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UNA MEJOR MANERA DE VIVIR

Regla numero 3

OG MANDINO

 

Cada vez que se cometa un error o se haya sido abatido por la vida, no hay  que quedarse demasiado tiempo pensando en ello. Los errores son la forma  en que la vida le enseña a uno. La capacidad de cometer errores
ocasionalmente es inseparable de la capacidad de lograr las propias metas.  Nadie gana de todas, todos, y las fallas que se tienen, cuando ocurren, son  simplemente parte del propio crecimiento. Hay que sacudirse los errores.
¿Cómo podría uno conocer sus límites sin una falla ocasional? Nunca hay  que rendirse. Ya llegará el turno de uno.

A lo largo de los siglos ha resonado una de las grandes verdades menos entendida y, sin embargo, sólo los sabios toman en cuenta su consejo. Si se quiere tener éxito, hay que aprender a vivir con el fracaso. El fracaso nos proporciona más sabiduría que el éxito. Si usted me muestra una persona que nunca ha tropezado, que nunca ha tenido dificultades en su empleo y nunca ha cometido un error, yo le mostraré que es una persona con un futuro muy sombrío.

Los errores, los desaciertos, las derrotas, son inevitables en esta vida rudimentaria pero efectiva; sin embargo, si dejamos que eso nos vuelva miedosos, de tal manera que cuando nos abaten dudamos en volver a intentarlo, nos estamos condenando a una vida de arrepentimiento. Las mejores lecciones que podemos llegar a aprender provienen de nuestros errores y fracasos.

Derrota. ¿Qué es eso? Nada más, un poco de educación, nada más el primer paso hacia algo mejor. Las únicas personas que nunca fracasan son quienes nunca, pero nunca, intentan.

     

En una ocasión, Mark Twain contó la historia de un gato que un día saltó para subirse a una estufa caliente y se quemó la panza. Ese gato nunca más volvió a saltar para subirse a una estufa caliente - pero ese mismo gato ¡nunca saltó para subirse a una estufa fría, tampoco!


Con mucha frecuencia, se sobrestima el valor de la experiencia... y eso puede ser muy dañino si impide que uno vuelva a intentar algo después de haberse lastimado. Hay un antiguo proverbio escandinavo que es una maravilla: "El viento del norte hizo al los vikingos". El viento del norte puede hacer maravillas por usted también, amigo lector.
Hay que recordar que hasta las vidas de más éxito contienen capítulos de fracaso, exactamente como ocurre en toda buena novela, pero la forma en que termine el libro depende de nosotros. Somos los autores de nuestros años, y nuestros fracasos y derrotas sólo son pasos hacia algo mejor. Allá por 1974, cuando Hank Aaron estaba a punto de alcanzar la marca del mayor número de cuadrangulares de todos los tiempos, impuesta por Babe Ruth, una mañana llamé por teléfono a su club de béisbol, los Bravos de Atlanta.


Finalmente me comunicaron con su departamento de relaciones públicas, y planteé mi
pregunta:


- Sé que Hank lleva setecientos diez cuadrangulares y que sólo necesita cinco más para romper la marca de Ruth, pero me surgió una duda, ¿cuántas abanicadas lleva en su carrera?
-¿Abanicadas, dice usted? - me preguntó titubeante al joven que estaba al teléfono.
- Sí, ¿cuántas abanicadas?

- Discúlpeme, pero tendrá que aguardar mientras averiguo ese dato, señor.
Así lo hizo y pasaron varios minutos antes de que regresara al teléfono.

- Señor Mandino, hasta anoche, Hank llevaba setecientos diez cuadrangulares y, como usted sabe, sólo necesita cinco más para romper la marca del mayor número de cuadrangulares de todos los tiempos, impuesta por Babe Ruth...

- Sí, ya sé...

-...y ...en todos su carrera, lleva mil doscientos sesenta y dos abanicadas.
Le di las gracias, colgué y luego me quedé sentado sopesando la cifra que acababa de oír.
Qué gran ejemplo para usarlo en el futuro cada vez que tratara de precisar la idea de no
dejar nunca que los fracasos pasados impidan que uno vuelva a intentar. Allí estaba el mejor bateador de cuadrangulares que haya habido... e incluso él, incluso Hank Aaron, ¡tuvo que abanicar casi dos veces por cada batazo que sacaba la pelota del parque! es cierto que la vida es un juego con reglas que deben seguirse para triunfar, pero uno no tiene que batear de cuadrangular cada vez que es su turno al bat para tener éxito en este mundo. Pregúntele a Hank, amigo lector.

 

 
 
 
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