Llama Violeta

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TUS ZONAS MÁGICAS

 

Segunda Parte

 

5- LA REALIDAD MÁGICA Y TU PROSPERIDAD

Dr. WAYNE W. DYER

 

LA REALIDAD MÁGICA Y TU PROSPERIDAD

¡Sí puedes! Todo es posible al que cree. SAN MARCOS 9:23

Te garantizo que ésta va a ser la disertación más inusitada que habrás leído jamás sobre el tema de la prosperidad. En este caso el mensaje, como en el resto de este libro, es el del replanteamiento de las creencias que se te ha enseñado a considerar como sagradas. Haz por un instante a un lado las creencias según las cuales has actuado a lo largo de toda tu vida e imagina en tu mente invisible qué es lo que te gustaría ver en tu vida.

 
   

¿Cuál es tu imagen definitiva de prosperidad para ti? ¿Cuánto dinero, cuánta prosperidad en definitiva desearías realmente tener?
Abre ahora los ojos y ve lo que has creado hasta la fecha. Eso es, tú has creado tu propio cuadro económico
y has actuado precisamente de acuerdo con él. Es ésta en verdad la parte más difícil de entender para la mayoría de la gente. Generalmente, tendemos a culpar a los demás o a algo externo a nosotros por el modo en que se nos presenta nuestra prosperidad o falta de ella.
Y, sin embargo, lo único que necesitas es mirarte para adentro. Puedes tener toda la prosperidad en la que estés dispuesto a creer y que estés dispuesto a crear. San Marcos no nos dice que unas cosas sean posibles y otras imposibles. Nos dice que todo es posible. Ten presente esto al tiempo que te preparas para crear milagros de abundancia en tu vida. Intenta imaginar un estado de posibilidades ilimitadas como algo posible para ti.
James Allen, en el siglo diecinueve, escribió en As a Man Thinketh las siguientes palabras que yo guardé en
mi memoria siendo joven. Las pegué al espejo del cuarto de baño y al salpicadero de mi coche para tenerlas presentes todos los días. Una simple frase que, para mí, lo dice todo: «Las circunstancias no hacen al hombre,
lo revelan». Lee estas palabras una y otra vez hasta haberlas guardado en tu memoria. El mensaje de esta frase es esencial para tu capacidad para sustituir una conciencia de penuria por otra de prosperidad.
Probablemente no estarás de acuerdo así como así con esta idea de que las circunstancias actuales de
nuestra vida revelan quiénes somos. Es más fácil echar la culpa a las circunstancias de la vida, y tenemos la prueba en la pobreza que nos rodea.

Nos parece que sería cruel decir que las circunstancias de los pobres revelan quiénes son. A buen seguro, esas personas no han elegido unas circunstancias tan poco deseables.
Sin embargo, este bienintencionado modo de pensar te permite aferrarte a tu conciencia de penuria y
defender tu miseria y tu incapacidad para trascender tus circunstancias existenciales. Es un error creer que no
podemos ser compasivos e interes arnos por quienes soportan condiciones miserables al mismo tiempo que nos alentamos a nosotros mismos y alentamos a otros a descubrir cuáles son las creencias que contribuyen a esta situación.
 

Detente a considerar por un momento los posibles beneficios que aportaría la aplicación de este mensaje para aquellos que viven en las peores circunstancias. Considera luego también toda la gente que ha pasado de una vida de penuria a otra de prosperidad. Cuando examines cuál fue la causa del cambio, verás que incluye sin excepción el mundo invisible de las creencias y las actitudes -
Un presentador de radio me acusó de tener una actitud de caballero andante en relación con los pobres
cuando describí mi filosofía en su programa. Mi argumento consistía en que estar en la miseria es una situación temporal que en un momento u otro aflige casi a todo el mundo, mientras que ser pobre es una actitud, una serie de creencias que se ven reforzadas cuando pasamos a acusar a las circunstancias de la vida de nuestra condición. Una de las llamadas que se recibieron en respuesta a esta conversación radiofónica fue la de un médico que se había criado en una familia con trece hijos, en Jamaica, en total pobreza. No estaba de acuerdo con la posición del presentador, y dijo lo siguiente:
Yo viví en condiciones de miseria toda mi vida. Una pobreza extrema, y hambre. Pero siempre me vi a mí mismo como médico. No podía quitarme esta idea de la cabeza, y le hablaba siempre a mi abuela de mis deseos. Ella nos criaba a todos sin apenas ingresos, y me decía siempre que nunca, en ningún caso, permitiese que la imagen se empañara. Me hablaba de cuánto valor encerraba esa imagen interior, y me decía que si la conservaba siempre, si creía en ella, lo único que tendría que hacer sería actuar en consecuencia.
Cuando me hice mayor y terminé la escuela secundarla solicité el ingreso en centenares de escuelas para
matricularme en el plan de estudios previos para la carrera de medicina y fui rechazado una y otra vez, pero era incapaz de abandonar aquella imagen que me había ayudado a conservar mi abuela cuando yo era un crío andrajoso que jugaba con los pollos en nuestra pequeña cabaña de Jamaica. Finalmente me dieron la oportunidad condicional de matricularme en un programa de preparación premédica en Europa, y me pagué el
viaje y luego los estudios allí con mi trabajo.
Hoy soy médico y tengo una consulta próspera. Sin aquella visión, sin aquella imagen invisible en el pensamiento, jamás habría podido salir de la vida de pobreza que sigue siendo hoy la de la mayoría de mis hermanos y hermanas y de todos mis amigos allí. Viven en la miseria y creen que la vida les dio a ellos malas cartas y que yo he tenido suerte. Pero yo sé que no es así. Yo vivo la vida que imaginé para mí.
Doctor Dyer, no permita que nadie le impida decir las verdades que usted conoce, porque usted está haciendo mucho más por ayudar a esos seres que se hallan en circunstancias espantosas que aquellos que se tragan la gran mentira de que sus vidas escapan a su control.

No puedo dejar de decir esas verdades porque también yo soy un ejemplo vivito y coleante de lo que digo. También yo dejé atrás una vida de penuria y también yo conozco la extraña fuerza del papel que desempeñaron mis creencias dentro de mi mente en la creación de una vida de prosperidad. Efectivamente, las circunstancias no hacen a la persona sino que la revelan, y te animo a que deseches la errónea creencia de que esto tiene que ver exclusivamente con Wayne Dyer y con un médico de Washington, pero nada que ver contigo.
Sí tiene que ver contigo, y mucho. Trasciende las vidas individuales al involucrar leyes y principios
universales que estaban aquí mucho antes de que aparecieras tú en tu actual forma física. Yo me limito a informar acerca de lo que sé en verdad en cuanto a mí y a muchos otros. Si deseas conocer prosperidad a un nivel milagroso deberás dejar atrás tus viejos modos de pensar y desarrollar un nuevo modo de imaginar lo que
tú puedes experimentar en tu vida.

CINCO ASPECTOS DE UNA CONCIENCIA DE PROSPERIDAD
Haz un inventarlo interior y comprueba si las siguientes afirmaciones forman parte de tu conciencia:
• No hay bastante para todos.
• Has de conseguir lo tuyo para que otro no se haga con ello antes de que te llegue a ti.
• Sólo hay una cantidad limitada de peces en el mar.
• Nunca sabes si vas a tener una oportunidad.
Si estas y otras ideas parecidas forman parte de tu inventario personal, probablemente es que te enseñaron que vives en un mundo de escaseces. Te han enseñado a creer en la penuria. El concepto de la carencia ha sido incorporado a tu sistema de creencias.
A fin de crearte una visión interior de prosperidad deberás librarte de esta vieja visión de penuria. Las
siguientes cinco normas esenciales para llegar a una conciencia de prosperidad pueden ayudarte a lograr el cambio.

1. No necesitas nada más para poder conocer la prospe ridad.
Librarse de una conciencia de penuria significa cambiar las imágenes interiores que reflejan carencia en tu vida. Tienes ya todo cuanto necesitas a fin de conocer una vida de prosperidad. No se trata de que vayas a tenerlo todo, lo eres ya todo. La prosperidad es, primero y sobre todo, un juego mental. La componen una serie
de creencias invisibles e interiores que llevas contigo. Debes de saber que tienes ya cuanto necesitas; no te
falta nada para lograr prosperidad en tu vida. Siempre me ha encantado la siguiente historia, que ilustra a la perfección este principio:
Un hombre desastrado, que no parecía poseer nada en un sentido material, se acercó a un capataz caminero
y dijo:
¿Puede ayudarme? Necesito trabajo.
-Muy bien -dijo el capataz caminero-, cola esa piedra grande de allí y hágala rodar por la cuesta arriba y abajo. Si lo que necesita es trabajo, eso bastará a sus necesidades.
-No me entiende -dijo el hombre-, lo que necesito en realidad es dinero.
-Ah -contestó el capataz -, si se trata de dinero, aquí tiene cincuenta dólares. Pero no puede gastarlos.
El hombre se quedó de nuevo perplejo.
-No me entiende, lo que necesito en realidad es comida y combustible y ropa, no sólo dinero.
-Si está seguro de que eso es todo lo que necesita -contestó de nuevo el capataz -, puede gastar el dinero en comida y combustible y ropa, pero no podrá comer la comida ni utilizar el combustible ni usar la ropa.
El hombre se vio por último obligado a ver qué la realmente lo que necesitaba: una sensación de seguridad
paz y satisfacción interiores. Todo ello totalmente invisible, todo dentro de su pensamiento. Todo sustento divino.
Nos vemos llevados a creer que las cosas materiales constituyen la realidad y nos proporcionan lo que
necesitamos cuando, de hecho, son simplemente más materia, hecha de más espacio invisible. Lo que necesitas lo tienes ya, y cuando sabes esto y entras en tu interior y lo creas en tu mente, el sustento divi no que buscas en forma de cosas materiales o de dinero se manifestará en cualesquiera cantidades que necesites.
Debes crear en ti este nuevo sentimiento interior y confiar en la magia del creer. Tus creencias son tuyas,
tienen su origen en ti y son lo que utilizas (y lo único que puedes utilizar) a fin de crear las circunstancias de tu realidad física. Cuando te ,dices a ti mismo otra cosa, lo que estás haciendo es utilizar tu conciencia de penuria
y crear precisamente aquello que más aborreces, tu realidad física.
Confía en el poder de tu mente, en el conocimiento del que vengo hablando desde la primera página de este libro, en esa guía divina que está fácilmente a tu disposición, y habrás alcanzado el primer paso hacia la manifestación del milagro de la prosperidad en tu vida.

2. No podrás crear prosperidad si crees en la penuria. Cuando hayas dominado la capacidad de con- vertirte en un ser espiritual, según se describe en la primera página de este libro, empezarás a comprender que
tu personalidad está situada en ese reino invisible y sin dimensiones que llamamos nuestro pensamiento. No tienes ni límites ni fronteras. Comprendiendo esto sabrás que no te falta absolutamente nada, que cuanto necesitas para vivir está ya aquí y estaba dentro de ti cuando apareciste por primera vez en este mundo físico. Cuando te dices a ti mismo «No tengo suficiente dinero» o «Carezco de la educación, el talento o la fuerza suficientes para conocer la prosperidad» estás operando en tu mundo mental a partir de una posición de carencia. Es por ello que no puedes entrar en el mundo de la realidad mágica.
A fin de superar este modo de pensar tendrás que reeducarte o, mejor aún, deshipnotizarte de la mentira que han introducido subrepticiamente en tu mente todas y cada una de las tendencias de nuestra cultura occidental. Tienes ya todo cuanto necesitas. Eres ya completo ahora, eres una persona entera y total y no un aprendiz camino de otro lugar. Debes comprender que eres ya completo y experimentar este hecho en tus pensamientos como tu propia realidad personal.
Cuando llegue el momento de abandonar este mundo físico, no podrás decir: «Espera un momento, no estoy
preparado, estoy preparándome, necesito que se me eduque un poco más, estoy acumulando fuerzas, necesito recoger más dinero». Abandonarás tu cuerpo y éste seguirá pesando lo mismo. Tu vida no es ese cuerpo, no está encerrada en esas fronteras y esas limitaciones. Es invisible e ingrávi da. Y lo tiene absolutamente todo.
Cualquier cosa material que hayas creado en relación con tu cuerpo físico es consecuencia de esa mente
completa e invisible que posees. Lo irónico del caso es que cuando sabes que eres ya un ser completo empiezas a motivarte de manera totalmente distinta.
Te has acostumbrado a lo que se llama «motivación por deficiencia». Es decir, evalúas todas las cosas que
faltan o de las que hay una deficiencia en tu vida y, a continuación, preparas un plan destinado a reparar todas estas deficiencias. «Necesito más poder, más fuerza, más dinero, más belleza, más posesiones», y así sucesivamente. «Cuando tenga todas esas cosas, tendré prosperidad.» Fijas así tus metas y pones manos a la obra para alcanzar la prosperidad. Pero esto es una enorme trampa. Nunca podrás conocer la prosperidad a partir de este es quema mental, porque siempre padecerás la enfermedad del «más».
Cuando hayas conseguido el dinero que crees necesitar para ser próspero tu esquema mental no quedará
satisfecho. Tu esquema mental está centrado en el más, en luchar y no en llegar. Subes así cada vez más el listón y sigues luchando y sufriendo e incluso negándote a ti mismo en la búsqueda de más. Es éste un tema común en nuestra cultura. La prosperidad es imposible con una motivación por deficiencia en la que se piensa así: «No tengo sufi ciente» o «Me falta algo». El tema central de este libro es: «Según pienses, así serás», Si tu pensamiento está centrado en lo que te falta, entonces el «lo que me falta» por definición, tendrá que expandir- se. Esta será tu experiencia en este mundo material. Lo que te falta constituirá tu distintivo y tu experiencia de
la realidad física.

Hay otra forma de motivación, llamada «motivación de crecimiento», que es el distintivo del individuo que conoce la realidad mágica en el área de la prosperidad. Lo que ocurre con la motivación de crecimiento es que damos la vuelta al pensamiento interior y optamos por vivir dentro de un marco de plenitud. El diálogo interior que se desarrolla es algo así: «Estoy entero, completo, total y plenamente vivo en este momento. ¡Esto es! Lo soy todo, no necesito más para ser feliz o para estar realizado. Y, sin embargo, sé que seré diferente mañana.
Mi realidad física está siempre cambiando. Las moléculas que formaban mi yo material ayer serán sustituidas
por nuevas moléculas. El cuerpo físico que yo tenía hace diez años es hoy completamente nuevo desde un punto de vista físico. Pero también soy algo más que una simple serie física de moléculas. Soy una necesidad divina que va más allá de lo físico. Voy a crecer. Voy a ser algo nuevo y grandioso, pero no más grandioso de
lo que soy ahora. Del mismo modo que el cielo va a ser otro dentro de unas horas sin que sus actuales perfección y plenitud sean por ello deficientes, soy yo ahora perfecto y no me falta nada, aunque vaya a ser otro mañana. Voy a crecer, pero ello no quiere decir que me falte nada».
Pensando de esta forma, son imposibles las carencias. Empiezas a tener como motivaciones en la vida tu propia dicha, tus sueños, empiezas a vivir la vida que imaginas es tu vocación, la misión es pecial y divina por la que estás aquí, y la prosperidad se convierte en tu santo y seña. La abundancia entra a raudales en tu vida. El universo empieza a proveer exactamente aquello que necesitas, y no lo hace para llenar el vacío de algo; llega
a tu vida en la cantidad precisa necesaria para ayudarte a realizar tus sueños. Cuando no sientes ya que te
falte nada, puedes vivir la vida que sabes perfecta para ti y empiezan a llegar cada vez más a tu vida los sím- bolos de la prosperidad (dinero, objetos, poder, etcétera). He aquí un resumen simplificado de esta idea: más
es menos, menos es más.

3. No estás dividido en categorías: eres a la vez el que ve, el acto de ver y lo visto.
Para conocer la auténtica prosperidad debes aprender a dejar de dividirte y separarte de tu prosperidad. No estás dividido en tres en este mundo. No hay el observador, el observado y el acto de observar. Lo que observas está dentro de ti. Tus observaciones están dentro de ti, al igual que el proceso entero de la observación. Todo ello eres tú. Los pensamientos de prosperidad son tuyos, son tú. Así, también lo es lo que ves como prosperidad dentro de ti. Y, por último, también el concepto de ser próspero está en su totalidad ubicado dentro de ti. Esto puede parecer confuso, pero es esencial para que captes la unidad que hay en ti si deseas conocer la prosperidad y convertirte tú en prosperidad. Ken Wilbur, en su fascinante libro No Boundary,
lo describe así; deja que penetren en ti estas ideas al tiempo que te preparas para los milagros en esta di-
mensión de la prosperidad:

La división entre el que experimenta y el mundo de la experiencia no existe y, por consiguiente, no se la puede hallar. Esto puede parecer en un principio muy extraño, porque estamos acostumbrados a pensar en términos de fronteras. Parece evidente que yo soy el sujeto que oye sonidos, que soy el sujeto que siente cosas, que soy el sujeto que ve cosas. Pero, por otro lado, ¿no resulta extraño que me describa a mí mismo como el observador que observa lo observado? ¿O como el oidor que oye los sonidos oídos? ¿Es realmente tan complicada la percepción? ¿Hay realmente involucradas en ella tres entidades separa das: el observador,
el acto de observar y lo observado? Por supuesto, no hay aquí tres entidades separadas. ¿Es posible un sujeto
que ve sin el ver o sin la cosa vista?... El problema consiste en que tenemos tres palabras -el «que ve», «ve» y
«lo visto» para una sola actividad, la experiencia de ver.



Debes aprender a ir más allá de tu estado de hipnosis, que te ha convencido de que estás aquí en primer lugar tú el pensador, luego tú el hacedor y, por último, el concepto de aquello que estás pensando o haciendo.
En realidad, todo ello es una sola y misma cosa.
Así es con la prosperidad para aquellos que la vi ven cotidianamente. Todo aquello que antes dividías en tanto que pensamiento próspero, conducta prós pera y algo llamado prosperidad y que se halla «allá fuera» debe ser considerado como una sola cosa. ¡Y esto puedes ser tú si decides serlo! Cuando comprendas esto dejarás de buscar la prosperidad como si ésta fuera algo que puedes arrancar de su escondite. Dejarás de decirte a ti mismo: «Lo único que debo hacer es pensar de manera próspera, y la prosperidad vendrá a mí». Dejarás de fijarte metas para tu conducta que te lleven hasta esa cosa evasiva llamada prosperidad. Este trío lo sustituyes por una singularidad de pensamiento y acción que refleja tu comprensión de que tú eres prosperidad
y que crees en ello. Lo que necesitas para una vida próspera lo eres ya. Está todo en ti, no hay fronteras aun
cuando hayamos inventado palabras distintas para describir diversas facetas del modo en que hemos decidido percibirlo. Wilbur resume lo absurdo de este pensamiento compartimentalizado con este ejemplo: «Podríamos del mismo modo describir una simple corriente de agua como "la corriente de agua hace correr el agua que corre". Es algo totalmente redundante e introduce tres factores allí donde en realidad hay sólo uno».
Toma ahora este conocimiento e mi plántalo en tu conciencia. No vas a hallar la prosperidad. Ésta entrará como un fluido en tu vida sólo cuando captes la idea de su singularidad. Cuando sepas, tus ac ciones lo reflejarán. Lo mismo exactamente puede decirse de la penuria. Si piensas en términos de penuria y actúas en función de ella, tu vida será penuria. Eres aquello en que piensas, puesto que sólo a partir de ahí puedes actuar.
Si la penuria es una palabra que define tu vida en estos momentos, comprende que no es algo que te haya
sido enviado sino simplemente el modo en que tú procesas tu vida. Te has dividido en tanto que pensador y
hacedor, víctima de algo externo a ti llamado penuria. Pero, en realidad, esa penuria eres tú. La elección de la prosperidad empieza por tu negativa a seguir dividiéndote y ver en cambio la unidad que hay en ti.

4. No podrás conocer la prosperidad si crees que no la mereces.
Como he dicho ya repetidas veces, tú existes en tanto que ser divino y espiritual con experiencia humana. Tu esencia, tu vida en sí, es invisible e ilimitada. En ese reino no hay juicios que hacer. No hay nadie en ese universo, ni lo ha habido jamás, que sea mejor o más digno de algo. Aquellos que nacieron con sangre real son tratados como miembros de la realeza, porque unos seres humanos decidieron elevarnos a esa categoría. Pero
en un sentido mucho más amplio, a los ojos de Dios, no hay «mejor» ni «peor». Esta es la forma de
pensamiento que debes aprender a utilizar si quieres que la prosperidad sustituya a la penuria como tu modo
de vida.
Si crees que no eres merecedor de prosperidad, ésta es la idea en torno a la cual conducirás tu vida. No se atrae prosperidad pensando que no se la merece, del mismo modo que no se atrae amor cuando se lo considera como algo desdeñable. Elimina la idea de que eres inferior. No eres ni inferior ni superior, sim- plemente eres. ¡Y lo que eres merece la prosperidad! ¿Cómo puede un pensamiento invisible ser más o menos valioso que otro pensamiento invisible? Cuando te consideras un ser espiritual y creas un esquema mental de realidad mágica dentro de ti en tanto que ser pensante primero y sobre todo, renuncias a la incesante comparación que te lleva a creer que otros merecen la prosperidad más que tú. Formas una sociedad con el resto de los seres humanos, y no un concurso en el que se te deba juzgar mejor que unos y peor que otros.
Una vez más, debes deshacer el estado de hipnosis que te ha llevado a este tipo de actitud. Ese estado
empezó con tu enseñanza y prosigue en la actualidad. He aquí lo que dice John Holt en How Children Fail sobre el tema:

Destruimos el... amor al aprendizaje de los niños, tan fuerte cuando son pequeños, animándolos y obli- gándolos a trabajar por recompensas mezquinas y des preciables: estrellas doradas, papeles con un 100 y pegados a la pared, una A en los informes escolares, cuadros de honor, listas del decano o pertenencias a la
Phi Beta Kappa;* es decir, por la innoble satisfac ción de sentirse mejores que ningún otro.
* En Estados Unidos, sociedad de estudiantes universitarios con altos méritos académicos. (N. del T.)

Esto es lo que ocurre cuando se lleva a la gente a creer que son mejores que otros. Probablemente tú te hayas tragado esa gran mentira en algunas áreas de tu vida. ¿Cómo podías merecer considerarte una necesidad divina y especial cuando no estabas a la altura del rendimiento o del aspecto de otros? Aprendiste a compararte con los demás e incluso a creer que esto forma parte de la naturaleza humana. Es esto precisamente lo que no te ha permitido desarrollar un concepto de ti mismo basado en el hecho de que eres valioso, merecedor y divino. He aquí lo que dice al respecto de la naturaleza humana John Stuart Mill en Principios de economía política:

De todos los modelos vulgares destinados a eludir la consideración del efecto de la influencia social y moral sobre la mente humana, el más vulgar es el que consiste en atribuir las diversidades de conducta y carácter a diferencias naturales e inherentes.

Es éste en efecto un modelo vulgar que enseña a la gente a convertirse en adultos que consideran como algo natural el compararse con los demás y que, por lo tanto, es algo natural el aprender a jugar suelo a fin de adelantar a los demás. Y si en algún sentido físico o material no se está a la altura de los demás, ello indica que no se es merecedor. Es un sistema vulgar y obsceno que contribuye a la creación de grandes números de personas que no conocen otro modo de evaluar su propia valía que el de compararse con los demás y que, al mismo tiempo, crea también muchas personas a las que simplemente les da por pensar que no merecen la prosperidad en ningún sentido de la palabra.
En una cultura competitiva se medra destruyen do a otros. Una cultura cooperativa evoluciona ayudando a cada persona a apreciar su propia valía y a sentirse merecedora y espiritualmente válida. A ti te corresponde elegir. Aun cuando todos cuantos te rodean elijan competir entre sí, no por ello tienes que vivir tú de acuerdo con ese modelo. Verás que mereces la prosperidad tanto como cualquier otro habitante de nuestro planeta. Cuando te hayas creado este esquema mental, no actuarás ya como si no la merecieras.

5. Alégrate de la prosperidad de los demás.
Cuando sientes desdén, o incluso un atisbo de celos, hacia los éxitos o los estilos de vida de los demás, estás albergando negatividad allí donde debería haber amor. Si albergas sólo amor dentro de ti porque así es como has decidido ver la vida, no darás otra cosa que amor. Puedes así ponerte a prueba comprobando tus sentimientos en relación con las personas que han alcanzado una medida de pros peridad que a ti sigue rehuyéndote. No podrás atraer prosperidad hacia tu vida si estás lleno de rencor, si juzgas, si sientes ira, celos, odio, temor, tensión, etcétera. Esta forma de esquema mental interior negativo te impedirá ser fiel a tu propósito. No puedes estar realizado y tener envidia al mismo tiempo, Si te sientes satisfecho y feliz, eso es lo que irradiarás. Fomenta la creencia interior de que cualquiera que haya alcanzado la prosperidad tiene derecho
a ella y de que su éxito no es motivo para que tú te sientas inadecuado o falto de algo. Aun cuando alguien
 alcance la prosperidad a través de medios que a tí te parezcan reprochables, ello no es motivo para que te sientas angustiado o indignado. Sepas en el fondo de ti que aquellos que utilizan a los demás tendrán lo que merecen en un universo que actúa de manera armónica y de acuerdo con un propósito. Pero, en general, aquellos que han alcanzado su propia medida de prosperidad merecen sólo tu amor.
Intenta dejar de centrarte en lo que los otros tienen o no tienen para ocuparte de lo que tú vas a hacer en tu
vida. Recuerda que, cuando evalúas y juzgas a los demás, no los defines a ellos sino que te defines a ti mismo.
¿Quieres definirte como una persona celosa e incapaz de dar amor cuando esto es lo que va a transpirar en tu vida? Alégrate de la gran prosperidad que presencies en todos los demás. Libérate de la idea de que no debería ser así. ¡Es así! No necesitas saber nada más. Y también tú eres así, represente esto lo que represente en tu vida. Acepta tranquilamente lo que es, dale tu amor y dedícate a continuación a la tarea de crear una vida plena y próspera, una vida de amor, para ti.
Los cinco factores son totalmente esenciales para llegar a una conciencia de prosperidad. Una vez trabajes
día tras día en el desarrollo de este modo de ser, tu yo superior empezará a permitirte experimentar cada vez más prosperidad en tu vida. Esta nueva conciencia te devolverá a esa importantísima dimensión que constituye
un tema central de este libro: vivir tu vida con un propósito.

PROPOSITO Y PROSPERIDAD: TU BILLETE A LA REALIDAD MÁGICA
Como habrás visto a lo largo de todo este libro, sólo se puede experimentar la realidad mágica cuan do se da
un propósito a la vida. Cuando se está centrado en aprender a través del sufrimiento o de los resultados, se utiliza la visión retrospectiva como guía y, en consecuencia, se paga un elevado precio en la vida cotidiana.
Es posible que, en el aspecto laboral, hayas venido gastando mucho tiempo y energía en hacer cosas que te desagradan diciéndote a ti mismo que ello era absolutamente necesario porque tenías fac turas que pagar o una familia que mantener o, simplemente, no tenías otra elección. Piénsalo de ot ro modo, utilizando las cifras como metáfora. Si eres invisible al noventa y nueve por ciento (pensamiento y espíritu) y sólo forma al uno por ciento (el cuerpo físico que alberga tu alma) y estás haciendo algo que detestas, serás esencialmente una persona no auténtica. Tu cuerpo sigue adelante rutinariamente mientras tú no dejas de pensar en lo mucho que
te desagradan las circunstancias en que está inmersa tu vida. Un uno por ciento sigue la rutina, mientras el
noventa y nueve por ciento detesta tus actividades cotidianas. De modo que, si lo que piensas es lo que se convierte en acción, la acción o la parte física de tu vida es detestable y espantosa. No se puede conocer la satisfacción ni la oportunidad de vivir milagros de prosperidad mientras se lleva una vida que se detesta. Es preciso que haya dicha y armonía interiores para que se puedan experimentar milagros. Debes, pues, pasar del sufrimiento y los resultados al propósito.
Tener un propósito en el trabajo que se hace o en las actividades cotidianas de la vida significa saber que el
propósito es dar sin ocuparse de los resultados. Cuando seas capaz de hacer que tu conciencia interior pase al modo en que puedes servir a los demás y cuando hagas de esto el centro de tu vida estarás en una posición adecuada para vivir auténticos milagros en tu progreso hacia la prosperidad. No habrá límite alguno en cuanto
a lo que puedas recibir a cambio de tu generosidad, cuando esta generosidad sea todo cuanto tienes para dar. Podemos considerar la prosperidad como una abundancia ilimitada en la vida. Nunca llegarás a ese punto acumulando ni concentrándote en lo que puedes sacar. Recuerda que, en un sentido mucho más amplio, no puedes poseer nada mientras estás aquí, ni puedes tampoco adquirir nada: sólo puedes dar de ti. Es ésta el área en la que debes aprender a trabajar para poder experimentar una abundancia y una prosperidad ilimitadas
en tu vida.
En cuanto te des cuenta de que el dar constituye la clave para tu propia abundancia, verás también que puedes alcanzar fácilmente la prosperidad. No es tan difícil darse. ¿O sí? Algunos no percibirían la ironía que hay aquí. Desean una vida de prosperidad pero se concentran exclusivamente en lo que pueden sacar de ella. Así, trabajan, luchan y se fijan metas, pero nunca parecen llegar adonde quieren llegar ni tienen suficiente. Y
sin embargo, si estudiamos a las personas que han alcanzado un gran éxito en todos los campos imaginables,
veremos que no se centran en realidad en los resultados que personalmente van a obt ener. He aquí un ejem- plo perfecto que nos da el artículo de Srikumar S. Rao aparecido en junio de 1991 en la revista Success y titulado: «The Superachiever's Secret» («El secreto del superganador»):

Un día, Melidi Fakharzadeh, agente principal de la compañía de seguros Metropolitan Life, fue a ver a un asegurado que sufría de una dolencia cardíaca y quería pedir una indemnización. No había perspectivas de poder seguir cobrándole las pólizas. La mayoría de agentes (con sus intereses como objetivo) se habrían limitado a entregarle un formularlo y marcharse. No así Mehdi, quien se había entregado a la misión de ayudar
a la gente. Mehdi le rellenó el formularlo. Cuando se enteró de que el hombre tenía también pólizas con otras
compañías aseguradoras, consiguió de éstas los formularlos, los rellenó y se aseguró de que las indemnizaciones llegaran a su des tino.
El hombre se empeñaba en pagar a Mehdi, lo cual éste rehusó cortésmente, pero, unos días más tarde,
Mehdi recibió por correo una lista de veintidós amigos y parientes de ese hombre, con nombres, fecha de nacimiento y número de hijos y una presentación personal a cada uno de ellos. Mehdl vendió millones de dólares en pólizas de seguros.

Cuando te recuerdes constantemente a ti mismo el supremo propósito espiritual y social que te empuja en el trabajo observarás cómo cambia todo tu estado de prosperidad. Ocupará un lugar principal en tu mente el modo en que puedes servir a las necesidades de quienes te rodean centrándote siempre en sus necesidades y
lo que les corresponde. Tener un propósito significa, de manera general, estar en paz contigo mismo, y esta paz es lo que puedes dar.
Mi experiencia como escritor y mis charlas por todo el mundo, así como mis contactos personales con millares de personas, me han llevado a creer que éste es el secreto que comparten aquellos que experimentan milagros de prosperidad en sus vidas.
Es cierto que lo que gira vuelve a ti. Cuanto más des y más lo hagas todo por servir a los demás, más será lo
que revierta a ti. Y cuando vuelva a ti, puesto que no estarás interesado en acumular ni Poseer, te sentirás aún más inclinado a darlo con lo que se afianzará el ciclo de la realidad mágica.
Esta lección en cuanto a la prosperidad es aplicable a todos los campos de los negoc ios. Una compañía de aviación, por ejemplo, cuyo objetivo es servir a sus pasajeros, prosperará al máximo cuando el tejido entero de
la organización se base en el servicio a los demás. Cuando en algún nivel del negocio se descuida este sentido
del servi cio, la organización entera se resiente. Un día, al subir a un avión antes de la hora, oí la voz de un asistente de vuelo que decía con sarcasmo: «Aquí llegan las bestias». Supe que aquella organización estaba condenada a perecer tarde o temprano por falta de pasajeros. Por supuesto, la compañía ha quebrado. Los empleados deben saber en el alma que tienen el privilegio de servir a aquellos que están dispuestos a dar una parte de sus ingresos por utilizar el servicio. Depende de los clientes el que ellos conserven sus puestos de tra- bajo, por lo que deben valorarlos, mimarlos y apreciarlos. Debe hacerse un hincapié total en el servicio, olvidando la conveniencia o inconveniencia para los empleados. Esto es aplicable a tu trabajo, sea éste cual fuere. Si trabajas en la consulta de un dentista, tu objetivo será servir y ayudar a los demás a mejorar su calidad de vida. Si el objetivo es sólo ganar dinero y hacer que los pacientes entren y salgan lo antes posible, la consulta entera conocerá la penuria y no la prosperidad.
Pero yo no escribo este libro para una organización, sino para ti, querido lector. Puedes efectuar los cambios que quieras en tu conciencia, pero también el énfasis deberá cambiar y pasar de los resultados en tu vida al propósito. Pruébalo. Cambia durante un periodo de un mes y ve si no empiezan a producirse milagros en tu vida.
Para tener un propósito en las actividades de la vida sólo hay que dar la vuelta a las propias creencias
interiores. No es en realidad preciso cambiar de posición ni desplazarse a otro lugar, porque es en el dar donde
se experimenta esta realidad mágica. Las palabras que en este sentido dice Dios a Arjuna, el poderoso guerrero, en el Bhagavad Gita, son muy simples: «Esfuérzate constantemente por contribuir al bienestar del mundo; mediante la devoción a una labor sin egoísmo se alcanza la meta suprema de la vida. Haz tu labor siempre con el bienestar de los demás en el pensamiento». Observa que hace hincapié en lo que se tiene «en
el pensamiento». Y éstas son las palabras finales de Dios a Arjuna: «El ignorante trabaja para su propio
bienestar, Arjuna; el sabio trabaja para el bienestar del mundo, sin pensar en sí mismo».
Quizás esta idea te parezca demasiado elevada para ti, pero yo te aseguro que puedes alcanzar en este mismo momento los beneficios de este modo de pensar. No necesitas memorizar una serie de principios elevados, sino simplemente ponerte en contacto con tu yo superior, que siempre te acompaña, y permitir que esa parte natural de ti mismo tome el control. Resulta un modo muy fácil y fascinante de vivir, un modo de vivir que no deriva de un mayor esfuerzo sino del hecho de relajarse y eliminar las presiones procedentes de ti mismo.
Cuanto menos necesites imponerte este nuevo modo de ser, más fácil te será disponer de él como principio guiador de tu vida. Un rápido vistazo a las características del ser espiritual frente al ser no espiritual te mostrará que se trata de un ejercicio mental más que de un ejercicio físico. Lo que debes hacer es permitir que tu yo natural fluya apaciblemente, y saber que la satisfacción viene de dar y no de recibir. He aquí un concepto, el de permitirte fluir, con el que deberás familiarizarte totalmente a medida que permitas entrar en tu vida la prosperi- dad que deseas.

COMO LLEGAR A «FLUIR»
Mihaly Csikszentinilialyi, en su libro Flow, es tudiaba a los grandes ganadores -entre ellos ejecutivos, plusmarquistas y artistas - que han alcanzado una vida de prosperidad. Describe el principio del «fluir» como una inmersión máxima en nosotros mismos, en la que experimentamos un total gozo en el momento del trabajo. Dice que, una vez hayamos gustado este gozo, redoblaremos nuestros es fuerzos para alcanzarlo.
En la primera parte de este libro hablo de cómo todo parece funcionar a la perfección en nuestras vidas cuando estamos inspirados. El fluir entra dentro de este tipo de inspiración, una inspiración tan poderosa que todos los obstáculos parecen desaparecer y quedamos enamorados de lo que hacemos en tal medida que el trabajo parece fluir sin el menor esfuerzo por nuestra parte. Se puede experimentar esta vivencia del fluir en casi todo.
Yo experimento esta perfección sin esfuerzo cuando estoy tan involucrado en mi charla en el es trado que el
tiempo parece quedarse inmóvil y las horas transcurren como si fueran minutos. También, cuando estoy totalmente inspirado e involucrado en mi escritura, parece salir humo de la máquina de escribir mientras lleno una página tras otra sin el menor esfuerzo. A veces, me siento como si yo (el yo invisible) estuviera en realidad observando cómo escribe otro, con tanta perfección fluye el trabajo. Probablemente hayas conocido esta
sensación durante una experiencia sexual, como un éxtasis divino en el que el tiempo se paró literalmente y conociste el gozo completo. Puedes también fluir en tu trabajo y en tus actividades cotidianas sin esperar la aparición de esos momentos mágicos como si estuvieran dirigidos por alguien que no fueras tú.
Llegar a fluir en la vida significa alcanzar un estado de concentración tan total que parece que todo lo demás deje de existir. La gente que conoce la prosperidad en su vida sabe cómo alcanzar este estado esplendoroso
en el que sus actividades, en lugar de constituir una serie tediosa de trabajos que realizar, se convierte en una especie de meditación en la que sin embargo están activos e involucrados en lugar de estar sentados tranquilamente. El fluir tiene mucho que ver con el propósito en las activi dades. Cuando eres capaz de suprimir
tu cuerpo físico así como tu ego y permitir que tu yo invisible se funda totalmente con lo que estás haciendo, tu
yo superior dirige y produce mientras que el cuerpo sigue simplemente una rutina sin ningún juicio por tu parte. Cuando te hallas en ese estado, experimentas en el cuerpo una especie de dicha etérea que te dice: «Es por esto que estás aquí, ésta es tu misión en este instante. Estás cumpliendo tu gran misión y nada puede entorpecerte». Llegas a un es tado en el que rindes a niveles muy por encima de los que pudieras haber conocido con anterioridad. Observas literalmente cómo tu cuerpo hace cosas in creíbles, experimentas un gozo
y una dicha enormes y nada puede ponerse en tu camino. Tienes un propósito y vives una experiencia cumbre
que otros sólo pueden soñar.
Hay un modo de llegar a ese estado del fluir. Csikszentinihalyi describe ese proceso de manera prolija mientras que el profesor Rao, de la universidad de Long Island, resumía el proceso en el artículo de la revista Success que ya he citado. Los puntos de su resumen reflejan lo que yo he dicho en este libro. No se trata tan sólo de secretos para llegar a ser un gran ganador en el terreno laboral, sino también de secretos para producir auténticos milagros en la vida. Describo a continuación los cinco puntos que constituyen el camino hasta ese estado del «fluir».

1. Ten una meta espiritual suprema que dé sentido a tu trabajo.
Esto significa olvidarte de ti mismo y hacer que toda tu energía pase al mejor modo de servir a los demás. Haz de tu trabajo una experiencia de meditación y, en lugar de verte a ti mismo realizando una tarea determinada, conviértete de hecho en la tarea en tu mente. Pasas de ser un ser humano que hace a un ser humano que es. Te conviertes literalmente en la pelota de un partido de tenis. Te conviertes en el informe en el que estás trabajando, te conviertes en el libro que estás escribiendo y en la cena que estás preparando. No hay separación alguna, tú y la tarea sois una misma cosa y ello en nombre del objetivo espiritual supremo de dar de
ti mismo con un propósito.

2. Concéntrate y cierra tu mente a toda forma de distracción.
La mente es tan poderosa que no necesita ser distraída constantemente por actividades foráneas. Puedes entrenar tu mente para que se concentre, razón por la que te he alentado a que aprendas a meditar. Da a tu mente la misma preparación mental que das a tu cuerpo cuando deseas que éste tenga una forma física al máximo. No tienes por qué ser esclavo de tus sentidos. Puedes crear una atmósfera en la que la mente esté despejada y libre de distrac ciones, sin tolerar interrupciones,
Yo estoy escribiendo en este preciso instante en Maui, en presencia de mi esposa y siete hijos e hijas con el
constante fluir de compañeros y compañeras de juegos. He escogido, sin embargo, crear un entorno para mí dentro de este hermoso caos que también es para mí un gozo. He alquilado un pequeño apartamento para el verano. La única llave la tengo yo y el teléfono está desconectado. Me despierto a las cinco de la mañana y, después de meditar, me hundo en la escritura y en la investigación. No son posibles las interrupciones, nadie sabe dónde interrumpirme más que mi esposa (quien utiliza también este espacio por las tardes para concentrarse en sus proyectos literarios). Puedo concentrar totalmente mi mente y, a continuación, mi producción material fluye sola. Tú puedes crear este tipo de atmósfera para ti. Puedes entrenarte a eliminar la interminable cháchara mental que ocupa tu conciencia. Puedes alcanzar ese lugar superior dentro de ti y dejar fuera toda otra distracción. Cuando lo hagas empezarás a saber lo que es esa sensación de fluir y empezarás también a ver aparecer realidad mágica en tus actividades. Esto puede hacerse en el trabajo, en el hogar o en cualquier lugar tranquilo. Concentrarte es tu modo interior y natural de conocer. Puedes hacerle caso omiso o acudir allí a menudo.



3. Entrégate al proceso.
Debes resistir el impulso de luchar por lo que deseas. (¿Sabías ya esto? ¡Vengo diciéndolo desde la primera página!) En el sistema descrito en Flow el mundo trabaja contigo, por lo que debes participar realmente en el proceso y abandonar el instinto aprendido que te empuja al esfuerzo y a la lucha. Entrégate a Dios o a tu poder superior, esa fuerza invisible que siempre te ac ompaña y que está más allá de tus cinco sentidos. Debes abandonar y entregarte realmente al proceso. Olvida el resultado, la recompensa, el dinero, el trofeo y los homenajes y consagra totalmente tu mente y tu cuerpo físico a la experiencia que tienes en mano. No es tan difícil conseguirlo. He aquí lo que Robert Coram decía en Political Inquiries allá en 1791:

En cada examen trimestral se otorgaba una medalla de oro al que mejor escribía. Cuando se ofrecía la primera medalla, ello provocaba más bien una contención general que una emulación y difundía un espíritu de envidia, celos y disonancia por toda la es cuela; muchachos que antes eran amigos del alma pasaban a ser
fieros rivales enfrentados y, cuando se adjudicaba el premio, se convertían en enemigos irreconciliables. Aquellos que estaban avanzados en los estudios censuraban los resultados inferiores de sus compañeros; cada uno menospreciaba las capacidades de su contrario con respecto a las propias y utilizaba cualesquiera manas para denigrar los resultados del otro.

Así pues, si decides quedarte con los resultados en lugar de con el proceso crearás en tu vida envidia, celos
y disonancia. Si te prestas al cambio podrás crear un flujo que lleve a la prosperidad y a saber que existe el milagro personal en tu actividad. ¿Cómo entregarse? ¡Abandona! No te esfuerces por alcanzar un objetivo y,
en lugar de ello, disfruta del proceso del trabajo que estás realizando; los resultados vendrán independientemente del esfuerzo que les dediques. Cuando nuestra mente está concentrada en el resultado más que en lo que se está haciendo se crea una disonancia interior que bloquea cualesquiera posibilidades para la aparición de milagros. La prosperidad tiene que ver con el proceso y no con los resultados. El proceso tiene que ver con el propósito, y el propósito es de amar y dar.

4. Experimenta el éxtasis.
Este es el resultado que automáticamente fluirá hacia ti si sigues las pautas indicadas. Conocerás una especie de bienaventuranza y dicha interiores inconfundibles, que se acercarán sigilosamente hasta ti y se apoderarán de ti, por así decirlo; mas, sin embargo, conocerás esa gloriosa y emotiva experiencia cumbre si te entregas al flujo en la vida.
Se trata exactamente de la misma sensación que he descrito en la sección dedicada a la meditación en el
capítulo 3. La razón por la que la sensación es la misma es que estás en realidad abriéndote camino mediante
la meditación a través del trabajo, y la recompensa automática, que viene sin esfuerzo, es esa sensación mágica parecida a una ducha cálida que discurriera por tu interior. Ella te elevará y te pondrá en contacto con
el conocimiento interior de que te hallas por fin en el camino adecuado. El éxtasis es un milagro en sí.

5. Observa y ve cómo alcanzas un rendimiento al máximo sin esfuerzo.
Tu estado de éxtasis te abrirá nuevas perspectivas de creatividad y energía. Este estado natural de dicha es
la clave para mejorar tu rendimiento. Es el estado que los grandes ganadores saben crear en sí mismos. Lo irónico es que esta mayor productivi dad sea el resultado de haber alcanzado el estado de éxtasis. Los procesos de entrega, concentración y vida con propósito llevan al éxtasis. Cuando sientas esta dicha interior querrás más y más. Cuanta más puedas crear para ti mayor será tu rendimiento.
Esto es lo que me ocurre a mí. Cuando siento ese fulgor interior que procede del hecho de tener un propósito
y no estar pendiente de los resultados, quiero escribir y escribir el día entero. 0 bien deseo permanecer en el estrado y dar sin cesar, y, cuando una charla ha terminado, me quedaría con la gente durante horas y horas. Cuando ya hace rato que los demás oradores están en sus hoteles acostados, yo estoy todavía hablando con aquellos que están dispuestos a seguir allí inmersos en el proceso. Cuanto mayor es el éxtasis que logro a través de este método del fluir mayor y mejor es mi rendimiento, y la paradoja es que no tengo la menor intención de rendir o de producir resultados.
He utilizado la siguiente cita de Thoreau en cada uno de mis últimos tres libros y la ofrecí como uno de los
secretos del universo en mi novela Los regalos de Eykis. Me parece muy adecuado concluir esta sección también con ella. Nunca me canso de oírla, y confío en que también tú desees recordar la sabiduría mágica y real que encierran estas palabras:
Si avanzamos confiados en la dirección que marcan nuestros sueños y nos empeñamos en vivir la vida que hemos imaginado nos encontraremos con un éxito inesperado en cualquier momento.
Esto ocurre en ese lugar invisible. Las palabras que destacan en esta cita son «sueños» e «imaginado» cosas ambas que están en el pensamiento. Tus pensamientos crean en su totalidad este éxtasis y, en última instancia, todos los milagros que van a llegar a tu vida en forma de una mayor prosperidad. Tu mente tiene un gran poder en cuanto a lo que es capaz de producir en tu realidad física y también en la realidad física más allá
de tus fronteras.

COMO UTILIZAR LA MENTE PARA CREAR PROSPERIDAD
Te hallas ya en el camino que lleva a la inversión de la conciencia de penuria para convertirla en otra de prosperidad. Se trata en gran medida de un juego mental. Debes convencerte de que tú y sólo tú eres el responsable de las imágenes que se forman en tu mente. Debes saber cuánt o es el poder de tu proceso de imaginación en la creación del mundo material que vives.
En deporte, aquellos que brillan por encima de sus contrincantes imaginan por anticipado cómo van a
golpear, colocar o dar con el pie a la pelota. La parte mental, la parte invisible, conforma literalmente, y digo literalmente' el modo en que se van a manifestar los resultados físicos. Cuando se preguntó a Rickert Fillmore, hijo de uno de los fundadores de la Iglesia Cristiana Unitarista, si este principio podía aplicarse a la venta de propiedad inmobiliaria, Fillmore contestó: «Si funciona, funcionará donde sea».
Es éste un principio universal. No funciona sólo los domingos por la mañana, ni sólo para algunas personas.
Se trata de un factor vital, vivo, del universo del que tú formas parte y que forma parte de ti. Cualquier área de participación del ser humano forma parte de este proceso. Lo que podemos concebir como imagen en la mente podemos crearlo en el mundo físico, con tal de que la imagen no se pierda. Cuanto más consciente seas de
este hecho, más verás cómo se manifiesta en tu vida. Aristóteles lo dijo así: «El alma no piensa jamás sin una imagen»; sabiduría antigua válida para nuestra vida actual.
En ventas, los individuos convencidos de que no van a consumar el trato actúan de acuerdo con su imagen invisible y proceden a sabotear el cierre. Las frases tales como «Nunca he sido capaz de hacerlo», «Sé que estoy perdiendo el tiempo» o «Seguro que no van a comprármelo» son todas ellas mapas de carretera grabadas en la conciencia y que llevan a la realización de la profecía. Si diéramos la vuelta a estas frases a fin
de que reflejaran tu propósito de dar y servir al proyecto, nuestra mente repetiría frases interiores como éstas:
«Es imposible que yo pierda el tiempo ayudando a otra persona» o «Van a beneficiarse de mis buenas intenciones. Si hay alguien que pueda hacer esto bien también yo puedo. La inteligencia que discurre por los demás discurre también por mí». Este proceso de imaginación es el modo de crear una conciencia de prosperidad dentro de tu mente. Nadie puede arrebatártelo.
Mi esposa y yo hemos decidido que nuestros hijos tomaran lecciones de maestros reconocidos en el arte de
la meditación y del aprendizaje para que confíen en la visión interior propia. Lo hacemos no para que aventajen
a otros sino con la finalidad de que tomen conciencia de que tienen algo dentro que nadie podrá jamás arrebatarles, sean cuales fueren las circunstancias materiales de sus vidas. Están aprendiendo a muy temprana edad que su paz y su tranquilidad en tanto que seres humanos dependen de ellos y que tienen dentro de sí un lugar de retiro muy especial que está siempre a su disposición una vez aprendan el modo de entrar en ese reino especial. Aprenderán lo que quiere decir el título de un poema mío favorito; las siguientes cinco estrofas son de ese poema, «Mi mente un reino es para mí», del, poeta del siglo XVI sir Edward Dyer
(¿un pariente espiritual?):

Mi pensamiento un reino es para mí, Tales gozos presentes en él encuentro Que superan a toda otra dicha
Que la Tierra proporcione o produzca;
Aunque mucho deseo de lo que desea el otro, Al ansia se niega mi pensamiento.

Ni a la pompa principesca, ni a la despensa repleta, Ni a la fuerza con la que conseguir la victoria,
Ni al ingenio artero que cura todo mal,
Ni a la forma que alimenta al ojo amoroso; A ninguno de ellos rindo pleitesía:
¿Para qué, si mi pensamiento vale por todos?

Veo a menudo a la abundancia hartar
Y a los apresurados escaladores presto caer; Veo cómo a aquellos que están en lo alto Amenaza más que a nadie el infortunio. Obtienen con esfuerzo, guardan con temor; Tales cuitas jamás mi pensamiento soportaría.

Contento de vivir, con esto me conformo; No busco más que lo que pueda bastarme Ni me placen cargos de alteza;
Ved, mi pensamiento llega allí donde no llego yo Y heos aquí que así triunfo como un rey. Contento con lo que me depara mi pensamiento.

Los hay que, teniendo mucho, ansían más; Yo tengo poco y más no busco.
Pobres tan sólo son, aunque tengan mucho, Y yo soy rico con poca hacienda;
Ellos pobres y yo rico; ellos pidiendo y yo dando;
Ellos faltos y yo sobrado; ellos penando y yo viviendo.

Si bien la rima puede resultar un poco anticuada para aquellos de vosotros que estéis acostumbrados a la poesía más moderna, el mensaje es en verdad provocador. Todos los lujos de la vida traen consigo el sufrimiento consiguiente a menos que sepamos que dentro de nosotros está el reino de la serenidad, capaz de crear toda la prosperidad que podamos llegar a desear. Podemos trasladar el mensaje de este poema a toda forma de actividad humana. Tu mente es ese reino, capaz de crear cualquier imagen que desee. Y una vez sepas que las imágenes que deseas son de prosperidad, ésta vendrá atraída hacia ti sobre la base de las acciones que fluirán a partir de esas imágenes.

En la cocina, dos cocineros siguen exactamente la misma receta, punto por punto, sin olvidar ninguno de los detalles, en el orden preciso y utilizando el mismo horno. Uno obtiene una tarta fantástica, deliciosa, mientras que el otro saca del horno exactamente lo contrario: ¡un fiasco! ¿Por qué? Sus mentes imaginan lo que desean crear. Uno tiene la imagen mental de un resultado positivo, sabe en su interior que la tarta va a salir fantástica y
ve el resultado por anticipado, aun cuando sea a un nivel inconsciente. El otro tiene un esquema mental to-
talmente distinto, está lleno de duda y temor y aborda el proyecto en su conjunto a partir de una imagen fatalista. Si bien el segundo cocinero sigue todos y cada uno de los detalles de la receta, la tarta resulta exactamente según lo previsto: «Yo no valgo para estas cosas, y sé que no va a salir bien». ¿Parece un cuento
de hadas? Es imposible que el resultado sea distinto, dirás tú, si ambos siguen las mismas instrucciones.
He presenciado cosas como ésta una y otra vez a lo largo de mi vida. De algún modo, aprendí cuando niño que la cocina y el dibujo no eran mis fuertes. A pesar de que seguía las instrucciones es crupulosamente, por ejemplo cuando pintaba con cifras y llenaba el espacio correspondiente a cada una de ellas con la pintura exacta indicada, mi pintura resultaba un desastre y la de mi hermano Jim acababa en un marco y colgada de la pared. Jim sabía que era capaz de producir una obra maestra, Wayne sabía que la suya sería una porquería.
La misma pintura, los mismos pinceles, las mismas cifras, lo mismo todo, salvo el conocimiento, y por ende el
resultado. Lo mismo ocurría cuando me ponía a cocinar. Era capaz de seguir las instrucciones físicas, pero nada podía librarme de mi imagen mental y mi imagen mental era lo que acababa siendo la realidad. Nuestras creencias constituyen ingredientes invisibles en todas nuestras actividades.
Hay en la fe una magia que trasciende la lógica. La prosperidad en todas las cosas, incluido el dinero, fluye a partir de esas imágenes. Sí, lo que digo es que podemos en verdad incidir en el mundo fí sico y en todas las circunstancias de nuestra vida según utilicemos nuestra mente. El dinero y la riqueza pueden fluir y fluirán hasta tu vida si sigues los principios de la conciencia de prosperidad. Esto funciona en los deportes, en la venta, en la cocina, en la cirugía, en la conducción de un taxi e incluso en la cuenta corriente personal.
La mayoría de nosotros creemos que el ganar dinero es un juego que se desarrolla con fuerzas exteriores a
nosotros, fuerzas tales como son la economía, la Bolsa, las tasas de interés, los bancos, las políticas gubernamentales, las estadísticas de empleo y cosas por el estilo. Pero a medida que recorremos el camino espiritual y empezamos a tomarle el gusto al poder de nuestro yo invisible, descubrimos que el ganar dinero no
es más que un juego que se juega con uno mismo. Crear dinero es igual que crear cualquier otra cosa en la vida. Implica que no ay que estar atado a él ni permitir que en modo alguno domine nuestra vida. El auténtico poder no lo obtenemos mediante la adquisición de dinero, ya que sin él seríamos impotentes. El auténtico poder procede de nuestra alma, ese lugar mágico que llevamos siempre dentro.
La prosperidad en lo tocante a la riqueza funciona exactamente igual que en todo lo demás. Verás viene a tu
vida cuando no estés atado por su necesidad. Verás cómo fluye a tu vida cuando tú fluyas y des de ti con un propósito. El dinero, al igual que la salud, el amor, la felicidad y todas las formas de acontecimientos milagrosos que deseamos crear en nuestra vida, viene cuando vivimos con un propósito. No es una meta en sí. Si lo persigues, siempre se te escapará. Nunca tendrás suficiente y, en consecuencia, sufrirás enormemente.
Tenemos por doquier ejemplos de personas con muchísimo dinero pero sin un propósito en el alma. Actores
y actrices famosos corroídos por la adicción a las drogas y que se suicidan cuando se hallan en lo que otros consideraban el cenit de sus carreras. Hombres de negocios emprendedores acosados por el temor, plagados
de úlceras y que ponen fin a sus vidas a causa de fracasos comerciales. Los rampantes índices de divorcio entre los millonarios junto con penosas peleas Judiciales por quién se lleva el qué. Ganadores de la lotería destrozados por el alcoholismo y que terminan en la ruina o se suicidan a pesar de tener cuentas corrientes inimaginables. Cuando la riqueza es la razón de nuestras actividades y la calidad de nuestra vida se basa en lo que hemos acumulado en comparación con otros, la prosperidad es imposible. Volvemos al sufrimiento como medio de iluminación.
Cuando tienes un propósito, haces aquello que sabes es tu misión aquí y te olvidas de lo que pueda llegar a
tu vida en cuanto a dinero y riqueza, éstos ya llegan a ella en cantidad suficiente como para proporcionarte una vida de prosperidad. Y esto es realidad mágica en acción. Lo digo porque a mí siempre me ha funcionado. Cuando perseguía el dinero, nunca tenía suficiente. Cuando di un propósito a mi vida y me centré en dar de mí mismo y en cuanto llegara a mi vida, conocí la prosperidad.
La prosperidad no viene por seguir de manera estricta una serie de artimañas y estrategias, es un esquema
mental, un esquema mental centrado en tu capacidad para manifestar milagros. A cualquier cosa que hayas creído imposible podrás darle la vuelta, y crear así un cuadro interior de prosperidad.
Doy a continuación unas pautas que podrás utilizar cuando empieces a familiarizarte con tu propio potencial para hacer milagros. Podrás tirar por la ventana la penuria, a la que sustituirá la abundancia que antes creías estaba sólo al alcance de aquellos otros con suerte.

COMO APLICAR LOS PRINCIPIOS DE PROSPERIDAD LA VIDA COTIDIANA

Paramhansa Yogananda decía así:

La posesión de bienes materiales, sin paz interior, es como morir de sed cuando nos bañamos en un lago. Si bien es de evitar la pobreza material, debemos aborrecer la pobreza espiritual. Porque es la pobreza espiritual,
y no la carencia material, la que cons tituye la base del sufrimiento humano.

No olvides estas palabras si deseas crear un mundo de realidad mágica para ti. Primero y sobre todo, tu propósito es crear una forma de conciencia espiritual dentro de tu ser. Y luego, permitir que el universo en toda
su perfección rija.

¡Desdén e incredulidad! Idea un sistema dentro de tu mente que te permita imaginarte viviendo una vida próspera, con todas las cosas materiales que puedas precisar. Aparta la penuria de tu mente y niégate a tener ese tipo de pensamientos. Cuando un viejo pensamiento habitual de penuria empiece a entrar en tu conciencia,
di simplemente: «¡El siguiente!». Eso es, di simplemente para ti mismo «El siguiente», ello te recordará que el
viejo pensamiento quedó atrás y que estás entrando en un nuevo proceso de pensamiento próspero. El utilizar
«El siguiente» como una expresión mágica te recordará que debes seguir adelante con la magia de la fe y no con la angustia de la duda. Registra en el papel qué es exactamente lo que te gustaría ver aparecer en tu vida física. Viéndolo y leyéndolo repetidas veces implantarás ese pensamiento con mayor firmeza en tu mente y empezarás a hacer realidad aquello que imaginas. Yo utilizo a menudo esta téc nica de la escritura y coloco mi afirmación en un lugar que me obliga constantemente a releer las palabras del milagro que estoy en proceso de manifestar.

Deja un rincón de tu mente centrado exclusiva mente en tus imágenes de prosperidad. Acude a él a menudo y utiliza el poder de tu mente para aguzar tus imágenes de prosperidad. Llega hasta los detalles concretos acerca de lo que puedes conseguir. Recuerda que mereces este rincón de libertad, que es únicamente tuyo y que nadie puede arrebatarte. No pienses ni por un instante que es preciso que ganes la lotería o que se presente una circunstancia inusitadamente afortunada para que ese milagro que tienes en el pensamiento se haga realidad. Atente a la imagen, en esa zona de realidad mágica que estás creando. Pronto estarás actuando de acuerdo con esas imágenes y atrayendo prosperidad hacia ti. He aquí un ejemplo de lo que digo, extraído de un libro fabuloso llamado The Magic of Believing, de Claude Bristol:

Y esto nos lleva a la ley de la sugestión, por la cual todas las fuerzas que actúan dentro de los límites de esta
ley tienen la capacidad de producir resultados de tipo fenomenológico. Se trata del poder de tu propia sugestión, que pone en marcha la maquinarla o hace que la mente inconsciente inicie su labor creativa, y ahí
es donde entran en juego las afirmaciones y las repeticiones. Es la repetición del mismo cántico, de los mismos conjuros, de las mismas afirmaciones, la que lleva a la fe, y una vez esta fe se convierte en una profunda convicción, empiezan a ocurrir cosas.

Yo he visto funcionar esto una y otra vez con mis hijos. Repiten oralmente: «Puedo hacerlo, puedo allí donde antes han conocido el fracaso. Pienso en mi hija Sommer intentando mantenerse sobre mis manos y cayendo una vez y otra hasta que la insté a repetir una y otra vez en voz alta esas palabras mágicas. Luego, después de fracasar veinte o treinta veces en su intento por mantener el equilibrio, experimentó de repente la realidad mágica. Diciendo una y otra vez «Puedo hacerlo, veo cómo me aguanto sobre las manos de papá», tuvo el poder de hacer que ello ocurriera. No es una fantasía. Si con algo funciona es que puede funcionar con lo que sea. Debes creerlo y dentro de ti esa zona de realidad mágica que no permite nunca la entrada de la duda, donde repetirás sin cesar la afirmación que llevará a una fe que llevará al milagro.
Estudia el mundo de la materia, de todas las posesiones materiales en el plano subatómico. Empieza
por observar que todo lo material no es más que espacio vacío cuando se lo ve más de cerca, verás lo absurdo del hecho de hacer de ese mundo material tu amo. Al igual que tus pensamientos, el mundo material es ilimitado. No tiene principio ni fin, es abundante al máximo y está totalmente a tu disposición si sabes cuál es tu
verdadero propósito aquí.
Recuerda que la prosperidad, como todo lo demás, se experimenta en la mente. Si de algún modo eres capaz de verte a ti mismo próspero, y nada ni nadie fuera de ti puede hacerte creer lo contrario, tu vida será de hecho un milagro de prosperidad. Y no será por lo mucho que hayas acumulado, a menos que decidas creerlo así. Lo realmente irónico es que cuando te consideres próspero sean cuales fueren tus posesiones materiales,
y ac túes de acuerdo con esta creencia, las posesiones materiales llegarán en las medidas exactas y perfectas
para tu bienestar.
Desarrolla en ti la confianza en tus voces intuitivas interiores. Se ha dicho que aquellos a quienes se clasifica como afortunados son esencialmente aquellos que siguen sus corazonadas y no lo que ha sido prescrito por los demás. Si sientes una fuerte inclinación interior a cambiar de empleo o de domicilio, a conocer
a gente nueva o a realizar una nueva inversión, pon entonces una mayor confianza en tu corazonada. Es tu
guía divina que te anima a correr riesgos, a. hacer caso omiso de cómo actúa el rebaño, a ser el individuo único que eres. Conocerás la prosperidad en la vida si es así como empiezas a procesar tu vida por dentro, Lo interior es lo que más cuenta. Es ahí donde reside tu intuición, la fuerza guiadora invisible que jamás te aban- dona. Aprende a confiar en ella y permite a tu cuerpo físico recorrer el camino que presientes en tu interior.
Yo siempre me he dejado guiar por mis corazonadas en las inversiones. Puedo decir con toda franqueza que
la única vez en que experimenté una gran pérdida económica fue cuando no hice caso de mi intuición e invertí
en «bonos municipales garantizados» para el desarrollo de proyectos que yo sabía en mi interior no estaban de acuerdo con mis convicciones. Me costó decidirme, pero los réditos eran importantes y los bonos
supuestamente garantizados, por lo que actué en contra de mi intuición. Esta decisión me costó más de ciento cincuenta mil dólares en bonos con incumplimiento. Mi intuición me decía que me mantuviera al margen de tales proyectos e invirtiera sólo en cosas en las que creyera firmemente, pero mi ansia de réditos más altos venció. Fue para mí una lección muy grande y costosa. He aprendido desde entonces a seguir lo que siento por dentro, sin tener en cuenta lo que otros me aconsejen acerca de lo acertado o no de mi elección. Sólo invierto en aquello que me parece adecuado y moral, y este sentimiento me viene del hecho de que entro en mi interior y confío en la guía que recibo. Para algunos es éste un método bastante tonto para la inversión, pero yo
confío de todas todas en mi intuición... y el resultado es la prosperidad.
Dedícate a sustituir dentro de ti los pensamientos que reflejen una conciencia de penuria. Si te dedicas a hablarle siempre al mundo de lo que te falta y de que nunca sales adelante, es porque hay dentro de
ti un espacio interior que cree firmemente en las carencias. Entre estas ideas de penuria están los problemas
económicos, las pérdidas, las dificultades, etcétera. Es posible que te dediques a hablar de estos temas y que éste sea el modo en que te presentas una y otra vez a todo aquel con quien te encuentras. Puedes sustituir estos eslóganes interiores, que han llegado a constituir el logotipo de tu vida, por nuevos pensamientos entre
los que estén la abundancia, la riqueza, el ser pródigo, el benefi cio, la tranquilidad, el sustento, etcétera.
Cuando veas en estos pensamientos el modo en que es tu universo, y proceses así tu mundo, esas palabras y esos conceptos serán tu modo de presentación.
El secreto que está sentado en el centro de tu ser y «sabe» es esa alma callada e invisible que es tuya y puedes utilizar como te plazca. Debes empezar a sobreponerte cuando te pongas a pensar de maneras que subviertan tu propia prosperidad. Debes controlarte a lo largo de todo el día y procurar atrapar todos y cada uno de los pensamientos que supongan una conciencia de penuria. Podrás transformar esos pensamientos, pero sólo si estás dispuesto primero a convertirte en tu propio monitor y luego a limitarte a transformarlos. Verás que acabas actuando de acuerdo con tus nuevos pensamientos, del mismo modo que antes actuabas de acuerdo con los otros en la creación de tus circunstancias vitales.
Desarrolla en tu corazón la convicción de que realmente te corresponde la prosperidad. Pensar en la prosperidad es ya un gran comienzo. Pero debes hacer que esos pensamientos de que tienes derecho a la prosperidad se conviertan en auténticas creencias. Si quieres hacer realidad la prosperidad, debes cultivar esta forma de convicción mental. Es tu propósito en acción. Es el proceso de vivir a través del conocimiento. Simplemente desear no es suficiente, ya que no habrá de verdad nada en tu vida hasta que llegues a la convicción interior de que su pues to está ahí.
Aunque parezcan muy extremas, escucha estas palabras de san Marcos (11:23-24), en las que se habla de este principio divino y ve si puedes captar su significac ión en relación con tus ideas de pros peridad:

Quienquiera que diga a esta montaña «Apártate y lánzate al mar» y no dude en su corazón, sino que crea que aquello que dice va a suceder, tendrá cuanto diga... Cualesquiera cosas que pidas cuando rezas, cree en que vas a recibirlas y las tendrás.

Así hablan los milagros. Y, sin embargo, esas palabras constituyen precisamente las piedras en las que puedes tropezar en el camino hacia tu prosperidad en cuanto a lo que eres capaz de creer y saber y en cuanto
a tus intenciones en tu vida.
Cree en la divinidad que eres, y cree que repre senta la perfección del universo . Cuando hayas tra- bajado las creencias de que he hablado, contrólate durante un día y fíjate en cuántos pensamientos de penuria tienes en relación con los pensamientos de prosperidad, luego entrégate y deja de inquietarte por ello. Confía
en esa fuerza invisible que fluye a través de ti. Recuerda: ¡cuando confías en ti mismo confías en la sabiduría
que te ha creado! Y evidentemente, cuando dudas de ti pones en duda esa misma inteligencia divina que te ha traído aquí. Sabe en tu interior que las leyes universales de prosperidad y abundancia no han sido revocadas. Sepas que si a otros les han ido bien te irán bien a ti.
Entrégate ahora y tómatelo con calma, y sabrás lo que debes hacer. Esto es el satori: un despertar
instantáneo. No tienes ya por qué preocuparte; la prosperidad vendrá en verdad a ti y tú la estarás creando de una manera mágica, como es la magia que experimentas cada vez que creas un pensamiento a partir de la nada. Confía en el milagro que tú eres. Confía en que la fuerza universal fluye a través de ti; si no fuera así, no estarías en este momento leyendo estas palabras. Sigue luego adelante con tu vida con un propósito.
¡Actúa ya de manera próspera! Eso es, actúa como si tuvieras ya toda la prosperidad que mereces. La
persona que actúa de manera próspera es muy generosa. Sé así, ahora mismo. Si no eres generoso cuando ello es difícil no lo serás cuando sea fácil. Debes estar dispuesto a dar a los demás, aun cuando tus arcas no estén llenas, porque éste es tu propósito. Tu propósito es independiente de las arcas. Es algo espiritual. Actúa
de manera espiritual. Da al menos el diez por ciento de lo que te encuentres en la vida a aquellos que te
proporcionan sustento espiritual.
A mí, este principio me ha ayudado siempre a crear prosperidad. Siempre he sido de los que dan, incluso cuando era niño. Nunca me costaba dar lo que tuviera en el bolsillo, aunque fuera sólo unas monedas. Me encantaba pagar cosas a los demás y ayudar a mis amistades preferidas a que hubiera mayor abundancia en sus vidas. He dado mucho más del diez por ciento a aquellos a quienes decidí ayudar, y ello siempre ha revertido a mí multiplicado por diez. Parece formar parte de esa ley invisible de lo divino.

Vivir como si se fuera ya próspero es ser una persona generosa. Dar sin expectativas es vivir de acuerdo primero con el yo espiritual y en segundo lugar con el yo físico. Así es como se es divino al máximo, y es el secreto para manifestar tus propios milagros en este terreno de la prosperidad. Jalil Gibran escribió al respecto estas inspiradoras palabras. Estúdialas atentamente: reflejan la conciencia de pros peridad de la que he hablado en este capítulo:

Y están aquellos que tienen poco y lo dan todo. Son los que creen en la vida y en la generosidad de la vida, y sus arcas Jamás están vacías.
Están aquellos que dan gozosamente, y ese gozo es su recompensa.
Y están aquellos que dan con pesar, y ese pesar es su bautismo.
Y están aquellos que dan y no conocen el pesar en el dar, ni buscan el gozo, ni dan atentos a la virtud; dan como en el lejano valle el mirto respira su fragancia al aire, y a través de las manos de éstos habla Dios, y desde el fondo de sus ojos El sonríe al mundo.

Cuando Dios hable a través de tus manos y sonría a través de ti al mundo, porque tú das incondicionalmente
y eres un ser con un propósito que no pide nada de nadie, tu recompensa será la prosperidad.
Cuando hayas dominado el arte de dar a los de más, practica el arte igualmente importante de darte a
ti mismo. Toma una parte de todo cuanto llegue a ti en forma de dinero e inviértelo en ti mismo. Coloca este dinero en un plan de ahorro que tú controles. Considéralo como tu fondo milagroso y muéstrate estrictamente firme en cuanto a tu contribución a esta cuenta personal, que crecerá con rapidez.
Yo vengo haciendo esto desde que soy adulto. He apartado un determinado porcentaje de lo que llega hasta
mí y lo he colocado en mi fondo milagroso económico. Es para mí algo automático, y nunca dejo de tener en cuenta este principio. De resultas de ello pude independizarme económicamente a una edad muy temprana.
Te sorprenderá ver con qué rapidez ese fondo crece y te reporta ingresos, una parte determinada de los cuales vuelve directamente a tu fondo milagroso. Haciendo esto ya desde la niñez, se puede ser económicamente independiente a los treinta años. Se trata simplemente de una inversión real en tu propia prosperidad. Es una gran política que puedes enseñar a tus hijos, los llevará hacia su propia prosperidad económica.
Libérate de tu posible polaridad en relación con el dinero. Quizás hayas considerado el dinero como una
bendición de Dios o como el archienemigo de la espiritualidad. El dinero se ha utilizado a menudo como campo
de batalla para cuestiones espirituales y para cuestiones materiales. Es, pues, posible que si has acumulado dinero hayas llegado a creer que ello está de algún modo en conflicto con tu espiritualidad. No olvi des que si tu propósito supone la provisión de cosas que requieren dinero para otros y para ti, y si eres fiel sin compromisos
a tu propósito, el dinero aparecerá en tu vida y te ayudará en tu heroica misión. Del mismo modo, si crees que
no mereces el dinero y que éste simboliza todo cuanto no es espiritual bloquearás e impedirás su llegada a tu vida.
Cuando estás comprometido con tus poderes personales más elevados, una gran medida de auténtico poder universal empieza a discurrir a través de ti. Esto puede en efecto verse simbolizado por la llegada de dinero a
tu vida, y en tal caso tendrás que resolver cualquier ambivalencia que puedas albergar en relación con este dinero.
Así pues, la denuncia del dinero es una trampa. Velo en cambio como aquello que se manifiesta en tu vida
para ayudarte en tu propósito. A continuación, mantente fiel a tu propósito y utiliza ese dinero -así como cualquier otra abundancia en bienes materiales que empiece a aparecer en tu vida en cantidades cada vez mayores - para materializar tu compromiso con tu propósito. Se puede ser espiritual, y tener cosas bonitas. Se puede ser espiritual y tener el dinero que llega a nuestras vidas. Pero no se es un ser espiritual si la llegada de este dinero lleva a acumularlo o a utilizarlo para demostrarnos a nosotros mismos y demostrar a los demás que, de algún modo, somos superiores. El auténtico poder procede del interior, pero vivimos en un cuerpo fí - sico y también en un mundo material. Permite a este mundo físico estar en armonía con tu mundo interior y habrás resuelto tu ambivalencia en relación con el dinero.
Yo considero el dinero que entra en mi vida como la energía a la que puedo recurrir para mantenerme fiel a
mi propósito. Es una bendición y lo utilizo en este contexto, y, de resultas de ello, sigue fluyendo hasta mí en cantidades suficientes como para satisfacer este compromiso mío de ser un ser espiritual con una experiencia humana de prosperidad y ayudar a los demás a hacer lo mismo.
Date cuenta de que nunca tendrás bastante de lo que no deseas. Si el dinero es lo único que ambicionas
y deseas con la finalidad de tener poder sobre los demás, nunca tendrás el suficiente. Tu meta está en el reino
de lo invisible, en ese lugar donde tiene lugar toda tu vida. El dinero y otros símbolos de prosperidad llegan a tu vida para ayudarte en ese camino. Si pasas por alto este mensaje verás cómo llegan grandes cantidades de dinero a tu vida pero conocerás también su desaparición. He aquí un ejemplo perfecto de esta mentalidad de la que debes desprenderte, expresada en palabras de Yogananda:

Una vez vi una viñeta en la que aparecía un perro enganchado a una carreta, pequeña pero muy bien cargada. El dueño del perro había encontrado un método ingenioso para hacer que el perro tirara por él de la carreta. Un palo bastante largo, atado a la carreta, se extendía por encima de la cabeza del perro. Del extremo
del palo se balanceaba, tentadora, una salchicha. El perro, al esforzarse en vano por alcanzar la salchicha, apenas era consciente de la pesada carreta que arrastraba tras él.
¡Cuántos hombres y mujeres de negocios son así! Piensan siempre: «Si gano sólo un poquito más de dinero, hallaré al fin la felicidad». Y, de algún modo, su «salchicha de la felicidad» no hace más que retroceder y alejarse de sus manos. Y, sin embargo, ¡fijaos qué carretada de problemas y preocupaciones arras tran tras ellos mientras luchan por alcanzarla!

Evita la trampa que representa creer que la prosperidad va a llegar a tu vida gracias al esfuerzo de los demás. Tú eres el que crea tu propia vida de prosperidad. Nadie debe cambiar para que tú conozcas tu propia prosperidad. Se trata de un juego interior, y debes renunciar a esperar nada de los demás. Aun cuando consiguieras hacer que los demás te aportaran los símbolos de la prosperidad, ésta desaparecería rápidamente y te verías encallado, con esa infernal salchicha delante de ti, siempre aquejado de la enfermedad que se llama más. Y entonces buscarías un nuevo grupo de «otros», siempre luchando y mirando hacia el exterior. Hazte responsable de tus sentimientos acerca de la prosperidad y elimina cualquier tipo de sufrimiento que puedas experimentar en este contexto.
Por último, medita acerca de tu prosperidad. Fórmate en tu pantalla interior imágenes que te reflejen a ti
en tanto que individuo próspero. No permitas que esas imágenes se desvanezcan, sean cuales fueren las circunstancias que hayas creado en tu vida. Tus meditaciones te proporcionaran un guión interior que seguir. Utiliza esta útil práctica para hacer realidad lo que realmente deseas experimentar en el mundo físico.
Yo sé que la prosperidad es algo que puede alcanzar cualquiera. Si yo puedo conocerla, y teniendo en
cuenta mis magros comienzos, ¿como puedo imaginar que otra persona no va a poder verla realizada? Si miro atrás a aquellos primeros tiempos me doy cuenta de que, incluso entonces, yo encarnaba una conciencia de prosperidad. Porque la prosperidad se lleva dentro.
He visto crecer e ir a más a mis hijos. Todos ellos estuvieron en otro tiempo en cuerpecitos de bebé. Todos y
cada uno de ellos lloraron pidiendo un juguete o cualquier otro objeto que atrajera su atención inmediata. Algo tan simple como un sonajero que los fascinaba, o un juguete que estaba en manos de otro niño. Lloraban hasta
que se les daba el juguete, entonces lo arrojaban lejos y lloraban pidiendo otra cosa.

Dejamos atrás esos cuerpecitos, pero muchos de nosotros seguimos teniendo ese pensamiento infantil. Queremos otra cosa que nos satisfaga, pero no sabemos cómo satisfacernos. Seguimos persiguiendo más y más sin cesar, yendo detrás de la prosperidad como si ésta estuviera en los objetos externos a nosotros. Para conocer el secreto de la prosperidad sepas que jamás podrás encontrarla. O, parafraseando a Eykis, no existe
el camino que lleva a la prosperidad, la prosperidad es el camino.

 

 
 
 
 
 

 

     
         
         
       
       
       

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