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El Amor y el Ego

 

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El ego es la idea falsa que cada quien tiene de sí mismo; no constituye más que una ilusión, pero una ilusión que ejerce una gran influencia. Es la parte de nosotros que cree que nuestra identidad está limitada a un cuerpo y a una personalidad que nació solamente para morir.

 

 

Siendo en esencia seres llenos de cualidades y dones a imagen y semejanza de Dios, debido a nuestra percepción de los hechos del entorno, nos rodeamos inconscientemente de una capa de creencias negativas tan fuertes para nosotros que, al no soportar «ser así», creamos sobre ella otra capa, con lucha y desgaste, pretendiendo ser lo que no creemos ser; lo que en el fondo, en esencia, ya somos.

 

Antes de cualquier cosa, hubo virtudes. En nuestra esencia lo que predomina son las virtudes, cualidades y dones además de la sabiduría y la inteligencia infinita que todos tenemos. Lo esencial es saber cuáles son mis cualidades sobresalientes de todos los dones que Dios me dio; aquellas características que han sido y son nuestras aliadas más eficientes en los momentos difíciles y las más eficaces en los momentos creativos.

 

La madre de todas las emociones limitantes y negativas es el miedo. El sentido de preservación o instinto de conservación que todos los seres vivos tenemos es la virtud que el ego utilizó para transformar en miedo. El ego hace que las cualidades trabajen en contra de nosotros, en lugar de que trabajen a favor. Nosotros tenemos la capacidad de cambiar este resultado.

 

Quizás el don más valioso que nos da el Universo es la libertad de elección y decisión sobre nuestros pensamientos.

 

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Creamos relaciones positivas solamente cuando prestamos atención a la voz del amor. Cada uno de nosotros nació con el poder y la capacidad de aceptar el amor, de amar en forma incondicional y de poner amor en todas nuestras relaciones. La importancia que damos al ego es lo que bloquea nuestra percepción del amor. Es posible desprenderse de la voz del ego y comenzar a escuchar la voz del amor.

 

El amor mira al mundo de manera muy diferente. Desde el punto de vista del ser espiritual, que es amor puro, el propósito de nuestras relaciones es experimentar la unidad con los demás y recordar que el amor es la única realidad.

El sistema de creer en el amor, nos propone que nuestras relaciones consisten en recordar quiénes somos y que la esencia de cada uno es el amor. En lugar de fijarse en las diferencias individuales, el amor se centra en las similitudes y las cosas que nosotros, como seres espirituales, tenemos en común.

 

El amor ve las relaciones como una oportunidad para aprender y como un desafío para nuestro crecimiento personal. No quiere que veamos el peligro sino que nos ayuda a verlas como posibilidades de aprendizaje y mediante ellas podríamos ver el rostro de Dios en la otra persona, recordándonos nuestra propia esencia sagrada.

 

El amor no cambia. No hace preguntas y no emite juicios. Es siempre gentil y tierno. Siempre está desarrollándose, extendiéndose más allá de todas las limitaciones. Cuando elegimos el sistema de creer en el amor en lugar del sistema de creer en el ego, volvemos a descubrir que la felicidad es nuestra herencia natural y nuestro estado natural de ser.

 

Editado por Elias Benzadon

Compartido por: Ana Carolina

 

 

 

Eres bondad, misericordia, compasión y conocimiento. Eres paz, luz y alegría. Eres perdón y paciencia, fuerza y valor, ayuda cuando hay necesidad, consuelo cuando hay dolor, curación cuando hay herida, enseñanza cuando hay ignorancia. Eres la sabiduría más profunda y la más alta verdad; la paz más magnífica y el más grandioso amor. Eres todo esto. Y en determinados momentos de tu vida tú te has reconocido a ti mismo como siendo todo esto.

Decide, pues, reconocerte a ti mismo siempre como siendo todo esto.

Dios

 

 

 

 
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