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El Cerebro

Capitulo 13

PIENSE Y HÁGASE RICO

Napoleon Hill

 
 

EL CEREBRO

UNA ESTACIÓN RECEPTORA Y EMISORA PARA EL PENSAMIENTO

El duodécimo paso hacia la riqueza

Hace más de cuarenta años, el autor, que por entonces trabajaba con el ya fallecido doctor Alexander Graham Bell y con el doctor Elmer R. Gates, observó que todo cerebro humano es tanto una estación receptora como emisora para la vibración del pensamiento.

De un modo similar al empleado por el principio de la radiodifusión, todo cerebro humano es capaz de captar las vibraciones de pensamiento que están siendo emitidas por otros cerebros.

En conexión con la afirmación hecha en el párrafo anterior, comparemos y consideremos la descripción de la imaginación creativa, tal y como ha sido planteada en el capítulo sobre la imaginación. La imaginación creativa es el «aparato receptor» del cerebro que recibe los pensamientos emitidos por los cerebros de los demás. Funciona como la agencia de comunicación entre la mente consciente o razonadora de la persona y las cuatro fuentes de las que uno puede recibir estímulos de pensamiento.

Cuando se ve estimulada, o elevada a un grado más alto de vibración, la mente se hace más receptiva al pensamiento que le llega por medio de las fuentes exteriores. Este proceso de elevación se produce a través de las emociones positivas, o también de las emociones negativas. Las vibraciones del pensamiento se pueden incrementar a través de las emociones.

La emoción del sexo encabeza la lista de las emociones humanas, al menos en cuanto a su intensidad y fuerza impulsora se refiere. El cerebro que ha sido estimulado por la emoción del sexo funciona a mucha más velocidad que cuando esa emoción está inactiva o ausente.

El resultado de la transmutación del sexo es el aumento del pensamiento hasta un nivel tan elevado que la imaginación creativa es altamente receptiva a las ideas. Por otro lado, cuando el cerebro funciona a una velocidad rápida, no sólo atrae pensamientos e ideas emitidas por otros cerebros, sino que proporciona a los propios pensamientos ese mismo sentimiento, que es esencial para que el subconsciente capte los pensamientos y actúe sobre ellos.

El subconsciente es la «estación emisora» del cerebro a través del cual se emiten vibraciones de pensamiento. La imaginación creativa es el «aparato receptor» a través del cual se captan las energías del pensamiento.

Las instrucciones descritas en el capítulo sobre la autosugestión le han informado con claridad del método mediante el que se puede transmutar el deseo en su equivalente monetario.

El manejo de su estación «radiodifusora» mental es un procedimiento relativamente sencillo. Sólo ha de tener en cuenta tres principios, que debe aplicar cada vez que desee utilizar su estación radiodifusora: el subconsciente, la imaginación creativa y la autosugestión. Ya hemos descrito los estímulos por medio de los cuales se ponen en acción estos tres principios. Y debe recordar que el procedimiento empieza con el deseo.

LAS FUERZAS MAS GRANDES SON INTANGIBLES

A lo largo de todo el tiempo transcurrido, el hombre ha dependido en exceso de los sentidos físicos, y ha limitado su conocimiento al de las cosas físicas que podía ver, tocar, pesar y medir.

Estamos entrando ahora en la más maravillosa de todas las épocas, que nos enseñará algo de las fuerzas intangibles del mundo que nos rodea. Quizá lleguemos a aprender, a medida que pasamos por esta época, que «el otro yo» es mucho más poderoso que el yo físico que vemos cuando nos miramos en un espejo.

A veces, los hombres hablan con ligereza de lo intangible, de las cosas que no pueden percibir a través de ninguno de sus cinco sentidos, y cuando los oímos hablar, debemos recordar que todos nosotros nos hallamos controlados por fuerzas que son invisibles e intangibles.

La totalidad de la humanidad no tiene el poder para enfrentarse con la fuerza intangible existente en las olas del océano, y mucho menos para controlarla. El hombre no posee la capacidad necesaria para comprender la fuerza intangible de la gravedad, que mantiene a este pequeño planeta suspendido en el espacio, e impide que el hombre se caiga de él, y mucho menos comprende el poder que esa fuerza controla. El hombre se encuentra sometido por la fuerza intangible procedente de una tormenta, y también se siente igual de impotente ante la presencia de la fuerza intangible de la electricidad.

Pero, en modo alguno, esto no representa el fin de la ignorancia del hombre en relación con las cosas que no se ven y que son intangibles. Tampoco comprende la fuerza intangible (y la inteligencia) existente en el suelo de la tierra, la fuerza que le proporcionan los alimentos que ingiere, la ropa que se pone, el dinero que lleva en los bolsillos.

LA SORPRENDENTE HISTORIA DEL CEREBRO

En último término, aunque no sea lo menos importante, el hombre, a pesar de su cultura y de su educación, comprende muy poco, o nada, acerca de la fuerza intangible del pensamiento (la mayor de todas las intangibles). Sabe muy poco acerca del cerebro físico y su vasta red de intrincada maquinaria a través de la cual se traslada el poder del pensamiento para convertirse en su equivalente material; ahora, sin embargo, entramos en una época que ofrecerá una nueva luz sobre el tema. Los hombres de ciencia han empezado a dedicar su atención al estudio de ese órgano tan maravilloso que es el cerebro, y, aunque todavía se encuentran en la fase de jardín de infancia de sus estudios, han descubierto ya conocimientos suficientes como para saber que el panel central del cerebro humano, el número de líneas que las células cerebrales conectan entre sí, es igual a una unidad seguida por quince millones de ceros.

. «La cifra es tan enorme -dijo el doctor C. Judson Herrick, de la Universidad de Chicago-, que las cifras astronómicas que hablan de cientos de millones de años luz, se convierten, por comparación, en insignificantes... Se ha determinado que en el córtex cerebral hay entre diez mil y catorce mil millones de células nerviosas, y sabemos que están dispuestas según una pauta definida. Tales disposiciones no son casuales, sino ordenadas. Métodos de electrofisiología desarrollados recientemente han detectado la existencia de corrientes desde células muy precisas; también fibras con microelectrodos, amplificados con tubos de radio, han registrado diferencias de potencial de una millonésima de voltio.»

Es inconcebible que una red de maquinaria tan intrincada exista con el exclusivo propósito de transmitir las funciones físicas correspondientes al crecimiento y mantenimiento del cuerpo. ¿Acaso no parece probable que ese mismo sistema, que da a miles de millones de células cerebrales los medios para comunicarse entre sí, proporcione también los medios de comunicarse con otras fuerzas intangibles?

El New York Times publicó un editorial para explicar que una gran universidad y un investigador inteligente en el campo de los fenómenos mentales están llevando a cabo una investigación organizada a través de la cual se ha llegado a conclusiones descritas en este capítulo y en el siguiente. El editorial hace un breve análisis del trabajo llevado a cabo por el doctor Rhine y su equipo de ayudantes de la Universidad Duke.

¿QUÉ ES LA «TELEPATÍA»?

Hace un mes, en estas páginas citamos algunos de los notables resultados alcanzados por el profesor Rhine y su equipo, en la Universidad Duke, a partir de más de cien mil pruebas destinadas a determinar la existencia de la «telepatía» y de la «clarividencia». Estos resultados fueron sintetizados en los dos primeros artículos publicados en la revista Harper's. En el segundo de ellos, que ha sido publicado ahora, su autor, E. H. Wright, intenta sintetizar lo que se ha aprendido, o qué parece razonable inferir, en relación con la exacta naturaleza de estos modos de percepción «extrasensorial».

Como resultado de los experimentos del profesor Rhine, algunos científicos creen ahora muy probable la existencia de la telepatía y de la clarividencia. A varios perceptores se les pidió que citaran tantas cartas de un mazo como pudieran, sin mirarlas y sin tener acceso sensorial alguno a ellas. Se descubrió a un puñado de hombres y mujeres capaces de reconocer con regularidad y corrección tantas cartas que «no había una sola posibilidad entre un millón de millones de que hubiera ocurrido así por casualidad».

¿Pero cómo lo hicieron? Estos poderes, en el supuesto de que existan, no parecen ser sensoriales. No se conoce la existencia de ningún órgano que lo justifique. Los experimentos funcionaron bien no sólo en la misma habitación, sino incluso a distancias de varios centenares de kilómetros. En opinión del señor Wright, estos hechos eliminan también el intento de explicar la telepatía o la clarividencia por medio de cualquier teoría física de la radiación. Todas las formas conocidas de energía radiante disminuyen de forma inversamente proporcional al cuadrado de la distancia recorrida. Pero eso no sucede ni con la telepatía, ni con la clarividencia. No obstante, varían por causas físicas, del mismo modo que nuestros otros poderes mentales.

En contra de una opinión muy generalizada, no mejoran cuando el perceptor se halla dormido, o adormecido, sino que, al contrario, aumentan cuanto más despierto y alerta está. Rhine descubrió que un narcótico disminuye el nivel de aciertos de un perceptor, mientras que un estimulante siempre lo aumenta. Al parecer, el perceptor más fiable no puede alcanzar una buena puntuación a menos que intente hacerlo lo mejor que pueda.

Una de las conclusiones a las que Wright llega con cierto margen de confianza es que la telepatía y la clarividencia son un mismo y único don. Es decir, la facultad que permite «ver» un naipe que está boca abajo sobre una mesa parece ser la misma que le permite «leer» el pensamiento que reside en otra mente. Hay varios motivos para creerlo así. Por el momento, por ejemplo, estos dos dones se han descubierto en toda persona que disfruta de uno de ellos. En todas esas personas, ambos dones han sido de un vigor igual y casi exacto. Las pantallas, las paredes, las distancias no tienen el menor efecto sobre ninguno de ellos. A partir de esta conclusión, Wright se atreve a exponer lo que, en su opinión, no es más que un simple «presentimiento», en el sentido de que también otras experiencias extrasensoriales pueden formar parte de la misma facultad, como los sueños proféticos, las premoniciones de desastres y otras facultades similares. Al lector no se le pide que acepte ninguna de estas conclusiones, a menos que le parezca necesario hacerlo, pero las pruebas que Rhine ha recopilado siguen siendo impresionantes.

 

CÓMO REUNIR MENTES PARA UN TRABAJO EN EQUIPO

A la vista del anuncio del doctor Rhine en relación con las condiciones bajo las que la mente responde con respecto a lo que él denomina modos de percepción «extrasensorial», tengo ahora el privilegio de añadir a su testimonio la afirmación de que yo mismo y mi grupo hemos descubierto lo que creemos son las condiciones ideales bajo las que es posible estimular a la mente para que, de una forma práctica, se pueda hacer funcionar el sexto sentido descrito en el capítulo siguiente.

Las condiciones a las que me refiero consisten en una estrecha alianza de trabajo entre dos miembros de mi equipo y yo. Gracias a la experimentación y la práctica hemos descubierto cómo estimular nuestras mentes (mediante la aplicación del principio utilizado en relación con los «consejeros invisibles» descritos en el capítulo siguiente), de tal modo que, mediante un proceso de fusión de nuestras tres mentes en una sola, podemos encontrar la solución a una gran variedad de problemas personales presentados por mis clientes.

El procedimiento es muy sencillo. Nos sentamos ante una mesa de conferencias, exponemos con claridad la naturaleza del problema que hemos de considerar, y, a continuación, empezamos a hablar de él. Cada uno de nosotros contribuye con aquello que se le ocurre. Lo más extraño de este método de estimulación mental es que sitúa a cada uno de los participantes en comunicación con fuentes de conocimiento desconocidas claramente situadas al margen de nuestra propia experiencia.

Si usted comprende el principio descrito en el capítulo sobre el «equipo de trabajo», reconocerá, sin lugar a dudas, el procedimiento de mesa redonda descrito aquí como una aplicación práctica del «trabajo en equipo».

Este método de estimulación mental, a través de una discusión armoniosa de temas concretos, efectuada entre tres personas, ilustra el empleo más sencillo y práctico de lo que es el «trabajo de equipo».

Al adoptar y seguir un plan similar, cualquier estudiante de esta filosofía puede entrar en posesión de la famosa fórmula Carnegie, brevemente descrita en la introducción. Si eso no significó nada para usted en el momento de leerla, marque esta página para continuar luego la lectura, y vuelva a leer la introducción en cuanto haya terminado este capítulo.

LA ESCALERA DEL ÉXITO NUNCA ESTÁ ABARROTADA EN LO MÁS ALTO

 

 
 
 

 

 
         
         
       
       
       
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