sus relaciones  con los demás.

4.Cualquier cosa que le impida en la vida las nobles acciones debiera ser apartada a un lado.

5.El carácter se puede adquirir y enseñar.

6.¿Qué hace usted cuando dos virtudes se hallan en conflicto entre sí?

7.Sobre usted recae el peso de averiguar lo que está bien o lo que está mal y de saber lo que es bueno o malo en una determinada circunstancia y en un momento determinado. Uno de los mejores medios de aprender consiste en frecuentar con regularidad un ambiente religioso y buscar diariamente la Guía Divina.

¿TIENE USTED UN SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD? ¡ESO ES BUENO! ¡PERO LIBÉRESE DE ÉL!

 

 
 
 
 
  >
 
 
 
 
 

 

 

 
         
         
       
       
       
Conferencias Místicas